Hace unos años, se llegó a demonizar que las niñas jugaran con muñecas tipo Barbie o que vieran, a edades muy pequeñas, películas Disney con princesas como protagonistas. El motivo es que se pensaba que las llevaba a interiorizar ideales de belleza y estereotipos que podrían perjudicar el desarrollo de su personalidad y que podría afectar, incluso, a su autoestima. Sin embargo, en las niñas más pequeñas de la Generación Alfa y las que han nacido en la que se ha bautizado ya como la Generación Beta, hay un nuevo cambio de paradigma. ¿Qué ha sucedido para que ahora se vean como un ejemplo de juego saludable, en el caso de las muñecas, y de contenido audiovisual adecuado, en el de las princesas? Se lo hemos preguntado a Ana Jiménez Perianes, doctora en Psicología y profesora y directora del Máster de Formación Permanente en Psicología de la Salud Infanto-Juvenil en la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, quien nos habla de lo que implica, de verdad, el juego con esta mítica muñeca y de lo que representa el mundo de las princesas Disney en el imaginario infantil.
¿Qué tipo de juego predomina en las niñas de hoy en día?
No existe un único tipo de juego que predomine entre las niñas. Actualmente encontramos una gran diversidad de intereses que incluyen el juego simbólico, los deportes, los videojuegos, la construcción, las actividades creativas o los juegos al aire libre. Las preferencias dependen más de la forma de ser y de su entorno.
¿Cómo influyen los roles de género en el juego actualmente?
Los roles de género siguen influyendo, aunque ya no son tan evidentes como hace una década, pero sí es cierto que continúan presentes en la publicidad, en la oferta de juguetes, en los referentes culturales y, en ocasiones, en las expectativas de los adultos. Esto puede favorecer que algunas niñas se orienten hacia juegos relacionales o de cuidado, mientras que muchos niños se sienten más atraídos por juegos de acción o competición.
Sin embargo, cada vez existe una mayor conciencia sobre la importancia de que los niños y niñas puedan explorar distintos tipos de juego sin asociarlos a un género determinado, y esto está potenciando la diversidad de intereses.
Estos personajes no determinan por sí solos la identidad ni el desarrollo psicológico, pero sí pueden influir en la construcción de expectativas, aspiraciones y modelos de comportamiento.
¿Ha cambiado el juego mixto, entre niños y niñas, respecto al de hace algunos años?
Sí, el juego mixto es hoy más frecuente y está más normalizado que en generaciones anteriores. Niños y niñas comparten cada vez más espacios, actividades e intereses, tanto dentro como fuera del colegio. Aunque todavía pueden observarse ciertas preferencias o dinámicas diferenciadas, cada vez hay menos fronteras entre los juegos tradicionalmente considerados “de niños” o “de niñas”.
¿Qué revela la forma de jugar de las niñas de hoy en día?
Revela cómo construyen su identidad, sus habilidades emocionales y sociales, y su forma de entender el mundo. A través del juego expresan preocupaciones, modelos de relación y aspiraciones. La forma de jugar refleja una gran diversidad de intereses, capacidades y formas de relacionarse con el entorno. Más que hablar de "cómo juegan las niñas", conviene reconocer que cada menor desarrolla sus propias preferencias y utiliza el juego para manifestar lo que le gusta, qué le divierte, qué le motiva…es una forma de explorar quién es.
Hasta hace unos poquitos años, parecía que, en cierto modo, se demonizaban juguetes como Barbie por representar una imagen idealizada que podía confundir a las niñas y afectar a su autoestima. Ahora, sin embargo, se vuelve a poner en valor su función en el juego simbólico e, incluso, su representación del empoderamiento femenino. ¿Qué ha ocurrido para que dos visiones tan antagónicas se sucedan casi en el tiempo?
Lo que ha cambiado es tanto el propio juguete como la mirada social sobre él. Durante años, Barbie fue objeto de críticas por representar un ideal físico poco realista. Sin embargo, en los últimos años la marca ha incorporado una mayor diversidad de cuerpos, profesiones y referentes, ampliando las posibilidades de identificación.
Además, a través de las muñecas, no sólo se limitan a reproducir mensajes, sino que reinterpretan personajes y diálogos a través del juego simbólico y los adaptan a sus propias historias. Un ejemplo fue la Barbie que presentaba Diabetes Tipo 1, porque visibilizar desde el juego es algo muy importante y ayuda a normalizar y romper barreras.
Con las princesas Disney parece haber más polarización: unos padres rehúsan de ponerle este tipo de películas a sus hijas, mientras que otras familias lo ven como algo natural en las niñas (no tanto en los niños). ¿A qué se debe estas diferencias? ¿Cuáles son los argumentos de unos y de otros?
Estas diferencias responden a distintas formas de entender la educación y la igualdad de género. Algunas familias consideran que ciertos relatos clásicos pueden transmitir estereotipos relacionados con la belleza, la pasividad o los roles tradicionales. Otras, destacan aspectos positivos como la imaginación, la amistad, la perseverancia, la gestión emocional o la evolución que han experimentado muchos personajes en las producciones más recientes. En muchos casos, la opción intermedia es la más común: permitir estos contenidos, verlos juntos y hablar sobre lo que transmiten.
Algunas familias consideran que ciertos relatos clásicos pueden transmitir estereotipos relacionados con la belleza, la pasividad o los roles tradicionales.
¿Cuál es el poder real de estos personajes en el imaginario colectivo de las niñas y en su psique?
Estos personajes tienen un papel relevante como referentes simbólicos. No determinan por sí solos la identidad ni el desarrollo psicológico, pero sí pueden influir en la construcción de expectativas, aspiraciones y modelos de comportamiento. Funcionan como relatos a través de los cuales las niñas exploran valores, emociones y lo que quieren llegar a ser. Eso sí, su influencia siempre interactúa con otros factores fundamentales, como la familia, la escuela, el entorno social y sus referentes en su vida.
¿Puede afectar a su autoestima el jugar con muñecas que representan unos cánones de belleza muy estandarizados?
Puede influir, sobre todo si esos modelos son los únicos que se presentan como deseables. La exposición repetida a ciertos ideales de belleza puede afectar a cómo las niñas se perciben a sí mismas. Por eso es importante ofrecer referentes diversos y fomentar una mirada crítica desde edades tempranas.
En el renacer de las muñecas, ¿tiene que ver con la presencia de las pantallas? Es decir, ¿puede que los padres y las madres apuesten de nuevo por ellas para evitar que sus hijas abusen del tiempo en pantallas?
Probablemente sea uno de los factores que haya hecho que se busque potenciar el uso de muñecos. Muchas familias buscan equilibrar el tiempo de pantalla con actividades que favorezcan la creatividad, la imaginación y el juego autónomo. Las muñecas permiten construir historias, desarrollar el juego simbólico, la creatividad y la desconexión digital. También ese "renovado interés" puede relacionarse con los diferentes modelos disponibles y con la importancia que el juego libre desempeña en el desarrollo infantil.
¿Qué características, más allá del juego, tienen en común las niñas de hoy en día?
Más que identificar características comunes asociadas exclusivamente a las niñas, es importante reconocer la diversidad que existe dentro de cualquier grupo infantil. Muchas crecen en contextos más abiertos a la igualdad, con acceso a una mayor variedad de referentes y oportunidades para desarrollar sus intereses. Sin embargo, cada niña sigue siendo única, y sus experiencias están determinadas por factores familiares, culturales, sociales y personales.






