La famosa frase de Friedrich Nietzsche: "Quien tiene un porqué en la vida, puede soportar casi cualquier cómo" y su significado para la psicología


De la mano de un experto, desgranamos el significado de esta cita del pensador alemán para comprender por qué es tan importante encontrar un sentido a nuestra vida


Mujer con propósito mirando hacia el futuro © Getty Images
6 de mayo de 2026 a las 20:00 CEST

La famosa frase de Friedrich Nietzsche "quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo", popularizada años después por Viktor Frankl, sigue teniendo hoy un significado muy actual. Y es que habla de algo que muchas personas se preguntan en algún momento de su vida: ¿qué nos ayuda a seguir adelante cuando las cosas se complican?

Y es que hay personas que, incluso atravesando situaciones muy difíciles, consiguen no derrumbarse del todo. Siguen avanzando, aunque sea despacio. Otras, en cambio, sienten que pierden el rumbo, la motivación o incluso las ganas de continuar. Y aquí aparece una idea importante, muchas veces no es cuestión de sufrir más o menos, sino de tener algo que dé sentido a ese esfuerzo.

Para entender mejor qué papel tiene el propósito en la resiliencia y en la salud mental, hemos hablado con Juan Nieto, psicólogo y director académico del Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP), que explica por qué sentir que nuestra vida tiene dirección puede ayudarnos a  la hora de afrontar los momentos difíciles. Pero antes, veamos quién fue el autor de esta frase. 

Mujer en un jardín riendo© Getty Images

¿Quién fue Nietzsche?

Friedrich Nietzsche (1844–1900) fue un filósofo alemán conocido por sus reflexiones sobre la libertad, la moral o el sentido de la existencia. Sus ideas influyeron profundamente en la filosofía moderna y también en la psicología, especialmente en todo lo relacionado con la búsqueda de sentido y la capacidad humana para afrontar el sufrimiento. Esta famosa frase de la que hablamos hoy aparece en la obra El ocaso de los ídolos, publicada por Friedrich Nietzsche en 1889. Concretamente, se encuentra en la sección Máximas y dardos

Años después, el psiquiatra Viktor Frankl la popularizó en su libro El hombre en busca de sentido, relacionándola con su experiencia en los campos de concentración nazis y con la importancia de encontrar sentido incluso en situaciones extremas.

Mujer joven riéndose y feliz© Getty Images

¿Por qué algunas personas soportan mejor el sufrimiento que otras?

Comenzamos preguntando al psicólogo Juan Nieto por qué hay personas que soportan mejor la adversidad. "No creo que sea porque sufran menos, sino porque tienen más recursos internos y externos para atravesar ese sufrimiento". Hay personas que han desarrollado una mayor capacidad para regular sus emociones, pedir ayuda, reinterpretar lo que les ocurre o apoyarse en vínculos significativos.

También nos aclara que desde la Psicología Positiva no entendemos la resiliencia como "aguantar sin romperse", sino como la capacidad de seguir vinculados a la vida incluso cuando la vida duele. Algunas personas tienen más entrenadas ciertas fortalezas, como la esperanza, la gratitud, la perseverancia, la espiritualidad, el amor o la perspectiva. Y esas fortalezas actúan como puntos de apoyo cuando todo se mueve.

Mujer sentada con los brazos cruzados por detrás© Getty Images

¿Por qué tener un propósito ayuda a resistir momentos difíciles?

Se trata de una pregunta obvia pero que queremos contrastar con el experto en psicología. Nos responde que el propósito funciona como una especie de brújula psicológica. No elimina el dolor, pero ayuda a orientarlo. Cuando una persona sabe por qué algo importa, encuentra más fuerza para sostener el esfuerzo, la espera o la incomodidad.

En los momentos difíciles, "el sufrimiento puede hacer que todo parezca absurdo o interminable. El propósito introduce una dirección", aclara. 

Por ello, la frase de Nietzsche que popularizó Viktor Frankl lo expresa muy bien: quien tiene un porqué puede soportar casi cualquier cómo. "Desde la Psicología Positiva añadiríamos que ese "porqué" no siempre tiene que ser grandioso. A veces el propósito es levantarse por los hijos, cuidar una amistad, terminar un tratamiento, volver a sentirse en paz o simplemente no abandonar la propia vida", señala. 

Mujer pelirroja sentada en el suelo © Getty Images

¿Qué relación existe entre propósito y salud mental?

El propósito está muy relacionado con la salud mental porque da estructura, dirección y sentido de identidad. Las personas que sienten que su vida tiene un sentido suelen tener más motivación, más esperanza y mayor capacidad para integrar las dificultades.

"Esto no significa que tener propósito nos inmunice frente a la ansiedad, la tristeza o el estrés", advierte. Y aclara que una persona con propósito también puede sufrir. Pero suele disponer de una narrativa más amplia que le permite no quedarse atrapada únicamente en el síntoma o en el problema.

¿Cómo influye el propósito personal en la resiliencia?

El propósito es uno de los grandes motores de la resiliencia. Nos ayuda a resistir, pero también a reconstruirnos. Una persona resiliente no es la que vuelve exactamente al punto anterior, sino la que consigue reorganizar su vida después de una dificultad.

Cuando existe un propósito, la persona puede preguntarse: "¿Qué quiero cuidar en medio de esto?", "¿qué tipo de persona quiero ser ahora?", "¿qué pequeño paso sigue teniendo sentido?". Estas preguntas hacen que conectemos con las fortalezas personales y permiten pasar de la pura supervivencia a una respuesta más consciente.

Además, el propósito protege frente a la desesperanza. Nos recuerda que el presente puede ser doloroso, pero no agota toda nuestra historia.

Mujer pintando en la pared© Getty Images

¿Cómo cambian los propósitos a lo largo de la vida?

"Los propósitos cambian porque nosotros cambiamos. Lo que da sentido a los 20 años puede no ser lo mismo a los 40, a los 60 o después de una experiencia importante. Y eso no es incoherencia, es madurez", indica Juan Nieto. 

En algunas etapas el propósito está más ligado a crecer, explorar, construir una identidad. En otras, puede estar relacionado con cuidar, consolidar vínculos, aportar experiencia o vivir con más calma. También hay momentos en los que el propósito se vuelve más íntimo, no hacer más cosas, sino vivir de una manera más alineada.

Aceptar que el propósito cambia nos libera de una idea rígida de la vida. "No necesitamos encontrar un único gran porqué para siempre. Podemos ir descubriendo distintos sentidos según la etapa, las pérdidas, los aprendizajes y las personas que vamos siendo. El propósito no es una frase perfecta, es una forma de orientar la vida hacia aquello que todavía merece ser cuidado".

Mujer con una piruleta© Getty Images

¿Es posible no tener un propósito en la vida?

Ante esta cuestión, el experto en psicología positiva nos indica que "sí, es posible. Y además es más común de lo que parece". Hay etapas en las que una persona siente que ha perdido el rumbo, que vive en automático o que aquello que antes le motivaba ya no le representa.

"No tener claro un propósito no significa necesariamente estar mal, pero sí puede generar vacío, apatía o desconexión", advierte. También puede ocurrir en momentos de transición, después de una ruptura, una pérdida, una jubilación, un cambio profesional, una maternidad o paternidad, una enfermedad o una crisis vital.

A veces no es que la persona no tenga propósito, sino que el propósito que tenía ya no encaja con quien es ahora. Y eso, aunque desorienta, también puede ser una oportunidad para revisar valores, necesidades y prioridades.

Dos amigas abrazándose © Getty Images

¿Por qué hay personas que no lo tienen?

Nos preguntamos, además, por qué hay personas que sienten, piensan o constantan que no tienen un propósito en la vida. Juan Nieto nos responde que "muchas veces vivimos demasiado ocupados para preguntarnos qué tiene sentido para nosotros. La vida cotidiana puede llenarse de obligaciones, expectativas, prisas y comparaciones. Y en medio de todo eso, la persona puede desconectarse de sus propios valores". 

También hay personas que han vivido desde el "debería": debería estudiar esto, trabajar en esto, cuidar de todos, demostrar que puedo, cumplir lo esperado. Cuando uno vive mucho tiempo desde mandatos externos, puede llegar un momento en el que no sabe qué desea realmente.

Otras veces la ausencia de propósito aparece tras experiencias de dolor. Una pérdida, una decepción profunda o una etapa prolongada de estrés pueden apagar la motivación. En esos casos, no conviene exigir a la persona que "encuentre su pasión", sino ayudarla primero a recuperar energía, seguridad y conexión con lo pequeño.

amigas hablando© Getty Images

¿Qué señales indican que una persona ha perdido su "porqué"?

Una señal frecuente es la sensación de vivir en piloto automático: hacer cosas, cumplir, responder, pero sin sentir verdadera conexión con lo que se hace. También puede aparecer apatía, cansancio emocional, irritabilidad, desmotivación o una especie de vacío difícil de explicar.

Otra señal es dejar de ilusionarse. No hablamos de estar feliz todo el tiempo, sino de perder la capacidad de proyectarse, de esperar algo, de sentir que hay algo que merece cuidado o esfuerzo.

También puede verse en frases como "todo me da igual", "no sé para qué hago esto", "no me reconozco", "mi vida no va a ninguna parte". Son frases importantes. No hay que dramatizarlas, pero sí escucharlas. A veces son una llamada de atención de la propia vida pidiendo una revisión profunda.

Mujer sobre un espejo© Getty Images

¿Cómo se puede encontrar un propósito en etapas de crisis o incertidumbre?

"En una crisis no siempre se encuentra el propósito pensando mucho. A veces se encuentra actuando de forma pequeña, honesta y coherente", apunta el psicólogo y nos reformula la questión: la pregunta no siempre es "¿cuál es el gran sentido de mi vida?", sino "¿qué sigue teniendo valor para mí hoy?". 

"Desde la Psicología Positiva trabajamos mucho con las fortalezas personales. Preguntarse "¿qué parte de mí sigue viva incluso en este momento?", "¿qué cualidad mía me ha ayudado antes?", "¿dónde puedo aportar algo, aunque sea poco?" puede abrir una puerta", detalla. 

También ayuda mirar hacia los vínculos. Muchas veces el propósito no aparece aislado, sino en relación: cuidar, acompañar, enseñar, crear, contribuir, proteger, aprender, reparar.

¿Qué pequeños cambios ayudan a recuperar el sentido de la vida?

El primer cambio es bajar la exigencia. Cuando una persona está perdida, pedirle que encuentre "su misión de vida" puede ser abrumador. Es mejor empezar por lo pequeño: recuperar rutinas básicas, cuidar el descanso, caminar, ordenar un espacio, hablar con alguien de confianza, volver a una actividad que antes hacía bien.

Otro cambio importante es reconectar con los valores. Preguntarse: "¿Qué me importa de verdad?", "¿qué no quiero seguir postergando?", "¿qué tipo de persona quiero ser con quienes quiero?". Estas preguntas no siempre tienen respuestas inmediatas, pero orientan.

También ayuda practicar gratitud realista, no como obligación de estar bien, sino como capacidad de detectar pequeñas cosas que siguen sosteniendo la vida. Un café tranquilo, una conversación, una mascota, una canción, una tarea terminada. "El sentido muchas veces vuelve por lugares humildes", concluye el especialista en psicología positiva.