Durante más de una década, la entonces princesa Masako -hoy emperatriz de Japón- estuvo prácticamente retirada de la vida pública debido a una depresión inducida por estrés, un periodo en el que la prensa la bautizó como "la princesa triste", un eufemismo que pretendía suavizar la gravedad de un proceso que la apartó casi por completo de la escena oficial. Sus apariciones eran mínimas y no había desplazamientos al extranjero, lo que llevó a que el príncipe Naruhito asumiera en solitario la mayor parte de los compromisos como heredero al trono imperial. En ese contexto, Máxima de Holanda desempeñó un papel relevante en su recuperación. Ahora ambas volverán a coincidir tras confirmarse la visita de Estado de los emperadores japoneses a los Países Bajos.
La Agencia de la Casa Imperial confirma que Naruhito y Masako estarán en visita oficial del 13 al 26 de junio en una gira por los Países Bajos y Bélgica. El emperador y la emperatriz llegarán a Ámsterdam el día 13 y viajarán a Bruselas el 20, de modo que pasarán una semana como invitados de los reyes Guillermo y Máxima, con quienes mantienen una estrecha amistad. De hecho, aunque el objetivo inicial del viaje era conmemorar el 160 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Japón y Bélgica, se ha buscado encajar las agendas para incluir una estancia en los Países Bajos. Será el cuarto viaje al extranjero de la pareja imperial desde la entronización de Naruhito en mayo de 2019, tras Indonesia, el Reino Unido y Mongolia.
Según se confirmó este martes en Tokio, tanto el rey Guillermo Alejandro como el rey Felipe de los belgas habían extendido invitaciones a la pareja imperial, y ha sido ahora cuando se ha concretado un programa que incluirá cenas de gala y los tradicionales homenajes a los caídos.
Lo más llamativo del comunicado -recogido por medios como Japan Times- es la precisión con la que se indica que Yutaka Ono, psiquiatra de la emperatriz Masako, la acompañará como parte de la delegación. Es una información poco habitual en comunicados de este nivel, pero refleja la manera en que la Casa Imperial ha abordado históricamente la salud mental de Masako: con una transparencia que ha despojado de intimidad al proceso.
La institución lo calificó como un "trastorno de adaptación", una descripción que, en cierto modo, ilustra la dificultad de integrarse en un sistema tan rígido. Masako Owada -su nombre de soltera- era brillante y profundamente vocacional. Hija del viceministro de Exteriores, estudió en las universidadades de Oxford y Harvard y desarrolló una carrera diplomática de alto nivel. Así, precisamente durante un viaje de la infanta Elena a Japón, conoció al entonces príncipe heredero. Sin embargo, todo lo que había construido por méritos propios quedó reducido a un papel estrictamente ceremonial, y su "utilidad" dentro de la institución se vio injustamente limitada a la expectativa de aportar un heredero varón que nunca llegó.
Su historia, aunque más conocida, no es una excepción. Con los años se supo que su suegra, la emperatriz Michiko, también atravesó un calvario emocional al ser la primera plebeya en entrar en la familia imperial. Aunque ella sí tuvo dos hijos varones, lo que alivió parte de la presión, vivió prolongados periodos de melancolía, inseguridad e insatisfacción. Solo después de la muerte de su suegra, la emperatriz Kōjun, princesa de cuna y defensora de la línea más conservadora, se conoció ese sufrimiento.
En esa larga retirada de Masako hubo un momento excepcional. Cuando el mundo se había acostumbrado a su ausencia, en abril de 2013, la japonesa asistió a la entronización de los reyes Guillermo y Máxima de los Países Bajos. Fue entonces cuando se supo que Máxima llevaba años preocupándose por ella, tratándola como una amiga y animándola a regresar a unos círculos oficiales donde sería recibida con afecto.
"La invitación personal de Máxima de Holanda influyó en un aumento considerable de su autoestima", explicaron medios japoneses sobre aquella inesperada reaparición. Máxima de Holanda hizo lo que quizá nadie había hecho antes: invitarla directamente a ella, sin reducir su identidad a la de consorte imperial. La alegría de la realeza al reencontrarse con Masako fue evidente, pero quien vivió el momento con especial emoción fue el príncipe Naruhito, que compartió con su esposa un instante verdaderamente histórico.
No es que las dos mujeres se hicieran amigas entonces: se conocían desde hacía años, desde los primeros viajes oficiales en los que sus hijas -las princesas Amalia y Aiko- caminaban de la mano entre las caballerizas reales de los holandeses. Pero después Masako desapareció de la escena pública, y fueron Guillermo y Máxima quienes siguieron coincidiendo con Naruhito en encuentros diplomáticos. También hay que señalar que cuando los reyes de los Países Bajos han viajado a Japón, la princesa Masako siempre ha hecho por estar presente y participar en su recibimiento. Del mismo modo, Guillermo y Máxima no faltaron a la entronización de Naruhito en el 2019 y vivieron con emoción la llegada de Masako al trono, un nuevo comienzo para ella.










