La temporada está dejando muchos cambios en el universo televisivo. Desde nuevos programas a cambios de presentadores, movimientos entre cadenas y salidas con las que nadie contaba. Es el caso de Anna Bosch, una de las periodistas más destacadas de TVE, quien ha anunciado "con un nudo en el estómago" que pone fin a una importante y larguísima etapa. Durante cuatro décadas ha sido testigo privilegiada de la historia, ha retransmitido en la cadena pública algunos de los acontecimientos más importantes y ha ejercido como corresponsal en tres puntos clave del mapa internacional... Hasta hoy, que ha anunciado su adiós.
Anna Bosch se jubila después de toda una vida dedicada al periodismo. Lo ha anunciado desde Cafè d'idees, programa que presenta Gemma Nierga en La 2 Cat y Radio 4 y donde la han sorprendido con un ramo de flores y palabras llenas de cariño y admiración. No en vano, durante décadas ha sido un referente del oficio y un ejemplo de entrega y vocación. Desde su corresponsalía de Moscú contó la salida de Borís Yeltsin y el ascenso de Vladímir Putin; cuando se mudó a Washington narró la era Obama; mientras que en Londres trasladó a los espectadores los detalles de la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton. Aunque en 2012 se instaló en España de nuevo, siguió cubriendo citas internacionales de máxima relevancia, como la muerte de Isabel II.
En la cadena pública se ha puesto al frente de las cámaras de la cadena pública en los informativos, fue jefa adjunta del Área de Internacional de los Telediarios, ha sido analista en el Canal 24 Horas, reportera de En Portada y ha tenido su propia sección semanal para explicar de forma didáctica la situación política y social del mundo. También fue pionera de Euronews en Lyon. Ahora la información seguirá formando parte de su vida, pero desde otro ángulo. Porque comienza a escribir un nuevo capítulo en el que tendrá tiempo libre para volcarse en su círculo íntimo, especialmente en su marido, el también corresponsal Carmelo Machín, su pilar fundamental en estos años en los que juntos han atravesado momentos difíciles.
El mobbing que Anna Bosch ha sufrido en el trabajo
Hace dos años, al hacer balance de su carrera, la periodista catalana confesó en La Vanguardia haber pasado épocas de mobbing ya con una carrera consagrada. Según explicó, esa experiencia surgió por un cúmulo de factores y una dirección con la que no compartía criterios y a la que no le gustaba ni su periodismo ni tampoco que opinase. "De repente, cuando más experiencia tenía, a los 50 y tantos, me encontré mano sobre mano, con los brazos cruzados", confesó.
Esa experiencia, sumada a otros temas, hizo que comenzara a hacer terapia psicológica animada por tres amigas. "Me arrepiento de no haber ido antes, para resituar mi escala de valores. No era consciente de cómo estaba de mal. A raíz de esta depresión profunda en los 55 motivada por el trabajo y otras cosas, empecé a cambiar. Es como si hubiese estado encerrada en una celda, en una caja, y solo viese el trabajo", contó. Empezó ahí a disfrutar del tiempo libre y de sí misma, lo que condujo en que se comprara un piso en Badalona, cerca del mar, y volviese a escribir, reconectado así con aquella niña tímida que encontró en la escritura una vía de escape.
La pandemia, el ingreso de su marido y su tradición
También especialmente difícil fue para ella la pandemia, ya que estuvo a punto de perder a su marido. Carmelo estuvo diez días en casa con fiebre muy alta, pero no tenía tos ni problemas respiratorios, por lo que los médicos creyeron que se trataba de una infección derivada de una operación que le habían hecho poco antes. Como su estado fue empeorando, finalmente le ingresaron, una situación que la periodista sintió como "una tortura" porque no podía estar a su lado, sino vivir esa hospitalización desde casa. Confesó entonces que, desde el aislamiento, ella misma experimentó dificultades respiratorias por la ansiedad que tenía.
La situación tuvo un final feliz e impulsó a Anna a cogerse desde entonces cada año tres o cuatro semanas al año sin sueldo para descansar y dedicarse a sí misma. Un lujo, como ella misma definía, que a partir de ahora se intensificará con su jubilación. Una era llena de novedades pero en la que también hay cosas que seguirán intactas: su pasión por la información, sus clases de pilates en máquinas, sus largas caminatas y el mar como antídoto para todo mal.
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