Dejar que su hijo salga solo a la calle por primera vez a hacer un recado como puede ser comprar el pan genera a los padres, en no pocas ocasiones, multitud de dudas y (por qué no decirlo) de temores. ¿Está preparado? ¿Cómo actuará si se le acerca un desconocido? ¿Mirará bien a ambos lados de la carretera antes de cruzar? Precisamente la respuesta a esas y a algunas otras preguntas son las que indican si el niño está o no preparado para salir solo de casa por unos pocos minutos, tal y como nos indica Mar de Manuel, psicóloga de yees! (https://yees.es). La especialista explica en detalle cómo saber si un niño está listo o no para hacer, solito, sus primeros recados.
La mejor manera de prepararlos es darles un espacio para que ellos mismos puedan elegir cómo actuar.
¿A partir de qué edad pueden los padres dejar a sus hijos que hagan pequeños recados?
Más que establecer una edad concreta, lo importante es valorar si el niño o la niña tiene la madurez suficiente para asumir pequeños recados.
¿Cómo podemos saberlo? Una buena forma es preguntarle directamente: "¿Te apetece bajar a comprar el pan?". Si responde con seguridad y muestra disposición, probablemente esté preparado para intentarlo. ¡Adelante! Si duda, en ningún caso hay que forzar; es mejor esperar a que llegue el día en que su respuesta sea sí. Ese día, sin duda, nos mostrará que es su momento.
Además, si la iniciativa parte de él mismo y consideramos que puede realizarla sin dificultad, también es una buena señal de que está preparado.
¿Cómo deben ser esos recados?
Es importante comenzar con recados simples, cortos, seguros y conocidos, para ir aumentando poco a poco en complejidad. Por ejemplo, podemos empezar llevando una bolsa a casa de la abuela o bajando la basura, siempre que el entorno sea seguro. Más adelante, se puede continuar con recados como comprar el pan, lo que implica el añadido de la gestión del dinero.
Más allá de completar la tarea, se busca que los niños y las niñas desarrollen autonomía, confianza y responsabilidad de manera gradual.
¿Qué deben tener en cuenta los padres, más allá de la edad, para permitir que sus hijos de corta edad salgan solos a la calle, aunque sea por un breve espacio de tiempo?
Más allá de la edad, hay varios factores clave que los padres deberían valorar antes de permitir que un niño o niña pequeño salga solo, aunque sea por poco tiempo. Esos factores son las habilidades del niño, es decir, que sepa y comprenda las normas básicas como no hablar con desconocidos o no cruzar sin mirar. Que conozca bien el espacio por donde va a tener que moverse. Que sepa pedir ayuda y que el niño se sienta preparado para desarrollar la tarea.
¿Qué decirles, qué pautas darles, antes de que salgan a hacer el recado?
Es bueno que sepan que en cualquier momento de la vida pueden surgir imprevistos. Que aparezcan no es un problema, es lo normal. Lo importante es saber cómo afrontarlos.
Enseñarles a reaccionar ante imprevistos no tiene que ver con contarles todas las cosas negativas que les pueden pasar, sino con ayudarles a ser conscientes de que pueden surgir situaciones inesperadas y entrenarlos para saber cómo reaccionar.
La mejor manera de prepararlos es darles un espacio para que ellos mismos puedan elegir cómo actuar. Es decir, podemos preguntar: "¿Qué imprevistos crees que podrían surgir?" y, a partir de sus respuestas, ir modelando posibles soluciones. Por ejemplo: "¿Y si no recuerdas el piso de la abuela? ¿Qué podrías hacer?" A medida que proponen alternativas, se pueden validar o ajustar sus respuestas.
Enseñarles a pensar y a tomar decisiones por sí mismos es siempre el camino.
Es bueno que sepan que en cualquier momento de la vida pueden surgir imprevistos.
Dando por hecho que estos niños no tienen edad para un teléfono móvil, ¿es recomendable ponerles en la ropa o en una mochilita algún dispositivo de control de ubicación?
Es muy importante que los jóvenes tengan, al principio, la oportunidad de desenvolverse por la vida sin un dispositivo electrónico, ya sea un teléfono móvil o un reloj. Sin duda, son herramientas que más adelante aprenderán a utilizar ampliamente. Pero, en un primer momento, es beneficioso que puedan experimentar la vida sin depender de estos dispositivos. Más aún si tenemos en cuenta que aquí estamos hablando de salir a hacer pequeños recados adaptados a sus capacidades.
Si desde el principio les enseñamos a depender de un dispositivo, les estamos quitando la oportunidad de aprender a hacer frente a los imprevistos que, sin duda, surgirán y, además, es positivo que así sea. Tendrán la posibilidad de pensar qué hacer y tomar decisiones más o menos acertadas, pero propias. Y esto les dará seguridad y confianza. En definitiva, la vida consiste en ir haciendo frente a los numerosos imprevistos que van surgiendo.
De lo contrario, es probable que, sin darnos cuenta, fomentemos jóvenes dependientes que busquen continuamente la supervisión de un adulto. Confiemos en nuestros jóvenes: tienen la capacidad suficiente para desenvolverse de forma autónoma sin necesidad de dispositivos electrónicos; simplemente tenemos que permitirles tener espacios para experimentar y aprender.
Una vez que tienen la edad adecuada o las características adecuadas, ¿por qué es importante fomentar la autonomía y cómo se relaciona con dejarles salir solos?
Estamos hablando de permitir que los jóvenes se desarrollen como personas. Todos damos por sentado que un joven de 20 años va a quedar con amigos, hacer recados y tener la capacidad de ser autónomo. Y, efectivamente, es bueno que así sea, pero no llegamos ahí de la noche a la mañana ni por casualidad, sino a través de un proceso gradual que, poco a poco, familias y jóvenes van construyendo juntos.
Los niños, si los escuchamos, nos irán pidiendo hacer aquellas cosas que ven en los adultos y que también desean hacer: salir a comprar el pan, quedar con un amigo, decidir qué ropa ponerse…
Como padres, nuestro papel consiste en acompañarlos en estos momentos para que, progresivamente, vayan experimentando. Si hemos sabido crear un ambiente de confianza, es muy probable que nos cuenten cómo les ha ido, qué dudas han tenido o cómo se han sentido. A partir de ahí, podemos reflexionar con ellos y ayudarles a pensar en otras formas de reaccionar, si es necesario.
Es cierto que, cuando crecen, dejarán de contarnos muchas cosas, y ahí es cuando tendremos que confiar en todo lo sembrado anteriormente. Por eso, es importante aprovechar cada vez que comparten algo, no para corregir o juzgar, sino para reflexionar junto a ellos: "¿Y tú cómo te sentiste?", "¿Cómo crees que se sintió la otra persona?", "¿Estás a gusto con cómo actuaste?", "¿Crees que podrías haber reaccionado de otra forma?".
Como padres (entre los que me incluyo), es fácil caer en la sobreprotección sin darnos cuenta. No porque no queramos que crezcan, sino porque a veces nos dominan nuestros propios miedos: miedo a que les pase algo, a que no sepan reaccionar… Pero si les damos pequeños espacios, ellos nos demostrarán que pueden, y eso también nos ayudará a nosotros a afrontar esos miedos.
¿Puede tener consecuencias para el niño el hecho de que sus padres no les dejen salir solos a hacer recados cuando ya están preparados para ello?
Por supuesto que puede tener consecuencias importantes que, sin duda, dejarán huella en la persona. Si no permitimos que los jóvenes experimenten poco a poco lo que implica ser autónomos, lo que estaremos haciendo es poner trabas a su desarrollo y a su confianza.
No se trata de que automáticamente vayan a volverse temerosos o inseguros, pero sí de que puedan interiorizar ideas como "no puedo" o "el mundo es muy peligroso". Y esto, a largo plazo, puede traducirse en una mayor dependencia del adulto, dificultad para tomar decisiones o inseguridad ante nuevas situaciones.
Si nunca hago nada solo, si siempre dependo de otras personas para tomar decisiones, si no tengo espacios para plantearme de qué forma distinta podría haber actuado, ¿cómo voy a aprender?
Si nos expresan que están preparados, es momento de empezar a confiar en ellos y, de forma muy controlada, facilitarles espacios de autonomía.
¿Cómo pueden los adultos acompañar este proceso sin sobreproteger?
Afortunadamente, podemos hacer muchas cosas. Ser conscientes de nuestros miedos para intentar no proyectarlos en nuestros hijos ni dejarnos dominar por ellos.
Escuchar a nuestros jóvenes y confiar en lo que nos dicen. Si nos expresan que están preparados, es momento de empezar a confiar en ellos y, de forma muy controlada, facilitarles espacios de autonomía. Y si tenemos dudas, vamos a preguntárselo. Nadie mejor que ellos saben si están preparados o no.
Es importante potenciar en casa un espacio de escucha y diálogo respetuoso, en el que les permitamos expresarse y les ayudemos a pensar. Es decir, no se trata de decirles lo que tienen que hacer, sino de pensar con ellos cómo pueden actuar.
También es recomendable permitirles experimentar un mundo sin dispositivos electrónicos, que posteriormente iremos introduciendo de forma gradual y controlada.
¿Qué errores comunes cometen las familias al introducir la autonomía de este modo, permitiendo que sus hijos salgan a hacer recados?
Cambiemos la visión que tenemos sobre los errores, empezando por la propia pregunta. Los errores son oportunidades de aprendizaje maravillosas y valiosas. ¿Qué oportunidades de crecimiento tenemos? Todas las del mundo, afortunadamente.
Para mí, el mayor error es no permitir a nuestros jóvenes algo a lo que tienen derecho: equivocarse. Y, cuando esto ocurra, acompañémoslos para enseñarles a aprender de lo sucedido.






