Neurodesarrollo

Dra. Raquel Buenache, neuropediatra: "Leer en papel ayuda a los niños a concentrarse mejor, a retener la información y a una comprensión más profunda"


¿Libro tradicional o dispositivo electrónico de lectura? La ciencia tiene claras una serie de ventajas del primero sobre el segundo cuando hablamos de niños y adolescentes.


Dra. Raquel Buenache, neuropediatra© Raquel Buenache
16 de julio de 2026 a las 15:02 CEST

Aunque algunos programas educativos han optado por eliminar el libro en papel en favor de los dispositivos electrónicos, los resultados obtenidos no parecen apoyar los beneficios que se suponían. Por eso, en muchos centros se está volviendo a lo tradicional. Cuando hablamos de lectura, ¿qué es lo mejor para los primeros lectores? ¿En qué formato encuentran más ventajas para su neurodesarrollo?

Hemos hablado de ello con la Dra. Raquel Buenache Espartosa, neuropediatra del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP).

El objetivo no debería ser que los niños lean cada vez antes, sino que todos aprendan a leer bien, en el momento en que sus habilidades precursoras permitan que ese aprendizaje sea exitoso

Dra. Raquel Buenache, neuropediatra

¿Qué ventajas tiene para el neurodesarrollo la lectura en papel con respecto a la lectura digital?

El papel ofrece una ventaja indiscutible en el aprendizaje de niños y adolescentes. La evidencia científica indica que favorece una comprensión más profunda, una mejor atención sostenida y una mayor retención de la información en comparación con la lectura en pantallas, especialmente en textos complejos y durante la infancia.

El cerebro utiliza las mismas redes para leer en papel o en pantalla. La diferencia no está en el cerebro, sino en el contexto: la pantalla favorece más distracciones y una lectura más superficial, mientras que el papel facilita la atención y la consolidación de la información. Es decir, aunque el cerebro utiliza las mismas áreas para leer, la diferencia radica en cómo influye la pantalla en la concentración, la memoria de trabajo, la comprensión y el control ejecutivo, siendo en ese sentido mejor la lectura en formato papel. No es que el cerebro lea de forma distinta porque el soporte sea papel o pantalla, sino que el soporte modifica las condiciones cognitivas en las que ocurre la lectura.

Niño feliz leyendo un libro en la cama© Getty Images

Para aprender a leer, ¿son mejores los sistemas en papel que otro tipo de tecnologías?

Sí, efectivamente. En el inicio lector la evidencia científica indica que el papel ofrece una ventaja sobre las pantallas para la comprensión lectora. El formato en papel favorece la concentración y reduce las distracciones propias de algunos dispositivos digitales, además favorece la orientación espacial del texto en los primeros pasos lectores. En algunos casos, las herramientas para la lectura digital incorporan animaciones, juegos o elementos irrelevantes, que aumentan el estrés cognitivo y distraen, especialmente a los lectores principiantes, además de aumentar la fatiga visual y empobrecer su atención sostenida.

El desplazamiento, el hipertexto y la interactuación irrelevante suelen empeorar los resultados, mientras que las tabletas con formato de libro, los diseños sin desplazamiento, los diccionarios útiles o la formación estructurada pueden reducir o revertir la brecha.

Respecto a los niños más pequeños que están iniciando la lectura, además, el cuento en papel tiene un valor añadido: favorece la lectura compartida con los adultos, la conversación sobre el texto, las preguntas y compartir nuevas palabras e ilustraciones, y estas interacciones enriquecen el lenguaje, el vocabulario y la motivación por leer. La ciencia respalda que estos momentos de lectura en familia se asocian de forma consistente con un mejor desarrollo de las habilidades precursoras de la lectura y con la consolidación del hábito lector.

Padre leyendo un libro con su hija pequeña© Adobe Stock

Algunos países han rectificado sobre los contenidos académicos en formato digital y vuelven al papel. ¿Qué análisis podemos dar a esto desde la neuropediatría?

Esto ha generado un debate interesante. Desde la neuropediatría defendemos que en entornos educativos, cuando la finalidad de la lectura es el aprendizaje (memorizar y razonar contenidos académicos), el papel ofrece una pequeña, pero consistente ventaja sobre las pantallas para la comprensión lectora, especialmente cuando se trata de textos largos, informativos o leídos con tiempo limitado.

Esto se debe, en parte, a que el papel facilita la orientación espacial en el texto. En un libro físico construimos un "mapa mental" del texto. Por ejemplo, cuando evocamos algo solemos recordar: "estaba al principio del capítulo", o “estaba al final a la izquierda”, este tipo de memoria espacial ayuda a recuperar información posteriormente. La pantalla (especialmente cuando el texto es continuo y desplazable) ofrece menos referencias espaciales. El libro, además, reduce lo que llamamos los costes cognitivos de navegación y distracción, favorece el aprendizaje y proporciona pistas espaciales que facilitan la memoria y la relectura.

Esto no nos debe hacer caer en la “tecnofobia”; es importante que nuestros alumnos adquieran también competencias digitales y sepan utilizar herramientas informáticas, es decir mantener el estudio en papel sin detrimento de aprender habilidades tecnológicas de acuerdo a su edad.

Niños leyendo juntos en el parque© Getty Images

Hay mucha controversia sobre cuándo está preparado realmente el cerebro infantil para la lectura: para unos es a los 4-5 años y para otros a los 6. ¿Qué dice la ciencia?

La neurociencia no respalda que exista una edad única en la que todos los niños estén preparados para aprender a leer. Hoy sabemos que la preparación para la lectura es un proceso gradual que comienza desde los primeros años de vida. Entre los 3 y 5 años ya pueden identificarse habilidades precursoras que predicen el éxito lector, como un buen desarrollo del lenguaje oral, la conciencia fonológica (identificar y manipular los sonidos del habla), el conocimiento de las letras y la correspondencia entre letras y sonidos, un vocabulario rico, la denominación rápida y unas funciones ejecutivas básicas, como la atención y la memoria de trabajo.

La enseñanza formal suele ser más eficaz entre los 5 y 6 años, cuando las redes cerebrales de la lectura muestran una elevada plasticidad, pero existe una gran variabilidad individual. Por ello, el mejor predictor no es la edad cronológica, sino que el niño haya desarrollado estos prerrequisitos y reciba una enseñanza explícita y adaptada a su nivel de desarrollo.

Niña pequeña leyendo un libro con el mar al fondo© Adobe Stock

¿Qué ventajas tendría para un niño aprender a leer antes?

Aprender a leer antes no supone una ventaja en sí misma, si el niño aún no ha desarrollado los prerrequisitos necesarios. Lo que realmente predice el éxito lector no es la edad de inicio, sino la calidad de la enseñanza y el nivel de desarrollo del lenguaje, la conciencia fonológica, el conocimiento de las letras y la atención.

Cuando un niño está preparado, aprender a leer le permite acceder antes al conocimiento y aumenta su exposición al lenguaje escrito, lo que favorece el crecimiento del vocabulario, la comprensión lectora y el rendimiento académico, un fenómeno conocido como efecto Mateo ("quien lee bien antes, lee más; quien lee más, aprende más", creando una brecha en comparación con los peores lectores).

Sin embargo, intentar adelantar la enseñanza de la lectura sin esa preparación no ha demostrado beneficios duraderos y, en algunos casos, puede generar frustración y reducir la motivación por leer. Por tanto, el objetivo no debería ser que los niños lean cada vez antes, sino que todos aprendan a leer bien, en el momento en que sus habilidades precursoras permitan que ese aprendizaje sea exitoso.

Niño leyendo un libro en una ventana© Getty Images

Las dificultades en la adquisición de la lectura, ¿pueden predecir otras alteraciones en el neurodesarrollo?

Un trastorno del aprendizaje de la lectura (dislexia) puede aparecer en asociación con otros trastornos del neurodesarrollo, como un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), un trastorno del lenguaje o una discalculia, entre otros. Es muy recomendable realizar una evaluación psicopedagógica completa por este motivo a los niños y niñas que muestran alteraciones en su aprendizaje para poder valorar en conjunto su neurodesarrollo. La detección de otras anomalías es necesaria para tratarlas de forma correcta e implantar en el aula las adaptaciones metodológicas correspondientes. 

¿Qué es normal y qué no cuando el niño está empezando a leer?

Muchos padres se preocupan cuando, al empezar a leer y escribir, sus hijos invierten letras o números (como escribir “b” por “d” o algunos números al revés). En las primeras fases del aprendizaje esto es completamente normal y forma parte de la maduración del sistema de lectura. También es habitual que la lectura sea inicialmente silábica, lenta, con vacilaciones y con errores como sustituciones, omisiones o confusiones entre letras parecidas.

Estos errores suelen disminuir de forma progresiva con la enseñanza y la práctica. Por eso, la dislexia no suele diagnosticarse antes de los 7-8 años, cuando el niño ya ha tenido una enseñanza adecuada y debería haber automatizado la lectura. Si las dificultades persisten más allá de esa etapa, o son muy marcadas desde el inicio y afectan al progreso, especialmente si hay antecedentes familiares, es recomendable realizar una valoración especializada.

Niño pequeño con un cuento © Getty Images

Para primeros lectores (6-10 años), ¿es deseable elegir libros en papel o una vez adquirida esta competencia pueden leer en un libro electrónico?

En la etapa de Primaria preferimos en general el formato en papel, especialmente para contenido académico. Los sistemas en papel suelen ser mejores cuando el objetivo es la comprensión lectora profunda, especialmente en textos de estudio comparándolo con formatos de lectura digital que implican desplazamiento (“scrolling”), distracciones con notificaciones o cuando hay presión de tiempo.

Si la lectura es, por ejemplo, para preparar un examen, durante el tiempo de estudio la lectura en papel reduce la carga asociada al entorno digital (no hay notificaciones, no existen hipervínculos, disminuye la tentación de cambiar de tarea y facilita mantener la atención durante más tiempo). Desde la neurociencia, esto favorece el funcionamiento de las redes atencionales y del control ejecutivo (principalmente corteza prefrontal).

Esta ventaja de todos modos es pequeña en promedio y no se aplica a todos los estudiantes, dispositivos ni tareas de lectura. No es lo mismo una lectura narrativa por ocio que para memorizar, ni son todos los dispositivos digitales similares.

Adolescente leyendo un libro en una hamaca© Getty Images

¿En qué momento del desarrollo, el formato del libro (papel o digital) se vuelve irrelevante para el desarrollo del menor?

Cuando la lectura ya está automatizada, y cuando la corteza prefrontal responsable de la concentración ha madurado, el formato influye menos en tareas sencillas de lectura o de consulta, siendo en general similar. Con el desarrollo mejora la capacidad del lector para compensar las limitaciones de la lectura en pantalla en cuanto a las distracciones y atención sostenida. Sin embargo, cuando el objetivo de la lectura es comprender, estudiar o memorizar textos largos y complejos, el papel sigue mostrando una ventaja consistente, incluso en adolescentes y adultos. Los investigadores proponen varios mecanismos: mayor tendencia a leer superficialmente en pantalla, más distracciones, menor atención sostenida y peor percepción de la estructura del texto.

Por otro lado, para sesiones largas el papel sigue siendo el formato más cómodo para nuestros ojos, diversos estudios muestran que la lectura prolongada en pantallas puede producir mayor fatiga y sequedad ocular, especialmente en pantallas retroiluminadas, por lo que recomendamos en caso de formato digital utilizar dispositivos de tinta electrónica que reducen este problema.