Si entrar en el Palacio Real, que preside la plaza de Oriente de Madrid, es hacer un viaje por la historia de España, Versalles, a miles de kilómetros, es el gran escaparate del esplendor de la monarquía francesa. El primero sigue siendo residencia oficial del jefe del Estado y escenario de actos oficiales; el segundo dejó de serlo hace tiempo y hoy recibe visitantes como museo y Patrimonio Mundial de la Unesco. Dentro de ambos, sus salones, jardines y obras de arte cuentan historias de reyes, fiestas, ceremonias y decisiones que marcaron una época. Con la visita oficial del presidente Macron a España con su esposa Brigitte, los ponemos frente a frente para descubrir qué tienen en común, sus diferencias y qué los hace únicos.
PALACIO REAL DE MADRID
Empecemos por las cifras, porque las dimensiones del gran monumento madrileño impresionan: más de 135.000 metros cuadrados y 3.148 habitaciones. Eso le convierte en el palacio real más grande en superficie de Europa occidental y uno de los mayores del mundo. La primera piedra se puso en 1738, por mandato de Felipe V. El lugar tampoco fue elegido al azar, pues se levantó sobre el antiguo Alcázar de Madrid, destruido por un incendio en la Nochebuena de 1734.
¿Quién vivió aquí?
Los Borbones fueron los artífices del palacio, pero por sus salones han pasado varias generaciones de monarcas, desde Carlos III hasta Alfonso XIII, el último rey que lo habitó. Después llegó un inquilino bien distinto: Manuel Azaña, que residió aquí como presidente de la República durante la Segunda República. De aquella etapa se conserva incluso el despacho donde trabajaba. Por aquel entonces, el edificio dejó de llamarse Palacio Real para convertirse en Palacio Nacional.
De residencia real a actos de Estado
Aunque la Familia Real vive en el Palacio de la Zarzuela, el palacio que se asoma a la plaza de Oriente de la capital sigue siendo la residencia oficial del jefe del Estado y el lugar donde se celebran las grandes ceremonias. En él tuvo lugar el banquete de la boda de Felipe y Letizia en 2004 y este 29 de septiembre volverá a vestirse de gala para recibir a Emmanuel Macron y Brigitte Macron, con una cena ofrecida por los Reyes durante la visita del presidente francés. Fuera de esas ocasiones, el palacio se puede visitar como un museo, mientras continúa siendo escenario de la actividad oficial de la Corona.
El recorrido
La monumental escalera principal, con 72 peldaños de una sola pieza, es lo primero que sorprende al cruzar la plaza de la Armería y entrar en su interior. Desde allí, el recorrido pasa por la Sala Gasparini, antigua cámara de Carlos III y uno de los grandes interiores rococós de Europa; el Salón del Trono, donde los Reyes reciben a embajadores y autoridades; o el Salón de Columnas, que nació como salón de baile y ha sido testigo de algunos momentos importantes de la historia reciente, como la firma del acta de adhesión de España a la Comunidad Económica Europea y la abdicación de Juan Carlos I en 2014.
La Capilla Real, bajo una cúpula pintada al fresco, conserva una colección de instrumentos musicales y, desde hace unos meses, también se visita el Relicario y el Anterrelicario. El recorrido permite admirar también la Real Cocina —el ejemplo mejor conservado de las residencias reales europeas—, la Real Armería, con una de las colecciones más importantes de su género, y una destacada colección de pintura, entre las que se encuentran obras de Velázquez, Goya, Caravaggio o Sorolla.
Los jardines
No uno, sino dos espacios verdes rodean el Palacio Real de Madrid. Al norte están los Jardines de Sabatini; al sur, el Campo del Moro, un jardín histórico creado por Felipe II con más de 20 hectáreas. Está junto a Madrid Río y tiene entrada gratuita por la Cuesta de San Vicente y el Paseo Virgen del Puerto.
Curiosidades
Y bajo Madrid queda todavía una parte de la historia del palacio. Es el Túnel de Bonaparte, encargado por José Bonaparte a Juan de Villanueva en 1811 para comunicar el Palacio Real con el Palacio de los Vargas, en la Casa de Campo. Después de su reciente rehabilitación, hoy se puede recorrer un tramo.
Las actividades
Entre las joyas que guarda el palacio se encuentran cuatro instrumentos Stradivarius —dos violines, una viola y un violonchelo—, fabricados íntegramente por Antonio Stradivari y que todavía se utilizan en los conciertos que tienen lugar a lo largo del año en el Salón de Columnas y la Capilla Real.
El primer miércoles de mes se puede asistir a la ceremonia de relevo de la guardia real en la plaza de la Armería, frente a la catedral de la Almudena.
¿Cuánto cuesta la entrada?
18 € (visita libre) y 24 € (incluye la Galería de las Colecciones Reales).
PALACIO DE VERSALLES
A 25 kilómetros de París y a poco más de media hora en tren, Versalles es mucho más que un palacio. Si el de Madrid impresiona por sus dimensiones, el que fuera residencia de los reyes de Francia juega en otra escala. El edificio principal tiene 2.300 habitaciones y ocupa 63.154 metros cuadrados, y a su alrededor se extienden los jardines, el parque y dos palacios más pequeños, el Grand y el Petit Trianon, pensados para una vida más privada. Todo empezó con un pabellón de caza de Luis XIII, que Luis XIV fue convirtiendo en la gran residencia de la corte hasta instalar aquí el Gobierno en 1682. Durante más de medio siglo, Versalles siguió creciendo y cambiando al gusto de los sucesivos monarcas, hasta convertirse en símbolo del poder de la monarquía francesa y una de las grandes obras del clasicismo francés.
¿Quién vivió aquí?
Luis XIV hizo de Versalles el centro de la vida de la corte francesa. Después llegaron Luis XV y Luis XVI, que siguieron ampliando y transformando el palacio. María Antonieta, en cambio, buscó en el Petit Trianon un lugar más suyo, lejos de las ceremonias y de la rígida etiqueta de la corte. La historia de Versalles cambió de golpe en 1789. La Revolución obligó a Luis XVI y a la familia real a marcharse a París y, desde entonces, el palacio dejó de ser residencia de los monarcas.
De residencia real a museo
Versalles ya no es la casa de los reyes, pero el palacio no ha dejado de recibir visitantes; es más, ahora se cuentan por millones. Luis Felipe lo transformó en 1837 en Museo de Historia de Francia y sus salones siguen siendo escenario de grandes actos de Estado. Desde 1979, además, forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco.
Lo que no hay que perderse
La sala más reconocible de Versalles es la Galería de los Espejos. Sus 73 metros de largo, los 17 ventanales que se abren hacia los jardines y los 357 espejos que los enfrentan, junto a la bóveda decorada por Charles Le Brun, hacen de ella uno de los espacios más espectaculares del palacio. Aquí recibía el rey a los embajadores y se celebraban las grandes ceremonias de la corte. Mucho después, la sala volvería a entrar en los libros de historia, cuando en 1871 se proclamó aquí emperador de Alemania Guillermo I y en 1919 se firmó el Tratado de Versalles. Hoy también acoge conciertos.
El recorrido guiado incluye, entre otras estancias, la Capilla Real, terminada en 1710, la Galería de Historia, que recorre los cuatro siglos de transformaciones del conjunto, y la Ópera Real, inaugurada con motivo de la boda del futuro Luis XVI y María Antonieta.
María Antonieta, capítulo aparte
Para seguir las huellas de María Antonieta, hay que salir del palacio y acercarse al Petit Trianon. La reina se instaló allí en 1777 y convirtió algunas de sus estancias en espacios privados, alejados de la vida ceremonial de la corte. Entre ellas está su boudoir de los espejos móviles, un pequeño gabinete cuyos paneles podían subir y bajar para ocultar puertas y ventanas. También se conservan su dormitorio y su biblioteca.
El dominio de Trianon incluye, además del Grand Trianon, el Hameau de la Reine, el pequeño conjunto campestre asociado a María Antonieta.
Los jardines
Parterres, fuentes, esculturas, bosquetes y la Orangerie forman un enorme jardín donde la perspectiva tiene casi tanto protagonismo como la arquitectura. Los jardines de Versalles no son un complemento del palacio, son parte esencial de la visita y además su propia programación. Hasta finales de octubre en ellos tienen lugar los Jardines Musicales, de martes a viernes, y las Grandes Aguas Musicales, los fines de semana. En ambas propuestas se abren al público algunos de los bosquetes que habitualmente permanecen cerrados.
El hotel dentro de Versalles
Dormir dentro de Versalles también es posible. Le Grand Contrôle, abierto en 2021, ocupa el edificio que fue residencia del contralor general de finanzas de Luis XIV y construyó en 1681 Jules Hardouin-Mansart, el mismo arquitecto de la Galería de los Espejos, el Grand Trianon y la Capilla Real. Tiene 15 habitaciones y suites, restauradas a partir de un inventario de 1788, y entre sus experiencias ofrece visitas privadas al conjunto monumental y comer en su restaurante dirigido por Alain Ducasse.
Las actividades
Además de la visita al palacio, la Galería de los Espejos, la Capilla Real y la Ópera Real acogen conciertos, óperas y ballets. También hay un espectáculo de las fuentes y los jardines y visitas guiadas a espacios que no forman parte del recorrido habitual. En 2026, el palacio celebra los 20 años de Marie Antoinette, la película de Sofia Coppola, con una exposición en el Petit Trianon.
¿Cuánto cuesta la entrada?
El pasaporte que permite acceder a todo el conjunto —palacio, jardines y Trianon— cuesta entre 22 y 32 €, según la temporada.















