Jacqueline Kennedy fue mucho más que la primera dama de Estados Unidos entre 1961 y 1963: redefinió la imagen institucional de la Casa Blanca y convirtió su forma de vestir en un gran referente estético de la política internacional, la cual sigue inspirando décadas después. Coincidiendo con el que habría sido su 97.º cumpleaños, resulta inevitable fijarse en otra primera dama que, a lo largo de los últimos años, ha recuperado muchos de sus códigos de estilo. Desde los colores lisos hasta la sastrería impecable, pasando por los guantes blancos, los sombreros o las siluetas estructuradas, Melania Trump ha construido parte de su imagen pública mirando, consciente o inconscientemente, hacia el armario de Jackie Kennedy.
Una admiración que va mucho más allá de la moda
Aunque sus trayectorias políticas y personales sean muy diferentes, existen numerosos paralelismos entre ambas cuando se analiza su manera de vestir. Jacqueline Kennedy convirtió los vestidos de línea A, los trajes de chaqueta perfectamente estructurados y los colores sólidos en su sello personal. También fue una firme defensora de la alta costura europea, una elección que compartió con Melania Trump desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
Mientras Jackie colaboró estrechamente con el diseñador Oleg Cassini y adaptó diseños de Chanel para confeccionarlos en Estados Unidos, Melania ha confiado habitualmente en firmas como Dior, Givenchy o Dolce & Gabbana. Todas ellas forman parte también de la historia del armario de Jacqueline Kennedy.
La actual primera dama parece compartir además otra de las máximas de Jackie: apostar por prendas atemporales, favorecedoras y alejadas de las tendencias pasajeras, construyendo una imagen elegante que apenas necesita adornos.
El vestido rosa que recordó a una histórica cena de Estado
Uno de los guiños más evidentes llegó durante la cena de Estado organizada en la Casa Blanca con motivo de la visita del rey Carlos III y Camila.
Para una de las citas diplomáticas más importantes de los últimos años, Melania Trump eligió un espectacular vestido palabra de honor de seda rosa firmado por Dior Haute Couture y diseñado por Jonathan Anderson. Completó el look con largos guantes blancos de ante y unos zapatos del mismo tono, en un conjunto donde cada detalle parecía cuidadosamente estudiado.
La elección recordó inmediatamente a otro de los vestidos más famosos de Jacqueline Kennedy. En 1962, durante una cena de Estado celebrada en honor del entonces ministro francés de Cultura, André Malraux, la primera dama apareció también con un vestido palabra de honor rosa de Christian Dior acompañado de largos guantes blancos y joyas de diamantes.
El traje azul que evocó una de las imágenes más icónicas de Jackie
Si hubo un look que despertó comparaciones inmediatas fue el que Melania Trump lució durante la investidura presidencial de Donald Trump en 2017.
Diseñado por Ralph Lauren, el conjunto estaba formado por un vestido azul empolvado de cuello cerrado y una chaqueta corta perfectamente estructurada. Guantes de ante, zapatos de salón y un bolso de mano completaban una imagen absolutamente clásica.
La referencia era evidente.
En la investidura presidencial de John F. Kennedy, en 1961, Jackie lució un traje prácticamente del mismo tono diseñado por Oleg Cassini y rematado con el inolvidable sombrero pillbox creado por Halston, una de las imágenes más reconocibles de toda la historia política estadounidense.
Aquel homenaje fue interpretado por numerosos expertos como una declaración de intenciones: Melania quería construir una imagen de primera dama elegante, clásica y alejada de la estridencia.
El traje rojo que volvió a situar a Dior en el centro de la escena
Durante un viaje oficial a París en 2017, Melania volvió a recurrir a otro de los recursos más característicos de Jacqueline Kennedy.
En esta ocasión apostó por un impecable traje rojo de Christian Dior inspirado en la mítica Bar Jacket de la firma francesa, diseñado coincidiendo con el 70.º aniversario de la maison. Lo combinó con zapatos del mismo color, un sofisticado recogido y unas grandes gafas de sol, otro accesorio inseparable de Jackie.
La comparación surgió casi de inmediato.
En 1962, Jacqueline Kennedy había aparecido con un traje rojo muy similar durante una intervención relacionada con el futuro Centro Nacional de Cultura, posteriormente rebautizado como Kennedy Center.
Cinturas marcadas y siluetas impecables
No todas las referencias son tan evidentes como un color o un vestido concreto. Hay un elemento que aparece repetidamente en los armarios de ambas mujeres: la cintura perfectamente definida.
Durante un viaje oficial a Arabia Saudí, Melania lució un mono negro de manga francesa acompañado de un ancho cinturón dorado que transformaba completamente la silueta. Aquel detalle recordaba a la manera en que Jacqueline Kennedy utilizaba cinturones anchos para acentuar el talle en muchos de sus vestidos de noche, como el inolvidable diseño verde agua que llevó en la Metropolitan Opera de Nueva York en 1967.
El traje blanco que demuestra que la inspiración no termina en los vestidos
Otra de las coincidencias más interesantes aparece en la sastrería.
Durante ese mismo viaje a Arabia Saudí, Melania eligió un sofisticado traje blanco de Dolce & Gabbana combinado con un jersey negro de cuello alto y salones del mismo color. El conjunto respondía al equilibrio entre elegancia europea y respeto por el protocolo del país anfitrión. Este año ha rescatado el mismo estilo durante el Fostering the Future Together Global Coalition Summit en la Casa Blanca.
Años antes, tras abandonar la Casa Blanca, Jacqueline Kennedy convirtió el traje pantalón en una de sus prendas favoritas durante su etapa junto a Aristóteles Onassis. Firmas como Valentino confeccionaron algunos de los conjuntos más recordados de aquellos años, siempre con tejidos de gran calidad, líneas limpias y pantalones de pierna ancha.
En ambos casos, el protagonismo recaía en el impecable patronaje y en una confección pensada para perdurar más allá de las modas.
Dos primeras damas separadas por seis décadas, unidas por una misma idea de elegancia
La influencia de Jacqueline Kennedy sigue muy presente más de sesenta años después de su paso por la Casa Blanca. Su manera de entender la moda —basada en la sobriedad, la calidad de los tejidos, la sastrería impecable y una elegancia sin excesos— continúa siendo una referencia para numerosas mujeres, también para Melania Trump.
Más que reproducir prendas concretas, la actual primera dama ha recuperado el lenguaje visual que convirtió a Jackie en uno de los mayores iconos de estilo del siglo XX. Los vestidos estructurados, los colores lisos, los guantes, los sombreros o los trajes perfectamente cortados forman parte de un mismo discurso estético que sigue funcionando generación tras generación.















