Al igual que los bomberos no actúan sobre el humo, sino sobre el foco del fuego, así propone el psicólogo, escritor y divulgador Rafa Guerrero intervenir sobre las adicciones tecnológicas en menores (y adultos), que no son más que la punta del iceberg, según cuenta en su último libro Adictos a las pantallas (Ed. Cúpula). Hemos charlado con él para explorar un fenómeno que preocupa social y familiarmente, pero ante el que todavía no se han encontrado protecciones eficaces, y donde España es el país europeo con mayor adicción tecnológica.
Muchas adicciones tienen que ver con tapar dolores, con seguir manteniendo secretos, con no conectar con el abuso que sufriste cuando eras pequeño
Dices en tu libro que tener una adicción hoy es la norma; lo contrario es la excepción, y que las carencias emocionales de la infancia están detrás. Se habla de que las preocupantes cifras de salud mental infanto-juveniles actuales. ¿Somos los padres actuales más incompetentes que los de épocas anteriores, viendo esta realidad del abuso de pantallas y de la salud mental?
Es una pregunta muy compleja. En primer lugar, hablamos de una tarea o una función, que es la función de madre, de padre, de cuidadores, en general, que es la más compleja que tenemos delante de nosotros. Nuestros niños no son ni lavavajillas ni hornos, que tienen tres botones y que se reinician; ellos cambian y nosotros cambiamos. Si hacemos una comparativa de cómo era la familia de nuestros padres y nuestros abuelos, habitualmente nos encontrábamos con que la mamá era la que se encargaba de la parte educativa, es decir, nos encontrábamos con una mamá presente. ¿Quiere decir que lo de antes era mejor que lo de ahora? No, era diferente y lo de antes tenía unas carencias y tenía unas repercusiones y ahora tenemos otras.
Pero sí que es cierto y no solamente lo sabemos por estudios científicos, sino por lo que vemos en consulta, que ahora nos encontramos con niños y adolescentes que están solos porque mamá y papá están trabajando; solos porque sustituimos el mundo real y presencial por un mundo virtual; solos porque cada vez tienen más amigos virtuales o más seguidores en las redes y cada vez tienen menos amigos con los que quedar para jugar, con los que quedar para tomar un café o con los que quedar para llorar en el hombro de alguien... Los móviles, igual que las pantallas, nos han aportado una serie de comodidades, una serie de lujos, una serie de ocio, que antes no existía y ahora sí que existe, pero nos han apartado del mundo real.
Y podemos utilizar las pantallas y los videojuegos como ocio, pero también se pueden convertir en un lugar donde esconderme, en un lugar donde evitar mi conflicto o en un lugar donde evitar mi ansiedad, mi vacío, mi duelo. La situación que tenemos es bastante delicada y las cifras ponen los pelos de punta. Pero sí que es importante tanto en menores como en adultos que tengamos la idea de que la persona con adicción no decide ser adicto. La adicción es un mecanismo de afrontamiento, es decir, la persona con adicción, de una manera muy inconsciente, muy automática, y por cuestiones de supervivencia, se engancha a la heroína, se engancha al porno, se engancha al sexo patológico, se engancha a la comida, se engancha a TikTok, a Instagram o a Pornhub... Es un mecanismo de afrontamiento.
¿Qué pueden hacer entonces las familias para proteger a sus hijos?
Yo no soy muy de tips, ni de orientaciones o de decirle a la gente qué hay que hacer. Soy más de que comprendan de dónde viene toda esta problemática, esta adicción, esta ansiedad o lo que sea. Pero, hay que ir a la raíz del problema, decir qué es lo que te lleva a consumir y, en segundo lugar, darle estrategias para que en vez de consumir, haga cosas que sean más sanas.
No descubro nada si digo que es fundamental el contacto con la naturaleza, es algo que lleva estudiado mucho tiempo, o cómo nos hace sentir el descanso, estar bien alimentados y dejar de lado los ultraprocesados, alejarnos de una vida estresada, de una vida hiperactivada, tener actividad física... Son cosas que todos conocemos.
Al margen del estilo educativo y de crianza, ¿influyen algunos factores de la personalidad y el temperamento en la vulnerabilidad ante el efecto de las pantallas?
El ser humano es de por sí vulnerable desde el momento del nacimiento. Somos una especie muy vulnerable. Lo que nos rodea (estímulos, personas, padres, tíos, maestros) todo nos va a influir para bien o para mal. Y esto nos pasa a todos. Pero es posible que haya determinados aspectos de predisposición que tienen que ver con genes, que tienen que ver con temperamento, que hagan que unos niños tengan más probabilidad de caer en una adicción y que otros niños con otras características tengan menos.
Hay determinadas variables que podemos controlar más bien poco. ¿Por qué este niño tiene una adicción y su hermana no tiene una adicción? Hay factores que están influyendo, que tienen que ver con este temperamento, con la parte genética... y que se ven desde la cuna. Hay bebés más irascibles y otros más tranquilos. Unos que duermen o comen mejor y otros peor. Para mí, la mayoría de los factores son ambientales, pero no podemos negar que existen unos factores que están ahí y que son más bien genéticos de temperamento y que tenemos poco margen de maniobra con todo eso. Y eso hace que la probabilidad de adicción sea mayor o sea menor.
Es decir, en un niño, una adolescente o un adulto que sea más movido, que sea más inquieto, que sea más hiperactivo, la probabilidad de que caiga en una adicción es mucho mayor, porque está buscando fuera la calma que no puede darse a sí mismo internamente. Está buscando recursos externos. Al final, muchas adicciones tienen que ver con tapar dolores, con seguir manteniendo secretos, con no conectar con el abuso que sufriste cuando eras pequeño.
Cuando hay un problema de este tipo, como una adicción tecnológica, ¿deberían los padres revisar cuáles han podido ser sus errores?
En consulta, muchos padres te traen al niño diciendo, "aquí te lo dejo, no puedo más con él, por más que le digo que no, se salta las normas, por más que le castigo, no funciona". Es como si fuéramos técnicos de un taller mecánico, donde yo te arreglo al niño, te lo soluciono, reseteo el cerebro del niño y te lo entrego, me pagas la factura y listo. Y esto es un error. Yo, personalmente, en mi trabajo, cuando trabajo con menores, con niños y con adolescentes, no continúo con ningún caso donde mamá y papá entiendan que el problema lo tiene el niño y que ellos no tienen nada que hacer.
No acepto que los padres no estén dispuestos a venir a consulta, porque esto es como una mesa que tiene cuatro patas con la que solamente te dejan trabajar con una pata. Yo no digo que lo que hagas con una pata no va a afectar a la mesa en su totalidad y al resto de las patas, porque sí, cuando tocas una pata, tocas la mesa entera. Pero si tocamos las cuatro patas, vamos a funcionar mucho mejor.
Los padres no son culpables, pero los padres son responsables. El niño no tiene un problema: en el niño recae el problema. Parece un juego de palabras, pero es así. El niño tiene una dependencia, tiene una adicción, muestra ansiedad, está muy triste, no tiene habilidades sociales, tiene TDAH, lo que quieras... Pero mamá y papá son siempre parte de este problema y son una parte fundamental de la solución.
Nuestro cerebro es prácticamente igual al de nuestros ancestros que se dedicaban a la caza y a la recolecta, comentas en el libro, y por eso no está preparado para tanta estimulación visual y auditiva. ¿Veremos en unas décadas las consecuencias de este 'hackeo cerebral' como lo han denominado algunos expertos?
Las estamos viendo ya. Es lo horroroso y es la noticia negativa de todo esto. Tengo 45 años y yo hace 10 años no veía tantos casos de adicción, y los casos de adicción que veíamos en consulta tenían que ver con adicción al alcohol, adicción a los porros, adicción a máquinas tragaperras, ludopatía, eran los inicios de apostar por Internet...
Ya estamos viendo las consecuencias que esto tiene. Pero estamos viendo consecuencias terribles no solamente para niños y para adolescentes, que son los más vulnerables, estamos viendo consecuencias también para nosotros.
Defiendes que nuestros hijos no son nativos digitales, que somos nativos vinculares....
Me contaban que los carritos de bebés ya llevan un brazo artículado para poner el móvil, es terrorífico. Nosotros somos nativos vinculares, no nativos digitales. Nuestros niños pequeños se manejan bien con la tecnología porque son esponjas y súper intuitivos. Se dice que el niño está súper concentrado cuando le dejo el móvil. No, no está concentrado, le han secuestrado la atención, que es diferente. Ahora tú dile a ese niño o a ese adolescente que deje el móvil y se concentre en el examen de Física que tiene el lunes... A ver qué pasa.
Dices que consultamos el móvil cada 6-7 minutos y, sumando el tiempo empleado, los adolescentes pasan 4 meses al año delante de la pantalla, ¿cómo estar presentes en el mundo con ese nivel de atención tan fragmentada donde, además, los adolescentes necesitan documentar con imágenes todas sus vivencias?
La atención fragmentada, el miedo a la soledad, el miedo a no hacer nada, a no ser productivo.... No soportamos estar en silencio mental, no soportamos estar desconectados, nos genera mucha ansiedad.
Es muy difícil salir de ahí y creo que una de las cosas que tenemos que hacer es legislar. Llevamos unos cuantos años hablando de educación, de poner normas y límites y algunas familias lo han conseguido, pero estamos luchando contra Silicon Valley y ahí tienen a los mejores ingenieros que hacen un trabajo brutal, donde no les importa nada nuestra salud mental; lo que les importa es generar dinero y cuanto más tiempo estemos ahí, mejor. Pero qué casualidad que sus hijos nunca van a colegios donde usan la tecnología.
Lo pongo en el libro, ¿cuáles son los momentos donde con mayor probabilidad accedemos a redes sociales de manera autómatica? Cuando estás aburrido, cuando estás triste, cuando estás estresado: es tu estrés el que se pone al mando de tu vida. Por eso es muy fácil caer y el primero que cae soy yo y por eso trato de poner remedio y a veces lo consigo y otras veces no, porque estamos luchando contra un gigante.
El objetivo que nos planteamos con una persona que tiene adicción al alcohol o que tiene adicción a la cocaína es consumo cero. Pero cuando hablamos de dispositivos tecnológicos es muy difícil porque para hacer una operación bancaria o para coger un avión se necesita un teléfono inteligente.
Entonces hay que poner normas en casa, hay que enseñarles a gestionarlo y luego hay que legislar. Hace unas cuantas décadas ya sabíamos que el alcohol y el tabaco no eran buenos y hay que proteger a los menores y lo hemos legislado. Esto no quita que tú veas a un adolescente de 12 años fumando y a otro de 13 bebiendo, pero está legislado. Lo que este adolescente está haciendo es ilegal. Es muy complejo y tiene que ser una legislación muy fuerte, con unas normas que vayan mucho más allá porque hay una casuística muy grande de problemas asociados.










