El pueblo de Granada con casas blancas y alma nazarí donde el Mediterráneo y Sierra Nevada casi se tocan


El pueblo de Granada, con casas blancas y alma nazarí, donde el Mediterráneo y Sierra Nevada casi se tocan


Panorámica del pueblo de Salobreña en Granada© Shutterstock
22 de mayo de 2026 a las 6:30 CEST

Un peñón rocoso que fue isla antes de ser tierra firme corona su altura con un castillo que fue palacio antes de prisión y cuya historiografía va desde un sultán que salvó su vida jugando al ajedrez hasta un rey que dio nombre a una montaña. A sus pies, una medina árabe da cobijo a los habitantes de la localidad, aun siglos después de que sus antiguos vecinos fueran expulsados. Todo ello sobre una cosa donde la nieve de la sierra más alta de España y las olas del Mediterráneo se miran de frente, separadas apenas por una vega donde maduran frutas que dan buena cuenta de cómo un pedazo de trópico caprichoso se ubicó aquí.

Calles del casco antiguo de Salobreña, en Granada© Shutterstock

Salobreña, el pueblo blanco de Granada entre el Mediterráneo y Sierra Nevada

Cuando el viajero baja desde Granada por la A-44 y el paisaje comienza a abrirse hacia la costa, aparece la silueta de Salobreña, que no siempre fue así. Durante el Neolítico, en lugar de la fértil vega existía una gran bahía que el río Guadalfeo fue haciendo desaparecer. El peñón, que entonces era una isla, se unió a tierra firme, y sobre ese promontorio rocoso se fue construyendo todo lo que el pueblo es hoy, con tres mundos apilados en una sola mirada: el mar, Sierra Nevada, y entre ambos, los cultivos.

Calles del casco antiguo de Salobreña, en Granada© Shutterstock

El castillo árabe de Salobreña, la gran fortaleza nazarí sobre el mar

A 73 metros sobre el nivel del mar y a 500 metros de este, Salobreña se anuncia desde lejos con su fortaleza. Hundiendo sus raíces en el siglo X, su aspecto actual es el resultado de siglos de intervenciones y dominios. El recinto interior lo marcan cuatro torres y los otros dos recintos, estrictamente defensivos, se construyeron en el siglo XV. Uno de los elementos más singulares de la arquitectura nazarí del conjunto es la Torre Vieja, de planta cuadrada y 16 metros de altura, que sirvió de salón principal del palacio.

Castillo narazí de Salobreña, en Granada© Shutterstock

La historia de la alcazaba nazarí

Cuando la autoridad de la dinastía nazarí aún era respetada, el castillo contaba con tres puertas monumentales que simbolizaban el poder del sultán. Cada una miraba hacia una zona donde se ejercía la soberanía: la medina, el mar y los campos. Además, el nivel de refinamiento era tal que el interior del pasadizo de acceso a la alcazaba estuvo pintado al trampantojo con una imitación de ladrillos, evitando la imperfección de los mismos.

Fue precisamente su posición aislada entre mar y montaña, lejos de Granada, lo que convirtió el castillo en prisión preferida de la corte nazarí. Emires y sultanes destronados y otros miembros de la realeza acabaron presos en ella, siendo el caso de Yusuf III el más dramático. Enviado al lugar con sus mujeres e hijos, pasó años escribiendo poesía, paseando por los jardines y jugando al ajedrez con el alcaide. En una de esas partidas, llegó la orden de ejecutar a Yusuf y su familia. 

Este pidió al menos acabar la partida, y en el transcurso de esta, llegaron nuevos mensajeros con la noticia de la muerte del rey Muhammad y la coronación de su hermano Yusuf III. También destaca la historia de Muley Hacén, penúltimo sultán de Granada y padre de Boabdil. Según la leyenda, el sultán murió mirando hacia las cumbres de Sierra Nevada y, en su agonía, pidió ser enterrado en las montañas junto al pico más alto, lejos de los males del hombre, dando así nombre al pico más alto de la península.

Panorámica del pueblo de Salobreña coronada por un castillo nazarí en Granada© Shutterstock

El baño nazarí y los restos palaciegos recuperados

Con la toma de Salobreña por parte de los Reyes Católicos en 1489, la alcazaba perdió su carácter de residencia y prisión real y se iniciaron grandes reformas para la adaptación de la fortaleza a las nuevas exigencias militares surgidas por el uso de la artillería. A finales del siglo XVIII, la línea de costa estaba ya tan separada del promontorio que el castillo perdió eficacia defensiva y se inició así su abandono hasta 1959, cuando el ayuntamiento lo adquirió para rehabilitarlo. 

En aquellos últimos años de dejadez, parte de la fortaleza sirvió durante décadas como cementerio municipal. En las intervenciones recientes se ha recuperado la construcción de los períodos más notables, siendo uno de sus aspectos más destacados el hallazgo y la revalorización de un baño nazarí en la zona palatina. Los restos, con sus pavimentos conservados y el sistema de calefacción inspirado en los romanos, permiten hacerse una idea del confort del que disfrutaban los sultanes que lo usaban como residencia o como prisión.

En los años en los que el castillo permaneció 'apagado' fue escenario de uno de los libros más influyentes escritos jamás sobre la Granada nazarí: Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving (1832). Entre las leyendas que se cuentan en la publicación se encuentra la de las tres hermosas princesas recluidas en la fortaleza de Salobreña por su padre Muhammad IX el Zurdo para protegerlas del mundo. 

Fue desde ese balcón sobre el Mediterráneo donde las tres jóvenes princesas, mientras miraban al mar, cayeron rendidas ante la aparición de tres caballeros cristianos que navegaban presos en un barco de soldados. La historia termina en la Alhambra de Granada, con la fuga de dos de las hermanas y el encierro definitivo de la tercera, incapaz de dar el salto. En la base del llamado Camino del Moro, apéndice del recinto amurallado de la ciudad medieval de Salobreña, se localiza el escenario elegido por Washington Irving donde transcurre parte de la trama.

Pasear por la antigua medina de Salobreña

El Paseo de las Flores y las calles encaladas

A los pies del castillo que guarda innumerables historias se despliega el Paseo de las Flores, rodeado de jardines y con vistas inigualables al mar, y un casco histórico que conserva el trazado de la antigua medina andalusí con una integridad poco común en el litoral andaluz. Callejuelas, estrechos pasillos y laberintos, casas encaladas que brillan bajo el sol andaluz, plazoletas y fuentes, además de rincones salpicados de flores y miradores que sorprenden tras una curva, ofrecen un conjunto de postal. 

Calles del casco antiguo de Salobreña, en Granada© Shutterstock

La Bóveda, el túnel medieval más singular del casco histórico

La Bóveda es uno de los elementos más singulares del conjunto: un pasaje medieval abovedado que conecta el barrio del Albaycín con la antigua medina, atravesando el espesor de la muralla como un túnel del tiempo. La iglesia de Nuestra Señora del Rosario, de estilo mudéjar y construida en el siglo XVI sobre los restos de una mezquita anterior, es la pieza más representativa de la transición religiosa que siguió a la conquista cristiana. La Torre del Cambrón, edificada por los nazaríes y luego reformada por los castellanos, es otro de los vestigios del pasado.

Murallas, torres defensivas y miradores 

Las murallas nazaríes también perviven en fragmentos dispersos por el casco antiguo. Algunos tramos han servido como plataforma de cimentación de las viviendas posteriores, y en otros puntos sostienen la bóveda de la explanada de la iglesia. El mirador de Enrique Morente es otro de los imprescindibles. Situado a casi 100 metros, hace honor a uno de los cantaores de flamenco granadinos más grandes y permite tener una panorámica del Mediterráneo, el barrio de La Caleta, las playas, los acantilados y la Sierra del Chaparral. Hacia el otro lado, el mirador del Postigo ofrece vistas sobre la ladera y el valle, viendo las terrazas de frutales cayendo hacia la vega.

Panorámica de Salobreña y sus playas desde el mirador del Castillo, Granada© Shutterstock

Qué ver y hacer en la Costa Tropical alrededor de Salobreña

La Ruta de la Chirimoya y los cultivos tropicales

Pero la vega no solo se mira, se puede disfrutar en la Ruta de la Chirimoya, un itinerario sencillo que atraviesa los cultivos y permite visitar explotaciones agrícolas y ecológicas donde prolifera el mango, el aguacate, la chirimoya, la guayaba y otras especies subtropicales. La Finca Ecológica Matagallares ofrece visitas con cata de frutas, incluyendo degustaciones. También las bodegas de Ron El Monedero son visitables y ofrecen no solo su ron de caña artesanal y su miel de caña, sino que también son historia viva de la tradición del cultivo de la caña de azúcar en la vega. 

Testigo de ese pasado es también la Azucarera del Guadalfeo, una fábrica construida en 1861 y catalogada como bien de interés etnográfico. Las instalaciones de la Antigua Fábrica Nuestra Señora del Rosario son uno de los testimonios más visibles de la industria azucarera que marcó la economía de toda la comarca durante siglos, así como la Casa Roja, casa señorial que formó parte de la desaparecida azucarera de San Francisco, un elemento patrimonial que merece atención en el recorrido por la parte baja del municipio.

Playa de Salobreña, Granada© Shutterstock

Las mejores playas y calas de Salobreña

Dejando a un lado los cultivos, La Caleta ofrece rincones de relax en sus orillas. La playa de la Charca, con su paseo marítimo y su amplitud, es una de las más familiares, mientras que la playa de la Guardia, más tranquila y con bandera azul, ofrece un entorno enmarcado por el peñón. Los acantilados, espacio protegido de gran valor ecológico, son el escenario ideal para la práctica del kayak o el snorkel, que permiten ver fondos de posidonia y una fauna submarina donde los pulpos, morenas y gran variedad de peces de roca campan a sus anchas.