NUEVA INCORPORACIÓN EN LA UNESCO

Guía para redescubrir Sidi Bou Said: el balcón más azul del Mediterráneo que ya es Patrimonio de la Humanidad


Entre la veintena de nuevos sitios que la Unesco acaba de incluir en su lista, destaca este rincón tunecino que lleva más de un siglo seduciendo a bohemios, intelectuales y viajeros.


Café des Delices frente al azul Mediterráneo, Sidi Bou Said, Túnez© Shutterstock
14 de agosto de 2026 a las 12:30 CEST

Desparramada sobre la ladera del yebel Manar (la montaña del faro) y entregada por completo a las aguas de un mar que luce de azul intenso a sus pies, Sidi Bou Said es mucho más que una bonita estampa de postal. Aunque por estar a tan solo 20 kilómetros de Túnez capital tiente mucho hacer la típica excursión de ida y vuelta, quedarse a medias sería un pecado: aquí se viene a aprender de historia, a explorar galerías de arte, a visitar palacios de ensueño y a saborear la alta cocina magrebí. Esto es lo que no debes perderte.

Sidi Bou Said, Túnez© Shutterstock

¿POR QUÉ LA UNESCO SE HA RENDIDO (AL FIN) A ESTE LABERINTO TUNECINO?

Aunque Sidi Bou Said ya gozaba de cierta protección desde 1979 por encontrarse dentro del Sitio Arqueológico de Cartago, la reciente decisión del Comité del Patrimonio Mundial le acaba de otorgar el protagonismo exclusivo que merece, reconociendo no solo su estricta paleta cromática, sino su arquitectura de herencia andalusí y su importancia histórica como centro de espiritualidad en el Mediterráneo.

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Para entender cómo nació el pueblo más fotogénico de Túnez, hay que remontarse al siglo XII, cuando Abu Said al Baji, un erudito y místico sufí, fundó allí un santuario. Sin embargo, la fisonomía que hoy fascina tiene un claro responsable moderno: el barón británico Rodolphe d'Erlanger. Este pintor y musicólogo llegó en 1912, se enamoró del lugar e impulsó el pionero decreto de 1915 que obligaba a encalar de blanco todas las fachadas, limitando el color de puertas, rejas y ventanas al icónico azul cobalto. Aquella ley preservó una elegancia arquitectónica que ahora la Unesco acaba de blindar para la eternidad.

Calles de Sidi Bou Said, Túnez© Shutterstock
Puertas y ventanas pintadas del icónico color azul cobalto.

CÓMO LLEGAR (Y CÓMO ESCAPAR DE LAS MULTITUDES)

Si te alojas en Túnez capital, la forma más barata y auténtica de plantarte en este oasis azul es a través del TGM (Tunis-Goulette-Marsa), un tren de cercanías que cruza el lago de Túnez y deja a los pies de la colina en unos 35 minutos. Si prefieres rapidez, un trayecto en los clásicos taxis amarillos te dejará en la entrada peatonal en apenas 25 minutos.

El mejor consejo práctico es madrugar. A partir de media mañana, la calle principal (rue Habib Thameur) se llena de excursiones guiadas. Llegar temprano permite disfrutar de la luz de la mañana rebotando en las paredes encaladas sin tener que sortear grupos de turistas, descubriendo la verdadera esencia de su entramado andalusí.

Terraza con vistas al puerto de Sidi Bou Said, Túnez© Shutterstock
Terraza con vistas al puerto.

TERRAZAS SOBRE EL ACANTILADO

Uno de los rincones más sobrecogedores y menos transitados por el turismo de masas es el cementerio de Sidi Bou Said. Lejos del bullicio de los cafés, este camposanto se derrama en terrazas por la ladera del acantilado, mirando directamente al golfo de Túnez.

Puerta tradicional de Sidi Bou Said, Túnez© Shutterstock
Puerta tradicional.

Las tumbas, de un blanco cegador y muchas de ellas sin nombre, salpican la colina, rodeadas de chumberas, áloes y buganvillas. Es un lugar de un magnetismo especial y un silencio absoluto, que conecta directamente con los orígenes místicos y sufíes del promontorio. Pasear por sus senderos escalonados ofrece, además, una de las panorámicas más puras y despejadas del mar Mediterráneo.

Palacio Ennejma Ezzahra, Sidi Bou Said, Túnez© Shutterstock
Palacio Ennejma Ezzahra.

GALERÍAS DE ARTE Y MUSEOS IMPRESCINDIBLES

Sidi Bou Said exige mirar más allá de sus fachadas blancas y azules y descubrir la vida cultural que se esconde detrás de ellas. El pueblo ha inspirado a creadores como Paul Klee o Simone de Beauvoir y todavía hoy mantiene una interesante escena artística. Una de las visitas imprescindibles es el Palacio Ennejma Ezzahra, antigua residencia del barón d’Erlanger y actual sede del Centro de las Músicas Árabes y Mediterráneas, con unos interiores llenos de artesonados, estucos y jardines asomados al acantilado.

Museo Dar El Annabi, sidi Bou Said, Túnez© Shutterstock
Museo Dar El Annabi.

También está Dar El Annabi, una gran mansión burguesa del siglo XVIII donde se pueden ver un patio andalusí, los tradicionales moucharabiehs (celosías) y una azotea con vistas al minarete de la mezquita. Y espacios de arte como la Galerie Aïcha Gorgi, que ofrece la oportunidad de acercarse a la obra de artistas tunecinos contemporáneos.

 

El restaurante Dar Zarrouk, cerca del puerto deportivo, es una de las opciones más elegantes, Sidi Bou Said, Túnez
El restaurante Dar Zarrouk, cerca del puerto deportivo, es una de las opciones más elegantes de Sidi Bou Said.

DÓNDE SENTARSE A LA MESA CON VISTAS

Sidi Bou Said también tiene buenas direcciones para sentarse a comer con calma cocina tunecina, con influencias francesas, en una mesa con vistas. Dar Zarrouk, cerca del puerto deportivo, es una de las opciones más elegantes, con un patio bajo las moreras y una terraza acristalada donde probar pescado fresco del Mediterráneo y platos tradicionales como el brik de huevo y atún o el cuscús de mero, además de una selección de vinos locales.

Au Bon Vieux Temps es otro de los clásicos del pueblo, conocido por su terraza cubierta de enredaderas y una carta que mezcla cocina francesa y magrebí. Dos restaurantes con ambientes muy distintos, pero perfectos para alargar la sobremesa cuando cae la tarde.

Centro turístico de Sidi Bou Said, Túnez© Shutterstock
Centro turístico.

DESPERTAR EN EL LABERINTO

El verdadero privilegio en Sidi Bou Said es quedarse cuando el sol se pone, los autobuses de turistas se marchan y el pueblo entonces recupera su silencio. Antiguas casonas se han recuperado como alojamientos boutique con mucho encanto para pasar la noche. Es el caso de Dar Said, un hotel que ocupa una residencia burguesa del siglo XIX y que cuenta con solo 24 habitaciones distribuidas en torno a patios llenos de jazmines, además de una pequeña piscina flanqueada por cipreses y vistas al mar. Otra opción es La Villa Bleue, un alojamiento situado sobre el acantilado que combina la arquitectura tradicional, con sus estucos, cerámicas y techos pintados a mano, con las comodidades de un hotel contemporáneo, incluido un pequeño spa.

Sidi Bou Said, Túnez© Shutterstock
Mesas para tomar el té a la puerta.

UN TÉ A LA MENTA CON PIÑONES

Toda exploración intensiva en esta colina requiere cumplir con el ritual de la cultura del café. En la plaza de Sidi Bou Said está el legendario Café des Nattes. Con su interior revestido de cerámica y el suelo cubierto de esteras, en este local es obligado pedir un té verde con menta servido muy dulce y rebosante de piñones tostados.

Descendiendo por las callejuelas se alcanza el fotogénico Café des Délices (Sidi Chabaane), con sus terrazas desplegadas de forma escalonada que ofrecen la panorámica definitiva de la bahía. Antes de llegar al hotel, comprar en un puesto callejero un bambalouni —una esponjosa rosquilla de masa frita espolvoreada con azúcar— será el colofón perfecto para despedirse, al menos hasta el día siguiente, de este enclave de fachadas inmaculadas que la Unesco ha decidido preservar para siempre.