Educación

Alina Giurgea, experta en finanzas: "No podemos pedir a nuestros hijos que ahorren si nos ven realizar compras impulsivas constantemente"


La directora general de KRUK España da las claves para enseñar a los niños y a los adolescentes a manejar su dinero (presente y futuro)


Alina Giurgea, directora general de KRUK España© KRUK España
2 de marzo de 2026 a las 18:00 CET

La educación financiera no existe en el sistema educativo español, a pesar de que será una parte esencial en la vida de nuestros hijos una vez que se independicen. Estudiarán una carrera universitaria o no, conseguirán un trabajo muy bien retribuido o no, partirán de un gran respaldo económico si pertenecen a una familia acomodada o tendrán que buscarse la manera de obtener sus propios ingresos desde el minuto uno, pero en todos los casos deberán saber manejar sus propias finanzas: deberán saber cómo ahorrar para pedir una hipoteca o para pagar el alquiler o, en el mejor de los casos, cómo invertir su patrimonio, pero también cómo hacer frente a las deudas y cómo recuperarse económicamente de una mala racha si lo necesitan. ¿Quién les enseña a hacer todo eso?

La buena noticia es que es posible educar a los niños desde pequeños para que aprendan a manejar sus finanzas, siempre adaptando la teoría a su edad. ¿Cómo hacerlo? Nos lo explica Alina Giurgea, experta en finanzas y directora general de KRUK España, quien da pautas muy concretas al respecto. 

Si normalizamos conceptos como el ahorro o el coste de las cosas desde la infancia, evitaremos que en el futuro la gestión financiera sea una fuente de estrés.

Alina Giurgea, directora general de KRUK España

¿Cuál es la edad ideal para empezar a enseñar conceptos financieros y por qué es importante hacerlo tan temprano?

Es recomendable que la educación financiera se inicie desde edades tempranas, adaptando los conceptos a cada etapa. Podemos introducir ideas básicas a través del juego o situaciones cotidianas, empezando con conceptos muy sencillos, como diferenciar entre necesidades y deseos, entender que las cosas tienen un valor, o aprender a esperar y ahorrar para conseguir algo que quieren.

Aunque considero que no existe una edad ideal, un momento clave puede ser entre los 5 y 6 años, cuando se empieza a adquirir las primeras nociones de matemáticas. Aquí es cuando podemos introducir la idea de la paga, enseñándoles a gestionar pequeñas cantidades de dinero y a tomar decisiones sobre cómo gastarlas o ahorrarlas. Si normalizamos conceptos como el ahorro o el coste de las cosas desde la infancia, evitaremos que en el futuro la gestión financiera sea una fuente de estrés o un tabú, algo que hoy afecta al 44% de la población adulta, según nuestro IV Observatorio KRUK. Es una etapa ideal para que empiecen a tomar pequeñas decisiones en un entorno seguro, donde equivocarse también forma parte del aprendizaje.

¿Qué errores cometen con más frecuencia los padres cuando intentan hablar de dinero con sus hijos?

El error más común es el silencio. Las madres y padres solemos pensar que el dinero es un "tema de adultos" y se oculta por miedo a preocuparles, lo que puede acabar convirtiendo el dinero en “tema tabú” en el futuro.

Otro error muy frecuente es no ser coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. No podemos pedirles que ahorren si nos ven realizar compras impulsivas constantemente, o si cada vez que entramos en una tienda terminamos comprando algo que no necesitábamos. También es habitual caer en extremos: les damos todo lo que piden sin que entiendan el esfuerzo que implica, o bien les negamos todo sin explicarles el porqué. Ambos enfoques son contraproducentes.

Desde nuestra experiencia en KRUK, donde trabajamos cada día con personas que enfrentan dificultades financieras, vemos constantemente lo importante que es normalizar las conversaciones sobre dinero, por lo que es clave empezar desde la infancia. La transparencia es fundamental, no hace falta abrumar a nuestros hijos con problemas económicos, pero sí hacerles partícipes de que los recursos son limitados.

¿Cómo se puede explicar el valor del dinero a un niño que aún no tiene ingresos propios?

A través del esfuerzo y el tiempo. Es importante explicarles que el dinero no "sale del cajero" porque sí, sino que es el resultado del tiempo y el trabajo de sus padres. Una forma práctica es comparar el coste de un juguete con horas de trabajo o explicándoselo con otras necesidades del hogar. Estas son maneras de que entiendan que, elegir una cosa, implica renunciar a otra, lo que en economía se denomina coste de oportunidad.

Otra forma es involucrarles en pequeñas decisiones familiares, proponiéndoles elegir qué cosas hacer en base a un presupuesto, así experimentan directamente que los recursos son limitados y que hay que priorizar. En KRUK vemos a diario las consecuencias de no haber aprendido estos conceptos en la infancia, por eso creemos que enseñar el valor del dinero desde pequeños es una de las mejores inversiones que podemos hacer como padres.

Educación financiera© Getty Images/Westend61

¿Qué herramientas o actividades prácticas recomiendas para que los niños aprendan a gestionar su propio dinero?

La paga semanal o mensual es, sin duda, la mejor escuela. Les da autonomía, les obliga a tomar decisiones y, sobre todo, les permite experimentar las consecuencias de esas decisiones en un entorno seguro. Es importante que sea una cantidad fija y regular, adaptada a su edad.

Otra recomendación es usar una hucha transparente, especialmente para el ahorro. Ver de manera visual cómo crece su dinero semana a semana es muy motivador para los niños y les ayuda a entender el concepto de ahorro. Es una idea sencilla, pero tremendamente efectiva.

El sistema de las tres huchas también es muy interesante. Una está destinada para gastos inmediatos, otra para ahorrar y la tercera acumula dinero para compartir o donar. Este método enseña desde pequeños que el dinero tiene diferentes usos, que no solo sirve para el consumo inmediato. La primera sirve para el disfrute actual, la segunda para planificar el futuro y la tercera para ayudar a otras personas.

También es muy útil involucrarles en compras reales, que participen comparando precios en el supermercado, que busquen ofertas, o que gestionen un pequeño presupuesto para una actividad familiar. Esto les ayuda a sacar sus propias conclusiones y entender el valor de la planificación, como cuando ven que, si eligen comprar una marca más económica, pueden adquirir algo adicional que les guste.

Y algo fundamental: hay que dejar que se equivoquen. Si gastan toda la paga semanal el primer día y no les queda dinero para el resto de la semana, es una lección valiosa. Aprender de los errores con cantidades pequeñas evitará caer en problemas mayores en el futuro.

La paga semanal o mensual es, sin duda, la mejor escuela.

Alina Giurgea, directora general de KRUK España

En el caso de los adolescentes, ¿cómo se puede fomentar la responsabilidad financiera sin caer en el control excesivo?

La clave está en darles libertad dentro de un presupuesto. En lugar de comprarles todo lo que necesitan, se les puede asignar una cantidad mensual para que gestionen sus propios gastos: ropa, ocio, caprichos... Si el presupuesto se agota antes de tiempo, es una gran oportunidad para que analicen sus prioridades y se planteen qué ha fallado, aprendiendo de sus errores. Nuestro papel como padres es acompañarlos en el proceso, escucharles y ayudarles a reflexionar sobre sus decisiones sin juzgar.

Es preferible que vivan sus primeras experiencias de gestión ahora, en un entorno seguro y con nuestro apoyo, para que lleguen a la edad adulta con la confianza y madurez necesarias para tomar decisiones financieras acertadas.

¿Qué papel deberían jugar las escuelas en la educación financiera y qué contenidos consideras imprescindibles?

La escuela debería ser el igualador social en materia de educación financiera. No todas las familias tienen los conocimientos o los recursos para enseñar estos conceptos en casa, pero todos los niños y adolescentes van a necesitar gestionar dinero en su vida adulta. Por eso es fundamental que el sistema educativo incluya contenidos financieros de forma transversal desde edades tempranas y no como algo puntual u optativo.

Más que memorizar fórmulas, lo esencial es entender cómo funciona un préstamo, qué es un presupuesto personal y qué implica financiar una compra. Se debe enseñar que el crédito es una herramienta útil, pero que requiere responsabilidad. Según nuestro IV Observatorio KRUK, el 54% de los españoles reconoce tener conocimientos bajos o nulos sobre finanzas personales. Esa brecha educativa se puede, y se debe, cerrar desde la escuela, dotando a las nuevas generaciones con las herramientas necesarias, esas que la gran mayoría de las personas adultas nunca tuvimos.

¿Cómo influye el ejemplo de los adultos en la relación que los jóvenes desarrollan con el dinero?

Influye totalmente. Somos sus referentes y aprenden mucho más de lo que hacemos, que de lo que decimos. Si en casa el dinero es motivo de conflicto o secretismo, los jóvenes pueden interiorizar esa preocupación y la idea de que hablar de dinero es algo negativo o vergonzoso. Sin embargo, si nos ven planificar compras, comparar precios, ahorrar para objetivos concretos o incluso reconocer errores financieros y corregirlos, estarán aprendiendo hábitos saludables sin que tengamos que dar grandes discursos.

Los datos del IV Observatorio KRUK muestran que muchos adultos también arrastramos carencias en educación financiera y estrés relacionado con el dinero, por ejemplo, el 53% de la denominada “generación sándwich" (padres actuales, entre 40 y 60 años) reconoce sufrir estrés financiero en relación a su situación de endeudamiento. Por eso es tan importante que trabajemos nuestra propia relación con las finanzas gestionando nuestra deuda con naturalidad y transparencia, hablando abiertamente sobre límites presupuestarios y demostrando que es posible tomar decisiones responsables, incluso cuando los recursos son limitados.

Aplicar de manera cotidiana y transparente este tipo de actitudes es la mejor clase de educación financiera que podemos dar a nuestros hijos, mucho más efectiva que cualquier explicación teórica.

Educación financiera© Getty Images

¿Qué habilidades financieras son más urgentes de enseñar en un mundo donde la economía digital (pagos móviles, criptomonedas, compras online) es cada vez más dominante?

La habilidad más urgente es desarrollar conciencia del gasto invisible. Con los pagos móviles y las compras en un clic, el dinero parece abstracto. Es prioritario enseñarles que los números en una pantalla son dinero real. Conviene además hablar de suscripciones digitales, micro transacciones en videojuegos o compras impulsivas en redes sociales, que muchas veces pasan desapercibidas, pero generan gasto real.

Del mismo modo, resulta fundamental acercar la ciberseguridad financiera y el pensamiento crítico para entender que las criptomonedas o las inversiones que prometen rentabilidades rápidas en redes sociales conllevan riesgos altísimos. Como en cualquier otra faceta de la vida, es necesario entender que, si algo parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo sea. A día de hoy, es tan importante educar en escepticismo saludable y en verificar fuentes antes de tomar decisiones financieras, como enseñarles a hacer un presupuesto.

¿Cómo se puede hablar de temas complejos —como deudas, intereses o inversiones— sin abrumar a los jóvenes?

Plantear este tipo de temas se puede hacer usando ejemplos cotidianos de su día a día y en un lenguaje que entiendan, sin necesidad de utilizar tecnicismos innecesarios.  Por ejemplo, una deuda se puede explicar que es como cuando le pides 20 euros prestados a un amigo para ir hoy al cine porque aún no te han dado la paga y él te hace un favor adelantándote ese dinero, y tú te comprometes a devolvérselo. Cuando pedimos dinero prestado a una entidad financiera ocurre algo parecido con la diferencia de que se devuelve una cantidad adicional por ese servicio. Se trata de utilizar comparaciones sencillas que conectan con su realidad cotidiana.

La clave es usar un lenguaje cercano y la empatía, adaptando la conversación a su nivel de madurez. El objetivo no es convertirlos en expertos financieros de golpe, sino darles las herramientas básicas para que tomen decisiones informadas y sepan dónde buscar ayuda cuando la necesiten. Lo importante no es que memoricen conceptos, sino que pierdan el miedo a preguntar.

¿Cómo enseñar a niños y a adolescentes a ahorrar?

Vinculando el ahorro a un propósito o ilusión, no a la privación. Es muy útil fijar una meta concreta y visual, como un viaje, una bicicleta o un dispositivo electrónico, y hacer seguimiento del progreso.

El ahorro no debe verse como "no gastar", sino como "comprar libertad futura". Para los adolescentes, es útil que vean cómo crece su dinero, si quieren algo caro, los padres pueden proponer "igualar" lo que ellos sean capaces de ahorrar, fomentando así el hábito de la previsión y la gratificación aplazada. Ahorrar no es renunciar, es decidir cuándo y cómo queremos disfrutar.