Los padres millennial están mucho más enfocados en estimular a sus hijos desde pequeños, casi desde que nacen, para potenciar sus habilidades cognitivas (algo que no preocupaba tanto a generaciones anteriores, que delegaban esos aspectos en el colegio). Desde que, hace unos años, volvieron a ponerse en boga las llamadas pedagogías alternativas o activas, especialmente Montessori (pero también Waldorf y Pikler), muchos padres convertían la habitación de sus hijos en casi un centro educativo con rincones de aprendizaje. Ahora, que se habla mucho más de los juegos de mesa, éstos están presentes prácticamente en todas las casas para fomentar las funciones ejecutivas de niños y adolescentes, al tiempo que practican ciertos aspectos teóricos vistos en clase que tratan algunos de esos juegos. ¿Qué hemos de tener en cuenta de todas estas tendencias educativas? ¿Son realmente eficaces o simplemente se trata de modas que incitan al consumo en el hogar? Ana Jiménez Perianes, doctora en Psicología y profesora y directora del Máster de Formación Permanente en Psicología de la Salud Infanto-Juvenil en la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, nos da toda la información al respecto.
En los últimos años, hemos visto el resurgimiento de ciertas pedagogías (como Montessori) y el nacimiento de otras nuevas (como la gamificación o el ABJ). Muchas de ellas, tras llegar al conocimiento del público en general, se han convertido casi en una especie de obsesión: si hace unos pocos años, las familias llenaban las habitaciones de sus hijos de materiales Montessori, ahora es rara la casa en la que no hay varios juegos de mesa, en uno y otro caso, buscando incentivar el desarrollo cognitivo de sus hijos. ¿Son modas o de verdad aportan?
Muchas de estas pedagogías no son realmente nuevas, sino que parten de principios sólidos del desarrollo infantil y de la psicología educativa. El problema surge cuando, al popularizarse, se simplifican o no se aplican de manera correcta. Montessori, Waldorf, la gamificación o el Aprendizaje Basado en Juegos pueden aportar beneficios reales si se usan con sentido y adaptadas al niño y a sus diferencias individuales. Son metodologías que no a todos los menores les sirven. Estas formas de enseñar pueden perder su valor educativo si no se aplican de manera correcta. Lo que realmente aporta valor no es el nombre, sino cómo se aplica: respeto por el ritmo del niño, aprendizaje activo y el sentido del juego.
En educación no se trata de seguir modas o metodologías concretas, sino de ofrecer a los niños experiencias de aprendizaje diferentes.
¿Es necesario que las familias tengan en su casa y trabajen con materiales Montessori o de cualquier otra pedagogía, como Waldorf o Pilker?
No es necesario. El desarrollo infantil no depende de tener materiales "oficiales", sino de las experiencias que el niño vive y, en concreto, ninguno de estos métodos depende de objetos concretos, sino de la forma de interactuar con ellos el niño y de entender cómo lo realiza. Muchos aprendizajes clave se trabajan con objetos cotidianos (pinzas, recipientes, agua, objetos de casa, entre otros) porque se pretenden establecer acciones como ordenar, jugar, conversar o resolver pequeños problemas diarios. Los materiales específicos pueden ser útiles, pero no son imprescindibles ni garantizan un mejor desarrollo por sí mismos. Lo más importante es la interacción, la supervisión y acompañamiento por parte de un adulto y respetar el ritmo madurativo de cada niño.
¿Cómo trabajar en casa con estas pedagogías para hacerlo de manera adecuada?
La clave para trabajar en casa desde diferentes enfoques pedagógicos actuales es no intentar reproducir la escuela en el entorno familiar. El hogar no debe convertirse en una extensión del colegio. Estar en casa debe asociarse con un espacio distinto, más flexible y emocionalmente seguro, donde pueda favorecer la autonomía de forma natural, permitiendo que los niños hagan cosas por sí mismos, participando en tareas cotidianas (cocinar juntos, jugar, conversar, compartir problemas del día a día) y que vayan realizando tareas de acuerdo a su edad.
Es importante observar al niño, conocer sus intereses reales y ajustar las propuestas a su momento evolutivo. Se puede potenciar distintas áreas del niño, pero sin llegar a la sobreestimulación o a una intervención excesiva del adulto. A veces, observar más que intervenir de manera forzada resulta más beneficioso para el desarrollo infantil.
En concreto, en casa no se trata tanto de enseñar como de compartir y acompañar en su desarrollo cognitivo y emocional: crear un entorno seguro, estimulante y emocionalmente estable en el que el niño pueda crecer, explorar y aprender de forma natural.
Lo ideal es que el juego acompañe al aprendizaje, no que lo sustituya ni lo convierta en una obligación disfrazada.
¿Recomendarías tener juegos de mesa en casa?
Sí, totalmente. Los juegos de mesa bien elegidos son una herramienta magnífica para trabajar y potenciar distintas áreas. En función del tipo de juego de mesa que utilicemos así trabajaremos diferentes aptitudes y actitudes:
· Funciones cognitivas (atención, memoria o planificación).
· Habilidades sociales (turnos, tolerancia a la frustración o cumplimiento de las normas).
· Aprendizaje emocional en un contexto lúdico.
Sin duda, los juegos de mesa refuerzan el vínculo familiar y es una manera de pasar tiempo además de trabajar distintas áreas. Eso sí, no todos los juegos valen para todas las edades, y no deben usarse como entrenamiento encubierto, sino como un espacio de disfrute compartido.
¿Qué deben saber los padres sobre la gamificación? ¿Se puede aplicar en casa?
La gamificación se puede entender de dos maneras; por un lado, utilizar el juego para aumentar la motivación en determinadas tareas y, por otro lado, el uso de premios o puntos para conseguir diferentes objetivos formativos. Se puede hacer un uso intermitente de este tipo de técnica pero también hay que ser prudente ya que tienen que aprender que no todo se enseña con actividades lúdicas y que el uso constante de recompensas externas puede debilitar la motivación, si no las hay. Lo ideal es que el juego acompañe al aprendizaje, no que lo sustituya ni lo convierta en una obligación disfrazada.
En la mayoría de centros escolares se trabaja ahora por proyectos y muchas familias trasladan a casa esa manera de enseñar. ¿Es útil hacerlo?
Puede ser útil, pero cuando tenemos en cuenta el interés del niño, hacemos uso de esta técnica de manera flexible y no se convierte en una obligación. Por ejemplo, si tenemos un niño que le interesa mucho el tema de los dinosaurios, desde casa podemos buscar con él algún tema concreto, leer sobre ellos, dibujar, ver películas o series… todo de manera natural.
Por otro lado, cada vez están peor vistas las fichas, de manera que, mientras unos padres se niegan en rotundo a que sus hijos hagan estos trabajos cuando son pequeños, otros trabajan mucho este material con sus hijos. ¿Qué hacer al respecto? ¿Cuál es la mejor opción?
El uso de fichas no es bueno ni malo por sí mismo. Tendrán sentido de acuerdo con el objetivo que queramos trabajar. Por ejemplo, en momentos puntuales pueden ser de ayuda para reforzar habilidades concretas, establecer una actividad estructurada o favorecer el aprendizaje de manera mecánica.
Pueden desvirtuar su uso cuando se utilizan de manera repetitiva, cuando no se adaptan al desarrollo del niño o cuando se quieren potenciar áreas con las que no se puede trabajar con el uso de fichas.
Por lo tanto, es recomendable no basar todo el aprendizaje en fichas y usarlas con sentido y sin presión.
El hogar no debe convertirse en una extensión del colegio.
Como conclusión, en educación no se trata de seguir modas o metodologías concretas, sino de ofrecer a los niños experiencias de aprendizaje diferentes, coherentes, acordes con su edad de desarrollo, ajustadas a sus necesidades reales y eficaces.






