La famosa frase del emperador y filósofo romano Marco Aurelio "Tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos externos. Date cuenta de esto y encontrarás la fuerza" sigue teniendo hoy un significado especialmente actual. Y es que vivimos intentando controlar constantemente cosas que no dependen de nosotros: el futuro, las decisiones de los demás, los resultados o incluso aquello que todavía no ha ocurrido.
Sin embargo, cuanto más intentamos controlar lo incontrolable, más ansiedad, frustración y agotamiento emocional sentimos. La psicóloga Sara Navarrete analiza por qué esta reflexión de Marco Aurelio conecta tanto con la salud mental y cómo aprender a gestionar la mente puede ayudarnos a vivir con más calma.
¿Quién fue Marco Aurelio?
Marco Aurelio (121-180) fue emperador del Imperio romano y uno de los grandes representantes del estoicismo, una corriente filosófica centrada en aprender a gestionar las emociones y aceptar aquello que no podemos cambiar. Sus reflexiones, recogidas en la obra Meditaciones, siguen siendo hoy una referencia para entender cómo afrontar la adversidad, la incertidumbre o el sufrimiento emocional.
A diferencia de otros líderes de su época, Marco Aurelio defendía que la verdadera fortaleza no estaba en el poder externo, sino en la capacidad de gobernar la propia mente. Y precisamente esa idea es la que sigue conectando hoy con millones de personas que viven atrapadas entre la ansiedad, el miedo al futuro y la necesidad de control.
Marco Aurelio ya conocía cuál es el mayor sufrimiento humano
"La frase de Marco Aurelio habla de una de las mayores fuentes de sufrimiento del ser humano y es intentar controlar aquello que no depende de nosotros", explica la psicóloga Sara Navarrete. Es decir, no podemos evitar ciertas circunstancias externas, pero sí podemos elegir cómo las interpretamos, cómo respondemos y qué hacemos con lo que sentimos.
La psicóloga señala que las personas que alcanzan una mayor paz emocional no son las que consiguen controlar todo lo que les ocurre, sino aquellas que desarrollan recursos internos para afrontar las dificultades. "Estas personas no se victimizan, sino que desarrollan recursos internos para decir: a partir de esta situación voy a aprender, esta situación me va a hacer más fuerte", afirma.
Por eso, desde la psicología, la verdadera fortaleza emocional no nace de controlar la vida, sino de desarrollar recursos internos para sostener esa vida incluso cuando no sale como esperábamos.
El pensador estoico nos recuerda por qué controlar no es la solución
"El control nos da una sensación de seguridad", explica Sara Navarrete. Cuando sentimos miedo, incertidumbre o vulnerabilidad, la mente intenta reducir esa incomodidad anticipándose constantemente a lo que podría pasar.
Muchas personas intentan controlar a la pareja, el futuro, la opinión de los demás o incluso los resultados de sus decisiones porque creen que así evitarán sufrir. Sin embargo, ocurre justo lo contrario. "Muchas veces, de forma paradójica, el exceso de control no nos calma, nos agota", asegura la psicóloga.
Y es que el cerebro no está diseñado para hacernos felices, sino para sobrevivir. Por eso intenta anticiparse constantemente a posibles peligros. "El cerebro quiere que sobrevivas. La felicidad le da igual", explica Sara Navarrete. El problema aparece cuando vivimos atrapados en esa necesidad constante de preverlo todo.
¿Cómo está afectando esa necesidad de control a la ansiedad?
"La ansiedad aumenta cuando la mente entra en lucha constante con la realidad", afirma la experta. Cuanto más intentamos controlar lo incontrolable, más hipervigilancia, frustración y agotamiento emocional aparecen.
Muchas personas viven permanentemente en alerta, como si cualquier error, cambio inesperado o incertidumbre pudiera convertirse en una amenaza. "Es como vivir con el cuerpo en estado de alerta permanente", señala Sara Navarrete.
Además, cuanto más necesitamos que todo salga perfecto, más miedo sentimos de que algo falle. Y esa búsqueda constante de seguridad acaba generando todavía más ansiedad.
Los árboles que crecen en ambientes hostiles desarrollan raíces mucho más fuertes
¿Qué cosas sí podemos controlar?
Aunque no podamos controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, sí existen aspectos que dependen de nosotros. "Podemos controlar nuestra actitud, nuestros hábitos, el diálogo interno, los límites que nos ponemos, cómo cuidamos nuestro cuerpo o las decisiones que tomamos día a día", explica la psicóloga.
No siempre elegimos lo que nos ocurre, pero sí podemos decidir cómo afrontarlo. Sara Navarrete explica que existen dos formas de atravesar los momentos difíciles: desde la posición de víctima o desde la posición de líder.
"Una víctima entra en bucles de ‘¿por qué me pasa esto a mí?’ y se abandona al momento difícil. Un líder afronta la situación, se cuenta verdad y mira qué recursos tiene para solucionarla", afirma.
La experta utiliza además una metáfora muy clara para explicar cómo las dificultades fortalecen emocionalmente al ser humano. "Los árboles que crecen en ambientes hostiles desarrollan raíces mucho más fuertes. El ser humano, cada vez que supera momentos difíciles, desarrolla raíces más profundas".
¿Cómo influye la manera de pensar en la fortaleza emocional?
"La forma en la que interpretamos lo que vivimos cambia completamente nuestra experiencia emocional", explica Sara Navarrete. Dos personas pueden atravesar exactamente la misma situación y vivirla de manera completamente distinta según la narrativa interna que construyan sobre lo ocurrido.
Una mente que interpreta cada dificultad como un fracaso se debilita emocionalmente. Sin embargo, una mente que entiende el dolor como parte del crecimiento desarrolla resiliencia. "La fortaleza emocional no consiste en no sufrir, sino en no romperte cada vez que la vida cambia", afirma la psicóloga.
No se trata de pensar en positivo, sino de pensar de una forma más realista
¿Qué técnicas ayudan a gestionar mejor los pensamientos negativos?
"Lo primero es dejar de creer que todo pensamiento es una verdad", explica Sara Navarrete. Muchas personas viven atrapadas en historias mentales automáticas que jamás cuestionan.
El cerebro, como mecanismo de supervivencia, tiende a generar pensamientos extremos para prepararnos ante posibles peligros. Pero eso no significa que esos pensamientos sean reales. Por eso, aprender a observarlos y cuestionarlos resulta clave para reducir el malestar emocional.
Técnicas como la reestructuración cognitiva, la escritura emocional, la respiración consciente, el mindfulness o aprender a observar los pensamientos sin identificarnos con ellos ayudan muchísimo a gestionar mejor la mente.
"A veces no se trata de pensar positivo, sino de pensar de una forma más realista y más amable con uno mismo", asegura la experta.
¿Por qué aceptar lo que no podemos cambiar puede dar más tranquilidad?
"La aceptación no es rendición, es dejar de luchar contra una realidad que ya está existiendo", explica Sara Navarrete. Muchas veces el sufrimiento no viene únicamente de lo que ocurre, sino de la resistencia constante a aceptar eso que está pasando.
"El sufrimiento no viene solo de lo que está pasando, sino de la resistencia constante a lo que está pasando", afirma la psicóloga.
Cuando dejamos de preguntarnos "¿por qué me pasa esto?" y empezamos a preguntarnos "¿cómo quiero atravesarlo?", recuperamos sensación de control interno, fortaleza emocional y paz mental.
La reflexión de Marco Aurelio que avala la psicología
Al final, la frase de Marco Aurelio nos recuerda algo que muchas veces olvidamos: no podemos controlar todo lo que ocurre fuera, pero sí aprender a gestionar cómo vivimos aquello que nos pasa. Y es que gran parte del sufrimiento aparece cuando luchamos constantemente contra la incertidumbre, los cambios o las situaciones que escapan de nuestras manos.
Como concluye la psicóloga Sara Navarrete, la verdadera fortaleza emocional no consiste en evitar el dolor ni en tener una vida perfecta, sino en desarrollar recursos internos para sostenernos incluso en los momentos difíciles. Porque la calma no nace de controlar la vida, sino de confiar en nuestra capacidad para atravesarla.













