Nieves Álvarez y Bill Saad tenían claro que querían dar un paso más en su relación y así lo anunciaron a ¡HOLA! el pasado mes de septiembre. Aunque el enlace estaba previsto para julio, la modelo y presentadora madrileña y el empresario libanés contrajeron matrimonio el pasado 12 de junio. Se casaron por el rito ortodoxo en la catedral griega de Saint-Étienne, situada en el distrito 16 de la capital gala y sede de la Iglesia ortodoxa griega de Francia; estuvieron acompañados por su círculo más cercano; y, como ya sabíamos, el diseñador francés Stéphane Rolland firmó el vestido de la novia. Pero si algo nos ha llamado la atención, más allá de su elegancia, es que los novios no se han quitado casi en ningún momento las gafas de sol, rompiendo el protocolo y, para qué engañarnos, proyectando una imagen de lo más cool.
Nieves Álvarez, una novia diferente y muy 'cool'
Si alguien esperaba ver a Nieves Álvarez vestida como una novia tradicional, en el sentido más estricto de la palabra —con vestido largo, cola y velo—, no ha sido así. La modelo se decantó por un vestido-abrigo de largo midi en gazar de lana color marfil. Se trataba de un diseño de la colección primavera-verano 2022 del creativo. Tenía una silueta larga y fluida, un cuello alto estructurado y una original capucha trasera que caía hasta la cintura, dejando parte de la espalda al descubierto. Igual de potentes que el vestido fueron los accesorios: una escultura de una piedra blanca que ayudaba a ceñir la cintura, unos guantes largos ligeramente más claros que la prenda principal y unas gafas de sol cat eye y de tamaño XL.
El protocolo más estricto marca que ni los novios ni los invitados deberían utilizar este complemento, aunque la boda sea de mañana. Se consideran un accesorio funcional destinado a proteger la vista durante un desplazamiento, pero no apto en los momentos de espera a las puertas de una iglesia (o de una ceremonia civil), durante la ceremonia o la celebración en sí. La razón no es únicamente estética. Las gafas de sol ocultan la mirada, algo que el protocolo entiende como esencial en un saludo y en la comunicación. Y se consideran un elemento ajeno a la indumentaria de ceremonia, igual que no se mantendría un paraguas o una prenda técnica durante el acto. Como en todo, siempre hay excepciones: si existiera una razón médica para su uso, estarían permitidas.
Qué dice el protocolo actual sobre llevar gafas de sol en una boda
Sin embargo, en los últimos años el protocolo se ha ido relajando. Y aunque conviene conocer las normas para decidir con criterio qué aplicar y qué no a cada ceremonia, lo cierto es que, hoy por hoy, son los novios quienes marcan estas directrices. Ellos tienen el poder de decidir el tipo de boda que van a celebrar y, por tanto, si tiene sentido o no que cierta etiqueta siga vigente.
"Hoy el protocolo permite mucha más libertad que hace unos años, pero sigue existiendo una norma que nunca pierde sentido: la mirada también comunica. Las gafas de sol pueden formar parte del estilismo de los novios cuando están en exteriores, durante un paseo o en un momento más distendido, como vemos en las imágenes de Nieves Álvarez y Bill Saad por las calles de París. De hecho, al llegar a la catedral entraron sin ellas, una decisión que me parece completamente acertada desde el punto de vista del protocolo, y volvieron a ponérselas al salir para continuar con las fotografías en el exterior", nos explica Gisela Príncipe, experta en protocolo y wedding planner con más de quince años de experiencia en Operación boda.
Esta decisión podría estar condicionada, en cierto modo, por otro detalle. Cada vez vemos más bodas con una estética muy editorial, en las que la moda tiene un papel protagonista. Algo que, en el caso de Nieves Álvarez, no solo tiene sentido, sino que parece hasta obligatorio. "En ese contexto, accesorios como unas gafas de sol pueden integrarse perfectamente en el lenguaje visual de la celebración. La clave está en saber cuándo utilizarlas. Después de la ceremonia pueden aportar personalidad, reforzar el estilo de los novios e incluso convertirse en un elemento más de las fotografías", apunta la experta que concluye asegurando que la modelo no podía estar más espectacular.







