Las casas no solo se habitan, también se sienten. El ritmo de vida actual está lleno de actividad: trabajar, recibir, conversar, hacer mil tareas a la vez. Pero pocas veces las casas reservan un lugar para la pausa, ese momento de silencio y recogimiento que también necesitamos y que rara vez se tiene en cuenta al diseñar un hogar. Así lo defiende la neuroarquitectura, la disciplina que estudia cómo el espacio construido influye en nuestro cerebro y en nuestro bienestar emocional.
Para entender cómo aplicar los rincones de intimidad a la hora de diseñar (o redistribuir) una casa, hemos hablado con la arquitecta Laura Ortín (lauraortin.com), docente en el Máster de Neuroarquitectura de la Universidad de Alicante y en el Máster de Diseño de Interiores del Instituto 42. Con sus conocimientos te contamos cómo equilibrar los espacios de actividad y los de intimidad en tu propio hogar. Para comenzar, explica: “las casas se han distribuido por programa de usos (número de dormitorios, salón, cocina, etc.) y han olvidado las emociones que se quieren lograr”.
© Image Hunter / PexelsUna casa bonita no siempre es una casa que cuida
Una vivienda estéticamente bella puede no generar salud y bienestar. ¿La razón? La obsesión por la eficiencia las ha convertido en espacios asépticos: distribuciones pensadas solo para aprovechar cada metro cuadrado, materiales que imitan otros, pero no envejecen ni cambian con el tiempo, ambientes neutros que no transmiten nada. Es como llegar de un día agotador, después de comer un sándwich de máquina en una ciudad llena de ruido y asfalto, y abrir la nevera para encontrarte solo con comida procesada. Con el hogar pasa igual: si todo en él es artificial, no hay nada que te nutra ni te repare.
Por eso una vivienda debería ser, ante todo, un espacio libre de cortisol, la hormona del estrés, capaz de ayudarte a sanar el día. “Tu casa no te está cuidando si no tiene capas emocionales ni materiales saludables”, comparte la arquitecta con estudio en Murcia.
© David Frutos para Laura Ortín ArquitecturaAsí es la ‘zona de retirada’ que tu cerebro necesita en casa
Los rincones para la pausa se pueden diseñar desde tres frentes: mente, emoción y cuerpo. Con esa base bastan recursos sencillos para crear un espacio de verdadero bienestar: silencio, respeto por el ciclo circadiano (luz natural por la mañana, luz cálida y artificial por la noche), mobiliario cómodo y ergonómico, y colores que evoquen un lugar feliz, sin caer necesariamente en los tonos neutros. “No tenemos que caer en el crema o beige para buscar la calma, pueden ser azules, verdes, rosas o amarillos suaves o simplemente los colores de la naturaleza”, cuenta Laura.
Las plantas naturales siempre ayudan, pero la biofilia también puede estar presente en texturas, fotografías, olores y sonidos. En esta terraza diseñada por ella misma, la mecedora está rodeada de vegetación y el suelo se tiñe en un relajante verde aguamarina.
© Leroy MerlinNo todos necesitamos el mismo refugio dentro de casa
Junto a los espacios compartidos, también debería diseñarse un pequeño rincón propio: un lugar pensado solo para una persona (o, como mucho, dos), donde refugiarse del bullicio cuando se necesita. Lejos de ser un capricho, estos espacios responden a una necesidad real de desconectar del ritmo acelerado del día a día, aunque sea durante unos minutos.
Laura lo confirma desde la neuroarquitectura: las casas actuales, cada vez más abiertas y multifuncionales, también necesitan espacios pensados para el individuo, no solo para la familia. La clave, según ella, está en preguntar: no asumir lo que cada persona necesita, sino dejar que lo defina ella misma. “Cuando en una vivienda va a convivir más de una persona, siempre les pregunto por separado: '¿qué te gustaría tener para ti solo?', y la respuesta casi nunca es la misma para todos: cada uno tiene su propia idea de refugio”, cuenta Laura.
En este ambiente de dormitorio equipado con mobiliario de Leroy Merlin, por ejemplo, se integra un rincón de lectura.
© Biderbost Photo para In56 InteriorismoSí, también puedes tener tu rincón de calma en un piso pequeño
En viviendas sin habitaciones extra o de pocos metros también es posible crear refugios de calma. La clave no es restar metros a un espacio para ‘fabricar’ uno nuevo, sino diseñar con esa intención desde el principio: si se va a distribuir un salón pequeño, hay que tener en cuenta esa necesidad de refugio al pensarlo; lo mismo ocurre con un baño. No es una cuestión de tamaño, sino de enfoque. Ahí está la diferencia entre colocar un banquito en una esquina y diseñar de verdad un minirefugio: no basta con poner un mueble cómodo, hay que pensar en cómo es esa esquina, qué luz recibe (natural y artificial), qué se ve desde ese punto y qué sensación transmite el propio mobiliario. "Si esa esquina tiene detrás un pilar, seguramente tu amígdala estará en alerta, porque todo lo angular y puntiagudo nos genera disconfort", explica Laura.
En la propuesta In56 Interiorismo crea un espacio muy cómodo en el recibidor de casa, no solo para calzarse y descalzarse, también invita a permanecer en él relajadamente. Junto a él, incluso se añade un área privada de tocador.
© Amador Toril para María Acha InteriorismoCortinas, celosías y estanterías: así se crean delimitaciones sin aislar
Con la tendencia a contar con espacios abiertos y multifuncionales en casa en auge, estos refugios de intimidad casi nunca se aíslan del todo, pero sí protegen, y eso también se diseña con la neuroarquitectura: una vivienda multisensorial juega con todos los sentidos, no solo con la vista, para generar sensación de calma y resguardo. Recursos ligeros como cortinas de telas naturales con caída ondulada, celosías de barro o estanterías de madera (o de un material liviano como el hierro lacado) permiten delimitar visualmente un espacio sin cerrarlo del todo, y además aportan esa reverberancia sensorial que ayuda a sentirse protegido, incluso a ‘oxitocinarse’. Es el caso de este proyecto de María Acha Interiorismo, donde en la buhardilla una librería a medida separa sin dividir: crea un rincón de lectura chill out con calidez y privacidad, sin renunciar a la sensación de espacio abierto.
“Si un ambiente nos resulta agradable, producimos oxitocina, una hormona de la felicidad”, detalla Laura.
© LaufenTu casa puede estar enviándote estímulos negativos sin que lo sepas
La calma en un espacio tiene mucho que ver con la biofilia, con la memoria y con un concepto importante y poco conocido: la neurocepción, la capacidad del sistema nervioso de percibir el entorno de forma inconsciente y evaluar si es seguro o amenazante antes de que lo hagamos conscientemente. Lo vemos en detalle:
- Biofilia. Todo lo que nos conecte con la naturaleza favorece el bienestar: plantas, imágenes de paisajes, materiales naturales y texturas rugosas que evoquen la arena, la montaña o la madera.
- Memoria. Es un sentido que pasa desapercibido pero que influye constantemente en nuestro estado de ánimo. Trabajar el color, los materiales y las geometrías pensando en qué recuerdos despiertan ayuda a reforzar la sensación de calma, aunque cada persona tenga sus propios referentes de felicidad.
- Neurocepción. "Nuestro cuerpo y nuestra mente saben cuándo un material es falso antes de que seamos plenamente conscientes de ello: yo lo llamo, cariñosamente, 'neuro(de)cepción'. Un material falso aislado no genera malestar, pero si todo tu entorno lo es, hay que avisarte de que estás recibiendo estímulos negativos cada segundo. Así es como tu casa no te cuida y tu espacio de trabajo doméstico te da dolor de cabeza", relata la experta en neuroarquitectura.
En este baño, la bañera se convierte en el rincón íntimo de la casa: un gran ventanal a su lado deja que la vegetación exterior se cuele en el espacio sin invadirlo, ganando luz, calidez y conexión visual con la naturaleza. Las piezas, de amables formas redondeadas, pertenecen a la colección 'Meda' de Laufen.
© Mauricio Fuertes para Susanna CotsEl refugio no siempre es silencio: también puede ser una estantería de trofeos
Todos necesitamos una zona de retirada, pero no la misma: cada miembro de la familia tiene la suya propia, y suele responder a su edad, su personalidad y sus aficiones.
Laura invita a sus clientes a reflexionar sobre qué necesita realmente cada uno antes de diseñar el espacio. Así han surgido soluciones muy distintas dentro de un mismo hogar: un hueco con asiento abatible para que una adolescente pueda leer tranquila, una bañera pensada como refugio para la madre, o incluso una estantería dedicada a los trofeos de baloncesto de uno de los hijos. La arquitecta matiza que estos trofeos también cumplen una función de refugio socioemocional: “no hace falta que un espacio íntimo sea silencioso o solitario, también puede ser aquel que nos conecta con nuestros logros y con quienes somos”. Así lo entiende Susanna Cots en el dormitorio infantil de la propuesta, creado para el deportista Martí.
© Carla Capdevila para Vilchez y UriarteTu baño puede ser tu templo sensorial (si lo diseñas para ello)
Las salas de baño (no simples cuartos de baño) han dejado de ser un lugar de paso para asearse rápido: se han convertido en un pequeño templo sensorial dedicado al autocuidado y al bienestar. Y según Laura, es uno de los espacios donde más se demanda crear un rincón de refugio. Al tratarse de una estancia con pocos metros cuadrados, el presupuesto puede destinarse a buscar cierto lujo sin que el coste se dispare.
Una de las claves está en trabajar desde la memoria: trasladar a quien lo habita a un riad marroquí, a una terma en Valls o al aire bohemio y afrancesado de un bistró parisino. De esta última inspiración nace el baño firmado por Vilchez y Uriarte, en su proyecto de reforma, que recrea esa atmósfera relajada y con carácter en clave de refugio íntimo.
© María Pujol para Cris Peña StudioNuestro cerebro no ha evolucionado tan rápido como nuestras casas
Como estamos viendo los rincones íntimos y personales ya no se asocian solo a la lectura. Permiten cambiar de estado sin salir de casa: un área para una videollamada tranquila, para jugar, para meditar, coser o dibujar, o simplemente para estar sin exposición.
Formalmente, se estilan los minirefugios como huecos estratégicos integrados en la propia pared. Antes estos pequeños espacios surgían casi por accidente: una esquina libre donde encajaba un sillón o una butaca junto a una lámpara, una solución que dependía más del mueble que de la arquitectura. Ahora, al proyectar el hueco desde el origen, el lugar deja de ser residual y se convierte en intencional. Es el caso de esta entrada firmada por la interiorista Cris Peña, donde un hueco pensado a medida transforma el recibidor de un piso centenario en un pequeño rincón que da la bienvenida y suma funcionalidad desde el primer paso.
Laura lo explica desde la neuroarquitectura: “poco a poco vamos entendiendo que la felicidad depende más de cómo vivimos los espacios que de cuántos metros tienen, y eso nos lleva a valorar los rincones acotados, seguros y confortables por encima de los grandes”.
© Ricard López para Jaime Salvá Arquitectura & InteriorismoTu cama ya es un refugio (si la diseñas para ello)
Muchas veces el refugio ya existe, solo falta diseñarlo con ese propósito. Una cama, por ejemplo, ya es ese rincón si se piensa bien: con un cabecero de materiales naturales, libre de enchufes, con una vista cuidada desde el colchón y sin nada colgando justo encima (ni ventiladores ni lámparas que generen tensión visual mientras descansamos). Como ocurre en este dormitorio diseñado por Jaime Salvá.
Lo mismo ocurre con una zona de teletrabajo que pueda transformarse en un rincón de lectura, o cualquier espacio multiusos diseñado para acoger también ese momento de pausa. No se trata de restar metros a lo funcional, sino de hacer que lo que ya existe también cuide.
Porque, al final, una casa no se mide solo por lo que produce, sino por cómo nos hace sentir. Y quizá ese rincón silencioso que parece “no servir para nada” sea, en realidad, el que más salud y bienestar nos proporcione.




