Irene Jiménez Duque, experta en educación digital: "No basta con advertir a tus hijos; los padres tienen que moverse por las mismas plataformas que ellos para saber qué pasa ahí"


¿Has oído hablar del 'happy slapping'? ¿Sabes qué significan algunos emoticonos de uso común entre los adolescentes? ¿Conocías que tu hijo puede ver contenido de Only Fans sin registrarse? De todo ello se habla en el libro 'Ignorantes Digitales'.


Irene Jiménez Duque, experta en educación digital© Irene Jiménez Duque
21 de mayo de 2026 a las 18:09 CEST

En demasiadas ocasiones se ha atribuido a los jóvenes de hoy el apelativo de 'nativos digitales', algo que no es completamente cierto, puesto que a muchos les falta el conocimiento de cómo protegerse y no ponerse en riesgo. Si hablamos de generaciones anteriores, el problema se complica. 

Irene Jiménez Duque es experta en educación digital y directora del podcast 'Ignorantes Digitales'. Ha publicado un libro con el mismo título (a la venta en Amazon), donde expone con todo detalle cómo adultos y menores estamos mucho más atrapados por el algoritmo de lo que imaginamos. Además, en él revela información muy valiosa (y desconocida) sobre entornos online que a los padres pueden parecerles directamente propios de una película de terror o de ciencia ficción, pero que están ahí. Hemos charlado con ella.

Los patrones adictivos de los algoritmos son cada vez mayores y más sutiles

Irene Jiménez Duque, experta en educación digital

En tu libro hablas de que no basta con cruzar los dedos para que, ante los cambios tecnológicos, todo salga bien. Y que “mirar hacia otro lado no protege a nadie”. ¿Tienes la sensación de que algunos padres directamente renuncian a formarse con la excusa de que han llegado tarde?

No son todos los padres, pero hay algunos que sí, que al final hacen lo justo y necesario; es decir, me informo de cuatro cosas y ya. Pero hay una parte muy importante, y es que si tu hijo, o tu nieto, o tu sobrino, o tu alumno, está en cierto tipo de redes sociales, o sabes que juega a tales videojuegos, tú tienes que estar, tú deberías saber cómo funciona Instagram, cómo funciona TikTok... saber el mundo en el que se mueve. No basta solamente con saber que tu hijo está en esa plataforma y que funciona de esta manera, sino navegar tú en ella, o en ese videojuego, o en esa red social.

Y esto creo que es una cosa que falta. Más allá de que la teoría se la pueda saber un poco todo el mundo, o que ciertas cosas las lleven a la práctica, cuanto mejor se conocen las cosas y mejor se puede enseñar es probándolas tú.

Libro Ignorantes Digitales© Irene Jiménez Luque

Muchos padres se centran en los riesgos del móvil, olvidando otras herramientas, como las plataformas de vídeos a demanda, o los videojuegos, donde se fomentan sistemas de recompensa similares a las máquinas tragaperras, e incluso páginas de moda rápida también las implementan para generar atención continua por parte del jugador o el comprador. ¿Hay menos conciencia del peligro?

Tanto páginas de venta de ropa, como otro tipo de videojuegos y también las redes sociales tienen esos sistemas para que estés el mayor tiempo posible ya no solamente en esa red social, sino en esa plataforma. Al final es un diseño de continuidad. Está siendo ya todo muy transversal, es decir, ya puedes encontrar juegos incluso similares a las apuestas en redes sociales, en una tienda de ropa online, en un videojuego puedes encontrar un chat...  ya todo es todo. 

A esto se suma además que al final esos patrones adictivos que tienen cada vez son mayores y son muchas veces más sutiles. Incluso chat GPT que lo usan los niños tiene también un diseño de continuidad en el que siempre chat GPT  acaba con una pregunta, para que tú le sigas escribiendo y esa conversación no termine nunca.

Los chatbots como Siri y Alexa tienen también esa función como de servidumbre y de necesitarte estar preguntando continuamente qué necesitas. Incluso cuando tú ya quieres acabar la conversación, siempre te dicen: 'si necesitas algo, estoy aquí', '¿seguro que no quieres nada?'. Y eso al final también hace que todo sea más adictivo. 

Grupo de niños mirando pantallas © Adobe Stock

En el libro señalas que la clave es estar atento a lo que los hijos están haciendo,  partiendo de un conocimiento previo, pero sin ser intrusivo. ¿Cuándo se pasa el límite de la intrusión?

Depende de la edad. Todos sabemos que a día de hoy hasta los 13 años no se puede tener una red social, aunque es verdad que los padres les dan los móviles o las tablets a sus hijos mucho antes, y eso creo que también tiene que estar un poco limitado. Pero si tu hijo tiene 13-14 años o menos, puedes instalar un control parental para establecer una serie de normas, y unas restricciones de en qué plataformas o en qué páginas puede meterse, en cuáles no. A medida que se va haciendo mayor eso lo puedes ir liberando, pero al final tiene que ir siempre acompañado de la educación.

Es intrusivo cuando un padre o una madre empiezan a meterse en las conversaciones de un menor sin venir a cuento, cuando invades su intimidad para ver lo que habla con sus amigos. Pero si tu hijo te ha transmitido una preocupación o piensas que tiene un problema, soy partidaria de hablar con él y pedirle permiso para analizar algunas cosas. Es como cuando de pequeño lo llevas al parque; al principio estás todo el rato viéndole, echándole la vista encima, luego cada vez vas dejando que vaya más solo, luego le dejas que vaya por la calle solo, pero no estás continuamente acompañándole detrás de la mano hasta que tiene 20 años. Pues así es el proceso.

Niña usando TikTok en una tablet© Adobe Stock

En el libro hablas del sharenting. Pero para las familias que no quieren exponer a sus hijos en redes sociales está el escollo de algunos centros educativos que sí que los exponen. ¿Crees que esto se acabará regulando o directamente prohibiendo?

Creo que sí, porque aunque ahora mismo en los centros escolares tienes que firmar una autorización para permitir si quieres que tu hijo salga o no en las fotos, el dato no es solamente la cara de ese niño o de esa niña. Al final, si alguien reconoce algún detalle, como el peinado, puede acabar sabiendo a qué colegio van tus hijos.

Tampoco interesa qué hacen o qué han comido ese día. Es demasiada información, sobre todo para gente que no tiene por qué saberla. Y luego también sucede que los niños cuyos padres no dejan que salgan en las redes sociales son excluidos de la foto. Esto es un problema para el propio niño que en ese momento no tiene por qué entenderlo aunque se lo expliquen. Ahora que se está hablando mucho de esto, creo que a la larga no sé si se prohibirá, pero se pondrán más restricciones.

Media Image© Getty Images

Los más jóvenes no solo suben experiencias a las redes, sino que son un vehículo de comunicación, un mundo propio en el cual ellos están integrados y comparten estados emocionales, problemas personales, pero no son tan conscientes de que con ello implican sin querer a personas cercanas, y de que los coloca en un estado muy vulnerable...

Sí, por un lado es positivo porque si tienen un problema, de alguna manera les ayuda un poco a desahogarse, o a encontrar una comunidad que más o menos les entienda, pero hasta un límite, sobre todo cuando son menores. Cuando exponen situaciones personales o familiares, quizá la familia no quiere que se sepa eso, o es algo muy privado que afecta a terceras personas. Y también da poder a Internet: puede haber gente que en vez de apoyarte se meta contigo, e incluso adultos que aprovechan para hablar contigo a partir de esa situación y se genere un riesgo de grooming.

Es importante enseñarles qué datos son privados, que no solo hablamos del DNI, del número de teléfono o de tu cuenta bancaria, sino también de algo que se desarrolla en tu casa o que afecta a terceras personas. Deben saber identificar lo que sí pueden compartir y lo que no.

Adolescente deprimida© Getty Images

Hay modas como el happy slapping (agresión física grabada y compartida) que muchos padres ni imaginan o prácticas para humillar al otro e incluso llevarlo al límite e incitarlo al suicidio. ¿Cómo hemos llegado a este punto?

En redes sociales hay mucha normalización de la violencia y del odio. Lamentablemente ya estamos acostumbrados a que cuando subimos algo vamos a recibir hate [odio]. Hay vídeos de peleas, de guerras... si los consumes desde más pequeño vas normalizándolo; sabes que es algo problemático, pero como es a través de la pantalla... 

Por otro lado, también está el trabajo de los padres o de los entornos. Muchas veces hay falta de supervisión porque en las redes sociales hay como otro ecosistema entero, grupos que aunque no se conozcan entre sí, se retroalimentan entre ellos en situaciones como esas de animar a alguien a que se suicide. No es generalizado, pero están ahí.

Adolescente con móvil en la mano sentado en casa© Adobe Stock

Es muy interesante la parte del libro en la que tú descubres los códigos en clave, los emoticonos que utilizan para comunicarse sobre pedofilia, trastornos de alimentación, abuso sexual... ¿Cómo pueden los padres detectar que su hijo está en esos ambientes?

Si puedes tener acceso a sus redes sociales con consentimiento y, de repente, no te deja ver ciertas cosas o te dice que no le mires el móvil, deberías tener una conversación con tu hijo para intentar saber qué puede estar pasando. Además, yo recomiendo a los padres que usen las redes sociales y que trasteen y que lean y que estudien, porque ahí también está muchas veces la información.

Si ves que de repente tu hijo o tu hija ha puesto en un chat una palabra que te ha sonado rara o unas siglas que no conoces, puedes buscar en Google, que cada vez ofrece más información de esto, qué significan. Pero es verdad que es complicado porque estos códigos van cambiando. 

Adolescente con el móvil© Getty Images

Los menores pueden llegar, sin buscarla, a la pornografía por muchas vías, y los pedófilos también pueden acceder a ellos de distintas maneras...

Muchas veces a este tipo de sitios un poco más truculentos se acaba entrando por una página normal, a través de un comentario... Por eso es importante tener bloqueados ciertos términos en redes sociales o las páginas más elementales. 

Hay muchas formas de que un pedófilo llegue a un niño, como a través de los videojuegos. También, por ejemplo, en las apps de citas para mayores de edad te piden tu fecha de nacimiento y en caso de que te pidan el DNI el menor puede conseguir fácilmente el de un adulto. Y, por otro lado, hay aplicaciones de citas o para conocer amigos para menores de edad, en los que también se puede colar un adulto.

Por ejemplo, en Only Fans puedes consumir cierto contenido de entrada. Luego si quieres algo más, tienes que dar una tarjeta, pero nadie te pide el DNI. Y luego hay fenómenos como ser un Sugar Baby en OnlyFans. Por ejemplo, te dicen en principio que solo tienes que hacerte fotos de los pies, pero puede acabar en otro lado. Es un problema sobre todo cuando los influencers lo publicitan como si fuera el mejor trabajo del mundo.

Padre habla con su hijo adolescente© Getty Images

Los adolescentes no consumen medios informativos tradicionales, y la información les llega por redes, donde el algoritmo está alimentando constantemente sus planteamientos de partida. ¿Crees que esto puede estar detrás de la tendencia que se ha documentado ya de que los adolescentes de hoy son más radicales que los de generaciones anteriores?

Sí, creo que esto tiene un componente súper importante. No solamente es que determinado partido político tenga un perfil en esa red social, sino que puedes comprar cuentas o comprar bots y dedicarte a publicitar desinformación, vídeos falsos, trozos de discursos... y muchas veces empiezan con un meme o con algo gracioso. Después el algoritmo te retroalimenta todo eso y al final entras en una burbuja de información en el que estás bombardeado por algo radical, ya sea racismo, machismo, homofobia...