A LA ORILLA DEL SENA

Qué ver, dónde comer y dónde hospedarte en el distrito 8 de París: galerías de arte, boutiques de lujo y un palacio presidencial


Pocos lugares existen que condensen el imaginario más reconocible de la capital francesa como lo hace su barrio más elegante.


Jardines de las Tullerías, París© Shutterstock
Cristina FernándezPeriodista de Viajes
13 de mayo de 2026 a las 14:30 CEST

Hablar del distrito VIII es hablar de grandes avenidas, de estilosas fachadas y de ese aire sofisticado que gobierna el ambiente y nos confirma que sí: que París es otra cosa. Un rinconcito único que despliega sus encantos en la orilla derecha del Sena, sabiéndose único y especial.

Campos Elíseos, París, Francia© Shutterstock
Campos Elíseos desde el Arco de Triunfo.

Lo comprobamos en cuanto avanzamos, tranquilos —¿para qué las prisas?— por la Avenida de los Campos Elíseos, tan extensa y majestuosa ella. El gran escaparate de París alardea de contar en sus casi dos kilómetros de extensión con dos de los grandes monumentos parisinos: en un extremo, luce la plaza Charles de Gaulle con el imponente Arco del Triunfo; en el otro, la plaza del Obelisco, la más grande de todo París, donde se alza, exultante, aquel obelisco traído desde Luxor de 3200 años de antigüedad. 

Arco de Triunfo, París© Getty Images
Arco de Triunfo.

Sin embargo, en la enorme vía que nos ocupa hay cabida para mucho más: escenario de grandes celebraciones nacionales —como el desfile del Día de la Bastilla— y del lugar de llegada del Tour de Francia, a cada lado, en sus aceras, proliferan las boutiques de grandes firmas, cines históricos, terrazas y espacios culturales, además de algún que otro restaurante galardonado con estrella Michelin.

Salon Dorado, palacio del Elíseo, residencia presidente Francia, París© Shutterstock
Residencia oficial del presidente de Francia.

Vecinos del presidente

Resulta que no solo de grandes monumentos vive el distrito 8 parisino: también sus ilustres vecinos aportan refinamiento al lugar. Porque si continuamos el paseo en dirección a la zona más residencial del vecindario, aquella que se reparte en torno a la rue de Faubourg Saint-Honoré, nos estaremos internando en el área donde habitan las clases más altas de la sociedad francesa. Y no, no hablamos de cualquiera: aquí se emplazan también el Ministerio del Interior francés y el Palacio del Elíseo, residencia oficial del presidente de la República y el centro del poder ejecutivo del país.

Hôtel Splendide Royal, París
Hôtel Splendide Royal.

Como nosotros no queremos ser menos —porque no lo somos—, hacemos check-in en uno de esos hoteles cuya historia es ya digna de una novela. El coqueto Hôtel Splendide Royal (splendideroyal.fr), un cinco estrellas al amparo de Relais & Châteaux cuyo ambiente íntimo es parte esencial de su encanto, ocupa el edificio del siglo XVIII que perteneció, tiempo más tarde, al mismísimo diseñador Pierre Cardin: su firma continúa manteniendo su exclusiva tienda en los bajos del edificio. Transformado en un hotel boutique de 12 maravillosas habitaciones —algunas, las más suertudas, con vistas a la mismísima Torre Eiffel—, adentrarse en la intimidad de sus espacios es como hacerlo en un oasis de serenidad: la atención de su equipo, tan profesional, el cuidado de los detalles —desde las amenities al arte escogido para decorar cada rincón— son muestra de que el lujo, aquí, cuenta mucho.

La Tosca, Hôtel Splendide Royal, París© @ristorantetoscaparis
Creación del restaurante La Tosca.

El hotel posee también un restaurante italiano, La Tosca, reconocido por la guía gastronómica Gault & Millau e incluido, desde 2023, entre los 50 Mejores Restaurantes Italianos del mundo.

La Scène, de la chef Stéphanie Le Quellec, 2 estrellas Michelin, París© @restaurantlascene
La Scène, de la chef Stéphanie Le Quellec, 2 estrellas Michelin.

Y ya que hablamos de comida, dejémonos llevar por el apetito y continuemos explorando el barrio. Porque si no escatima el Distrito 8 en elegancia y glamur, tampoco lo hace en restaurantes y afrancesados bistrós. En uno de ellos, a la vuelta de la esquina, probamos el mejor tartar de ternera que encontramos en la ciudad. El negocio tiene nombre propio, Le Griffonier (legriffonnier.com), y en su interior se dan cita a diario vecinos, trabajadores de la zona y algún turista como nosotros que, con suerte, aterriza en su apacible salón. Para empaparnos de alta cocina francesa, La Scène de la chef Stéphanie Le Quellec (la-scene.paris), con dos estrellas Michelin y ubicada en el 32 de la avenue Matignon, es el lugar. ¿Más Francia en el plato? Le Mess (lemessrestaurant.com), auténtico a rabiar, es nuestra apuesta.

Para aderezar esta ruta culinaria, ¿qué tal un poco de arte? Las calles rebosan de galerías ideales para disfrutar: Hadjer, Omagh, Souzy o Ghost Galery son solo algunas de ellas. ¿Las compras? En MiMa Concept Store.

Iglesia de la Madelaine, París, © Shutterstock
Iglesia de la Madelaine.

Apenas 10 minutos a pie, en los que nos da tiempo a alzar la mirada a lo más alto para admirar los edificios que nos rodean, alcanzamos la iglesia de la Madeleine, ubicada en la plaza del mismo nombre. Un enclave religioso que bien podría hacernos creer que estamos ante un templo clásico de la Antigüedad: rodeada por un conjunto de imponentes columnas corintias que evocan la arquitectura de la antigua Grecia y Roma, rezuma un carácter majestuoso poco habitual dentro del paisaje urbano de París.

Y aquí un apunte con el que redondear su historia: tras iniciarse su construcción en el siglo XVIII, sufrió múltiples interrupciones y cambios debido a los acontecimientos políticos de la época, especialmente la Revolución Francesa y el periodo napoleónico. De hecho, el propio Napoleón llegó a ordenar que el edificio se transformara en un “templo a la gloria de la Grande Armée”, aunque finalmente, en 1842, se consagró como iglesia católica dedicada a María Magdalena. En su interior destaca especialmente el gran fresco del ábside que representa el Juicio Final. Sencillamente, espectacular.

Jardines de las Tullerías, París© Shutterstock
Jardines de las Tullerías.

Arte, arte y más arte

Pero sigamos empapándonos de cultura e historia, que a París se viene en gran parte eso. Además, las tentaciones monumentales siguen acechándonos a cada vuelta de esquina. Esta vez, decidimos continuar donde lo dejamos unas líneas más arriba. Porque, ¿qué hay más allá de la plaza de la Concordia? Pues, otra maravilla más: los Jardines de las Tullerías.

Así que volvemos a caminar, esta vez sin tráfico, por el albero que se pierde entre senderos flanqueados por parterres floreados y fuentes. Por aquí y por allá, las icónicas sillas Sénat —hasta 4500 hay repartidas por los distintos parques de la ciudad— en las que sentarse a leer, conversar o, simplemente, ver la vida pasar. El origen del parque se remonta al siglo XVI, cuando la reina Catalina de Médici ordenó construir un palacio con jardines. Con el tiempo, estos fueron rediseñados por el famoso paisajista André Le Nôtre, quien les dio su característico estilo clásico francés. Hoy, junto a turistas y locales, proliferan esculturas y obras de arte al aire libre que convierten el paseo en una experiencia cultural.

Museo de la Orangerie, París, Francia© Shutterstock
Museo de la Orangerie.

Aunque, para arte, el que se expone en las entrañas del Museo de la Orangerie, ubicado en los propios jardines. Lo mejor del edificio, eso sí, es su historia, pues originalmente fue —y esto nos encanta— un invernadero donde se protegían los naranjos del Palacio de las Tullerías durante el invierno. Su función de museo fue inaugurada en 1927, y desde entonces alberga una de las colecciones de arte impresionista y postimpresionista más importantes de la ciudad. 

Entre sus mayores atractivos se encuentra Ninfeas, de Monet, por eso es usual encontrar a grupos de visitantes rodeando esta serie de grandes panales que representan estanques de nenúfares. Un conjunto de obras expuestas en dos salas ovaladas especialmente diseñadas según las indicaciones del propio artista, lo que permite vivir una experiencia en la que la que la luz y el color transmiten una sensación de calma y continuidad.

Cafetería Angelina Paris, París© @angelina_paris
Cafetería Angelina Paris.

Empapados del talento, no solo de Monet, sino también de otros grandes del mundo del arte como Renoir, Paul Cézanne, Henri Matisse o Pablo Picasso, elegimos el dulce como gran final del recorrido. El negocio elegido, a los pies de los jardines, está en el 22 de la rue de Rivoli y se llama Angelina Paris (angelina-paris.fr), un salón de té fundado en 1903 que mantiene, aún más de un siglo después, la esencia y el ambiente de los grandes clásicos. 

Mont-Blanc, Pastelería Angelina Paris, París© @angelina_paris
El Mont-Blanc está inspirado en el peinado de las mujeres de comienzos del siglo XX.

Gracias al saber hacer pastelero de su creador, Anton Rumpelmayer, que supo insuflar de personalidad este templo a la alta pastelería francesa, hoy se puede continuar saboreando su creación más aplaudida, el Mont-Blanc, cuy forma está inspirada en el peinado de las mujeres de comienzos del siglo XX. Un bocado a este merengue francés seco y crujiente, cubierto por una cúpula de nata montada (chantilly), y recubierta a su vez por finos hilos de crema de castañas, supone una despedida a este periplo entre lujo y elegancia como mandan los cánones: de parisinas maneras.