Educación

Tamara Chubarovsky, pedagoga Waldorf: "Un niño al que le cuesta leer y escribir necesita que le contemos más cuentos, que le hablemos más y más bonito"


La reconocida experta aclara qué hacer y qué no hacer para que nuestros hijos aprendan a leer sin frustración


Tamara Chubarovsky, pedagoga Waldorf especialista en lenguaje y desarrollo infantil© Tamara Chubarovsky
15 de julio de 2026 a las 13:04 CEST

Parece que si un niño aprende muy pequeño a leer es sinónimo inequívoco de éxito futuro, de que que brillará académicamente. Sin embargo, enseñarles antes de tiempo, cuando su cerebro aún no está preparado para ello, es contraproducente, tal y como nos explica Tamara Chubarovsky, pedagoga Waldorf especialista en lenguaje y desarrollo infantil, que acaba de publicar su último libro: Jugar, leer, crecer (Ed. Bruguera), centrado precisamente en cómo sentar las bases de la lectoescritura de manera adecuada.

Y esas bases, en contra de lo que muchos creen, no tienen  que ver con las letras, sino con habilidades mucho más básicas que en ocasiones pasan desapercibidas y que, como señala la reconocida pedagoga Waldorf, suelen estar muy relacionadas con dificultades a la hora de leer y escribir en años posteriores, cuando el niño o la niña sí debería estar capacitado para ello. Hemos hablado con ella sobre esta cuestión y nos aclara cuáles son esas habilidades y cómo ayudar a los niños a aprender a leer y a escribir.

Siempre existe un pequeño número de niños que a los 4 años ya podrían estar listos para aprender, pero es la minoría.

Tamara Chubarovsky, pedagoga Waldorf especialista en lenguaje y desarrollo infantil

Muchas familias y muchos centros escolares procuran que los niños aprendan a leer y a escribir lo más pronto posible. ¿Qué opinas de esta visión?

Opino que no por mucho madrugar amanece más temprano… Es una tendencia terrible. La lectoescritura no tiene "ventana crítica", siempre tenemos posibilidad de aprender a leer. En cambio, las habilidades sobre las que se asienta la lectoescritura sí tienen su ventana crítica en la primera infancia. Enseñar letras cuando ni hablan bien, es empezar la casa por el tejado. Es poco eficaz y frustrante. Se pierde tiempo en algo que más tarde se logra en pocos meses y menos esfuerzo. Y entonces se pierde la oportunidad de centrarse en lo importante: que los niños conecten con su cuerpo, con el entorno afectivo y con la naturaleza.

Les diría que más que preocuparse por la lectura, se ocupen de que sus hijos adquieran las habilidades de lectura. Que les permitan ser plenamente niños y plenamente felices, corriendo, saltando, riendo y embarrándose.

Que les cuenten muchos cuentos, para que amen las historias y los libros. Que les hablen y canten para que amen las palabras y la comunicación, que antes que escrita, debe ser oral, humana y cercana.

¿Puede afectar de algún modo a los niños que aprendan o intente aprender a leer antes de lo que les corresponde por desarrollo madurativo?

Cuando comenzamos demasiado pronto, aún no están disponibles para todos los niños las condiciones para que aprender a leer sea un proceso rápido y agradable. Por supuesto siempre existe un pequeño número de niños que a los 4 años ya podrían estar listos para aprender, pero es la minoría. También para éstos sería más recomendable que disfruten plenamente de su infancia. Y para la mayoría trae consecuencias.

Para la mayoría leer y escribir es un martirio. Al no estar preparados, todo les resulta demasiado difícil y agotador, relacionando desde temprana edad que aprender es algo tedioso. Para muchos, la frustración por no sentirse capaces de llevar a cabo lo que se les exige hace que tiren la toalla y se rindan, crean que no valen, afectando su bienestar emocional y su comportamiento.

Otros, se esfuerzan por dar la talla, pero los altos niveles de estrés que genera en el cerebro la presión escolar, debilita aún más la activación de las funciones ejecutivas básicas para el aprendizaje (memoria, atención, autocontrol…) e incluso debilita el sistema inmune.

Incluso, no podemos fiarnos de los que aparentemente "van bien". Al no estar listas las "autopistas neuronales", aprenden a ir por rutas "secundarias", lentas y poco eficaces. Esto no siempre se nota en la etapa de educación infantil, pero a medida que las tareas se complejizan en años superiores, se empieza a notar una descompensación entre el empeño que le ponen al estudio y los resultados.

Forzar a que hagan cosas para las que su cerebro, cuerpo y emociones no están preparados, conlleva consecuencias a nivel emocional, intelectual e incluso debilita el sistema inmune.

Jugar, leer, crecer, de Tamara Chubarovsky© Bruguera

En tu libro hablas de los verdaderos cimientos de la lectura. ¿Cuáles son?

Para poder relacionar un símbolo abstracto con un sonido, es necesario un cúmulo de habilidades motrices, sensoriales y del habla, que a su vez facilitan habilidades cognitivas como son la atención y la representación mental.

Por un lado, hace falta un ojo capaz de enfocar, moverse, orientarse en el espacio y retener imágenes (memoria visual).  Algo que depende de la motricidad de todo el cuerpo y aspectos como la integración de reflejos, la lateralidad, la madurez del sentido vestibular (equilibrio) y la conciencia corporal.

Por otro lado, para poder distinguir los distintos sonidos (conciencia fonológica), tienen que haber desarrollado antes un buen lenguaje, claro y bien articulado. Si confunden sonidos al hablar, también los confundirán al leer o escribir.

Resumiendo, hablar bien y moverse con destreza prepararan los cimientos de la lectoescritura

 La lectoescritura no tiene "ventana crítica", siempre tenemos posibilidad de aprender a leer.

Tamara Chubarovsky, pedagoga Waldorf especialista en lenguaje y desarrollo infantil

Lo que necesitan:
· Habilidades motrices. Reflejos primitivos integrados, lateralidad, dominancia definida, esquema corporal y orientación espacial, coordinación ojo-mano, motricidad de la mano, motricidad del ojo. Equilibrio, sentido vestibular maduro.

· Habilidades lingüísticas. Lenguaje claro, bien articulado. Vocabulario. Conciencia fonológica. Comunicación verbal y no verbal.

· Habilidades cognitivas. Concentración, atención focalizada, memoria, discriminación visual, representación mental (visualización interna).

· Emociones positivas. Autoestima, autoconfianza, seguridad, motivación, interés. 

¿Cómo logramos que lo consigan?

Jugando al aire libre, en la naturaleza, explorando, trepando, saltando, columpiándose, montando en bici, etc. También jugar dentro, jugar con otros niños, jugar con nosotros. Jugar con muñecos, con animales, con disfraces, con telas, con cojines… Tocar agua, barro, arena, piedras, palos, piel… Cantar, reír, hablar. 

¿Qué relación hay entre todo esto y los problemas que presentan muchos niños con la comprensión lectora?

No es posible comprender lo que se lee hasta que la mecánica de la decodificación letra-sonido no está completamente integrada. Muchos niños tienen dificultades en esta área porque su ojo está muy rígido o les cuesta enfocar, confunden las letras con sonidos similares porque es pobre la conciencia fonológica, invierten letras similares como b/p/g/d porque está inmadura la lateralización y orientación espacial, etc. ¡No todo es dislexia!

Fallan aspectos primarios de la lectura y esto les impide pasar al siguiente nivel: entender lo que leen. Que a su vez depende de la capacidad de representación mental y memoria. Algo que hoy día se ve muy afectado por el exceso de pantallas a edades tempranas. El abuso de imágenes externas inhibe la capacidad de crear las propias.

Y es que para poder hilar conceptos y ideas es necesario poder imaginar lo que se lee e ir reteniéndolo. Y que las palabras nos evoquen experiencias reales, algo que solo es posible en la interacción con la vida, no con la pantalla. 

Niñas leyendo en la piscina© Getty Images/Tetra images RF

¿De qué manera podemos ayudar a los niños a mejorar su capacidad de comprensión lectora?

Por un lado, volviendo a las bases, garantizando que estén los cimientos que garantizan la automatización de la decodificación, como mencionamos antes, y reduciendo las pantallas.

Por otro lado, acompañándolos más. En cuanto saben leer, pretendemos que lean solos. Deberíamos seguir leyéndoles y contándoles cuentos, para que afiancen la comprensión de lo que escuchan al margen del esfuerzo de la decodificación (lectura). Leerles historias, primero acompañadas de imágenes y a partir de los 6 años, sin soporte visual, les ayuda a aumentar el vocabulario, la memoria y la representación mental.

También recomiendo que empiecen leyendo textos que ya conocen, incluso que saben de memoria, como cuentos y rimas. Más adelante, podemos apoyarlos explicándoles el texto con nuestras palabras.

Comprender es la puerta para transformarse en lectores.  Si no son capaces de imaginar lo que leen, ¿qué sentido van a encontrar en la lectura?

Los altos niveles de estrés que genera en el cerebro la presión escolar, debilita aún más la activación de las funciones ejecutivas básicas.

Tamara Chubarovsky, pedagoga Waldorf especialista en lenguaje y desarrollo infantil

¿Por qué cada vez más niños presentan dificultades de atención y de lenguaje?

El estilo de vida actual, con más pantallas, menos movimiento y menos interacción humana directa, ha hecho un verdadero destrozo de estas habilidades. No es posible aprender a hablar a través de un dispositivo. Son horas perdidas que además roban la capacidad de atención. Sólo pueden desarrollar su habla a través de adultos que les hablen, poniéndoles toda tu atención, cantándoles, y contándoles cuentos. Algo cada vez más ausente.

El movimiento es otro gran pilar tanto para el desarrollo del habla, que es motricidad fina que depende de la motricidad general del cuerpo, como para la capacidad de atención, que también depende en gran parte del control corporal. Por tanto, en esta era de sedentarismo y pantalla, no es extraño el aumento de dificultades del lenguaje y la atención.

¿Cómo enseñar a leer y a escribir a los niños? ¿Hay algún método más eficaz y, al mismo tiempo, respetuoso con el desarrollo madurativo de los niños?

Para ser verdaderamente respetuosos, deberíamos primero preparar los cimientos de la lectoescritura en la etapa de educación infantil, a través de la narración de cuentos, canciones, mucho juego, movimiento libre y naturaleza. Y, a través de las Rimas con Movimiento, que por su combinación de movimiento y sonido, garantizan que todos los niños avancen en su desarrollo madurativo y conquisten todo lo que necesitan para el éxito en la lectoescritura.

Y luego, desde el propio enfoque de la Pedagogía Waldorf, existe una forma maravillosa de enseñar las letras, permitiendo que los niños creen un vínculo afectivo con cada una. Es un método lleno de movimiento, multisensorial, que combinado con los cuentos y Rimas con Movimiento que creé para cada letra, ofrece un proceso alegre, bello y adaptable para las distintas edades. Aunque lo ideal sería empezar a enseñar las letras como tal, a partir de los 6 años.

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¿Cómo saber si un niño tiene una dificultad real o si simplemente no es su momento madurativo para aprender a leer y a escribir?

Si son menores de seis años, diría siempre que el problema no es del niño, sino del sistema, que le exige aprender a leer y escribir cuando aún no está maduro para ello.

Y en niños de primaria, la dificultad, en el 90% de los casos, es que tiene una dificultad real porque no dispone de los cimientos. Durante décadas atendí a niños de primaria y secundaria con dificultades "reales", derivadas de una inmadurez en patrones sensoriales, motrices y del habla, que a su vez habían producido dificultades en diversas áreas. Y que lograban superar esas dificultades volviendo a las bases (lateralidad, motricidad gruesa, motricidad fina, equilibrio, integración de reflejos, reeducación del ojo, lenguaje….etc.)

Niña leyendo contenta en la piscina© Getty Images

¿Cómo ayudar a los niños a los que les cueste más aprender a leer que a otros de su edad?

En vez de presionarles en lo que no son capaces, facilitándoles los recursos para que lo difícil se vuelva fácil. Si les cuesta leer, lo peor que podemos hacer es ponerlos a leer más. Si les cuesta escribir, en vez de que tengan que practicar y escribir más que sus compañeros, deberían escribir menos.

Quitar presión es la primera medida. Saber que no por insistir más, va ir mejor. Todo lo contrario.

Un niño al que le cuesta leer y escribir, necesita:

·Que le contemos más cuentos, que le hablemos más y más bonito, que hagamos juntos rimas y cantemos. Que en vez de tareas, fichas o pantalla, vaya todos los días al parque, que corra, que salte, que se columpie. De este modo avanza en los aspectos corporales, sensoriales y del habla.

· Diría a las maestras que no manden de tarea fichas, sino jugar y moverse, preferentemente al aire libre.

·Diría a las mamás, que si su hijo tiene déficit de atención, hiperactividad, mal comportamiento o dificultades en la lectoescritura, que apague los aparatitos y vaya todas las tardes al parque. Y por la noche, le cante y cuente un cuento. Y santo remedio.

Cuánto más pequeños son, más efectivas son estas medidas. Si son mayores de 8 o 9 años, muchas veces, además de esto, es necesario el acompañamiento de un especialista de integración sensorial y madurez neurofisiológica. Pero es muchísimo lo que se puede hacer desde casa, simplemente cambiando las rutinas diarias