Todo vuelve, también en la arquitectura y el interiorismo. En los 80, el científico Edward O. Wilson (Birmingham, 1929) acuñó el término biofilia (amor por la vida) para hablar de la necesidad biológica del ser humano de interactuar con la naturaleza. Un concepto que cobró especial fuerza a raíz de la pandemia, cuando encontrar el bienestar físico, emocional y mental dentro de nuestros hogares pasaba inevitablemente porque estuvieran más conectados con ella. El diseño biofílico que se desprende de la teoría del estadounidense propone crear espacios donde los habitantes de las ciudades vuelvan a sentirse cerca del entorno, relegado a un segundo plano en las zonas urbanas. Varias décadas después, consultamos con siete expertas para saber cómo llevar a la práctica esta tendencia que promete casas y oficinas más armónicas, funcionales y beneficiosas para nuestra salud.
1. Todo al verde
Pasamos la mayor parte del tiempo en sitios cerrados. Para combatir el síndrome de déficit de naturaleza que esto conlleva, lo primero y más importante es introducir flores y plantas frescas. Los ficus, los lirios de paz o las lenguas de suegra son algunas de las más resistentes y vistosas.
2. Imágenes que inspiran
El diseño biofílico no solo vive de poner una aloe vera en el salón. Laura Gärna, directora del estudio que lleva su nombre, propone utilizar murales, papeles pintados y fotografías con alusiones vegetales para sugestionar nuestra mente y llevarla a otros lugares.
3. Vuelta a los orígenes
Beatriz e Isabel Blanco, el tándem creativo al frente de Burondo, lo tienen claro: los materiales naturales en suelos, paredes y muebles son un básico cuando se trata de acercarnos al mundo exterior. El lino y la madera destacan por la calidez de sus tonos y el bienestar de su tacto.
4. Más allá del cristal
A falta de zonas verdes a nuestro alrededor, buenos son los balcones y terrazas que permiten crear huertos urbanos y jardines verticales, cuyo cuidado es el hobby ideal para pasar más tiempo al aire libre.
5. Curvas sinuosas
Espejos tipo pond, sillas con asientos encordados, cabeceros combos... Para la paisajista Isabel Alguacil, autora del libro Jardines por el mundo, la decoración debe incluir piezas de formas orgánicas e irregulares, tales como las que encontraríamos en mitad del campo o del bosque.
6. Escalera de color
La interiorista María Villalón Puras nos anima a escoger una paleta cromática que refleje las tonalidades de la naturaleza, de la gama de azules que tiñe el cielo a los diferentes pigmentos terrestres del suelo.
7. ¡Hágase la luz!
Si hay algo que no puede faltar en este decálogo, es la luz natural. La claridad del sol es sinónimo de confort y salud. No solo disminuye la fatiga ocular, sino que también mejora nuestro estado de ánimo. Así que cuantas más ventanas y cristaleras translúcidas tengas, mejor.
8. Maridaje sensorial
De acuerdo con Patricia Fernández de Castro, fundadora de Indietro, se han de estimular los cinco sentidos. No basta con instalar placas solares o energía geotérmica; también hay que dotar al hogar de emociones vinculadas a la Tierra mediante el uso de colores, tejidos e incluso sonidos.
9. Biotetris
Aunque la distribución es un aspecto que solemos olvidar, la diseñadora Verónica Mimoun insiste en el diálogo que han de mantener los distintos elementos que conforman la vivienda. ¿El objetivo? Reproducir la sensación de paz y armonía que nos invade al contemplar un paisaje.
10. Mínimo impacto
Si hay una máxima sobre la que descansan todas las anteriores, es la de optar por una arquitectura e interiorismo que sobrevivan al paso del tiempo y reduzcan su huella sobre el planeta.








