Pocas bodas han dado tanto que hablar como lo hizo la de Kate Middleton y el príncipe Guillermo. Desde que se anunciara su compromiso en noviembre de 2010, diez años después de que ambos se conocieran en la universidad, el acontecimiento fue ganando relevancia más allá de las fronteras británicas. El gran día llegó el 29 de abril de 2011, bajo una nube de cámaras y retransmisiones en todo el mundo.
La suya marcó una nueva era, siendo el primer enlace marcado por las nuevas tecnologías. Y es que medios de todos los países hicieron un gran despliegue, retransmitiendo en directo desde Londres. Un evento que se pudo seguir también de forma pionera por las redes sociales y que llegó a acumular unos 2.000 millones de espectadores.
A la abadía del Westminster acudieron los miembros de la familia real inglesa, pero también personalidades de la realeza extranjera, invitados ilustres y celebrities. Un total de 1.900 asistentes, entre los que se encontraban el rey Felipe VI y la reina Letizia —apostando por el made in Spain con un vestido en rosa palo firmado por Felipe Varela—, David y Victoria Beckham o figuras tan relevantes del mundo de la música y la moda, como Elton John o el fotógrafo Mario Testino.
La ceremonia tuvo lugar en la histórica abadía de Westminster, un imponente templo donde se ha coronado a los monarcas ingleses a lo largo de la historia y que ha acogido hasta 16 bodas reales: la primera fue la de Enrique I de Inglaterra con Matilde de Escocia, en 1100, y la última, precisamente, fue la de Kate y Guillermo en 2011 (el príncipe Harry se casó con Meghan Markle en 2018, pero fue en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor).
El príncipe Guillermo llegó a la abadía de Wetsminster acompañado por su hermano pequeño, que ejerció de padrino. Enfundado en el uniforme escarlata de la Guardia Irlandesa del Ejército Británico, esperó frente al altar a una radiante Kate Middleton, que apareció del brazo de su padre Michael.
La novia realizó una entrada que dejó sin aliento a los invitados que acudieron a la cita y lo hizo con el sonido de The Introit, la misma melodía que fue utilizada en la boda de la princesa Diana y el príncipe Carlos en 1981. Fue sin duda el momento más esperado, donde se reveló el secreto mejor guardado: su vestido de novia.
Un vestido de novia de encaje francés
La diseñadora Sarah Burton fue la responsable de dar forma a este diseño bajo la etiqueta de Alexander McQueen. Fusionando el clásico color blanco y el tono marfil en los detalles, la novia lucía un vestido de efecto satinado, compuesto por un cuerpo con manga larga realizado en encaje francés, que fue elaborado a mano por la Real Escuela de Costura del país —le dibujaron las flores más representativas de Reino Unido: la rosa, el cardo, el narciso y el trébol— y un corpiño a medida que se adaptaba a la perfección a su silueta. A ello se sumaba una voluminosa falda, con apliques y encaje color marfil, con tres metros de cola.
El diseño que eligió Kate Middleton recuerda al que llevó la inolvidable Grace Kelly en su boda con el príncipe Raniero III de Mónaco en 1956. Corsé, escote de corazón, manga larga, encajes, delicados bordados… Denominadores comunes que, años después, continúan siendo recursos muy demandados por las novias que buscan un diseño elegante y atemporal.
Zapatos a medida y un velo con flores bordadas
El look no habría estado completo sin los accesorios apropiados. A juego con el diseño, los zapatos fueron realizados para la ocasión por la misma firma responsable del vestido. Una información que tardó en trascender, puesto que el largo no permitió que se viera el calzado durante el gran día. Se trataba de un bonito modelo en satén, de color marfil, con puntera ligeramente redondeada y detalles de encaje.
El velo, sencillo de tul suave, contaba con un recorte de flores bordadas a mano por la Real Escuela de Costura. Siguiendo la tradición, llegó velada y con el rostro cubierto hasta que llegó al altar.
De la tiara a los pendientes, joyas con historia
La actual princesa de Gales llevó el día de su boda unos pendientes creados en exclusiva por la firma de joyería Robinson Pelham. Un diseño colgante de diamantes inspirado en el escudo de la familia Middleton, compuesto de bellotas y hojas de roble, que fueron un regalo de sus padres.
Aunque sin duda, la gran protagonista fue la tiara Halo de Cartier, una de las joyas más especiales de Isabel II, que la recibió de su madre en su 18º cumpleaños (el duque de York, que más tarde recibió el título del rey Jorge VI, se la regaló a su esposa, la Reina Madre, en 1936). Se trata de una pieza compuesta por 739 diamantes de talla brillante y 149 diamantes baguette. Aunque la reina Isabel II nunca la utilizó en público, sí lo hicieron en ciertas ocasiones su hermana Margarita y la princesa Ana.
El ramo con el que homenajeó al príncipe Guillermo
Kate Middleton eligió un ramo compuesto por lirios del valle, jacintos, hiedra y mirto —siguiendo la tradición de las novias reales—, al que añadió flores Sweet William. El nombre de esta variedad, que en inglés significa literalmente “dulce William” (Guillermo), se interpreta como un guiño directo y muy romántico al príncipe.
El ramo fue creado por Shane Connolly, que también diseñó el de la reina Camilla. En una entrevista concedida a ¡HOLA!, el florista irlandés explicaba que ninguna de las dos necesitaba impresionar a nadie, y por eso creó para ellas diseños sencillos. En cuanto al tamaño, se decantó por bouquets pequeños porque, aseguraba, nunca le han gustado los grandes por lo incómodos de llevar que resultan para la mayoría de mujeres.
El segundo vestido de novia de Kate Middleton
Para la recepción en el Palacio de Buckingham aquel 29 de abril de 2011, Kate Middleton cambió aquel espectacular diseño de Sarah Burton por otro más cinematográfico.
La misma diseñadora dio forma a este segundo look nupcial con escote palabra de honor, tejido satinado y cinturón de pedrería, que la duquesa de Cambridge acompañó con un bolero de angora. En términos de belleza, dejó su melena suelta, dando al conjunto un aire más relajado.















