Entrevista

Matías Prats recuerda el 11-S 25 años después en ¡HOLA!: "No dejo de preguntarme si estuve a la altura"


El periodista nos cuenta cómo vivió "las ocho horas más largas de la televisión" y se emociona al mencionar a su gran amigo Ricardo Ortega, asesinado en 2004


Matías Prats en 'El Hormiguero' recordando el atentado del 11 de septiembre© EL HORMGUERO
María MedinaRedactora de actualidad
11 de septiembre de 2026 a las 6:22 CEST

Se cumplen 25 años del 11-S, el atentado que cambió para siempre el mundo y que convirtió la retransmisión de Matías Prats en una de las coberturas más recordadas de la televisión. El periodista estaba a punto de comenzar el telediario del mediodía en Antena 3 cuando el realizador le comunicó que acababan de llegar imágenes de una de las Torres Gemelas envuelta en humo. Inmediatamente después, la orden fue: "Nos vamos a Nueva York. Narra lo que veas". Y así lo hizo. Junto a Ricardo Ortega, el corresponsal de guerra que murió a los 37 años en Haití a causa de dos disparos. 

Se cumplen 25 años del 11-S: Así lo contó Matías Prats en directo en Antena 3 Noticias© Antena 3 Noticias
Se cumplen 25 años del 11-S: Así lo contó Matías Prats en directo en Antena 3 Noticias

25 años después, Matías Prats sigue estremeciéndose al recordar aquella jornada, especialmente cuando habla de su buen amigo. "Ricardo fue una figura fundamental en aquella cobertura y es inseparable de mi recuerdo del 11-S. Me emociona que la frase más recordada de aquella jornada lleve implícito su nombre: 'La otra torre, Ricardo'". 

Se cumplen 25 años del 11-S: Así contó Matías Prats y Ricardo Ortega en directo en Antena 3 Noticias© Antena 3 Noticias
Se cumplen 25 años del 11-S: Así contó Matías Prats y Ricardo Ortega en directo en Antena 3 Noticias

Han pasado 25 años desde una de tus coberturas más recordadas. Imagino que habrás vuelto a visualizar aquellas imágenes muchas veces. Si hoy tuvieras que cubrir de nuevo el 11-S, ¿lo harías de la misma manera o hay algo que te habría gustado hacer de otra forma?

No dejo de preguntarme si estuve a la altura de la exigencia de aquel acontecimiento brutal. Nadie está preparado para algo así; al menos, yo no lo estaba. Todo sucedió con un vértigo imposible de dominar: pasamos del 'parece que una avioneta, un pequeño avión, se ha estrellado contra una de las Torres Gemelas' a contemplar una enorme mortandad y la destrucción absoluta.

Hoy creo que actuaría de una manera muy parecida. Fui consciente de la fuerza visual y de la potencia descomunal de aquellas imágenes y procuré ponerme a su servicio. Traté de aportar sosiego y, sobre todo, rigor en medio de las incertidumbres que rodeaban lo que estaba sucediendo. Intenté no adelantar informaciones que no estuvieran corroboradas y evitar tanto el alarmismo como la precipitación.

No daba tiempo a pensar. Era una lucha constante con mi cerebro, que se negaba a procesar lo que mis ojos estaban viendo. El gran reto no fue técnico, porque era imposible contar con imágenes más explícitas, sino humano: ¿cómo le pides calma a quien te escucha cuando tú mismo estás sintiendo un terror absoluto ante el micrófono? Si tuviera que cubrirlo de nuevo, intentaría mantener esos mismos principios: prudencia, rigor y serenidad. Aunque, con la experiencia adquirida, probablemente sería más consciente de la necesidad de administrar también la emoción.

¿Cuántas horas llegaste a trabajar aquel día en la redacción? ¿Qué ambiente había entre los compañeros? ¿Erais conscientes de que estabais ante una noticia que iba a cambiar el rumbo del mundo?

La cobertura se prolongó durante ocho horas ininterrumpidas en directo, algo histórico para una televisión comercial. Todo comenzó de una manera muy confusa. Cuando me estaba sentando ante las cámaras para iniciar el informativo de mediodía, el realizador me dijo que le llegaban imágenes de una de las Torres Gemelas de Nueva York despidiendo humo, como si se tratara de un incendio, y que las emitiría a lo largo del programa.

Le pregunté: 'Pero ¿sabes qué ha pasado?'. Y me respondió, lacónicamente: 'Ni idea'. Con esa sensación de incertidumbre y desconocimiento comencé el informativo. Di paso al primer vídeo, dedicado al escándalo del caso Gescartera, y, durante ese minuto en el que estuve fuera de pantalla, el director me dijo: 'Nos vamos a Nueva York. Narra lo que veas'. Jamás pude imaginar a qué tendría que poner voz. Fueron ocho horas asomado al más terrible de los abismos; las ocho horas más largas de la televisión.

Al principio no éramos conscientes de la verdadera dimensión de lo que estaba ocurriendo. Pero todo cambió muy deprisa. Llevábamos exactamente tres minutos en antena y ya habíamos conectado con nuestro corresponsal en Nueva York, Ricardo Ortega. Apenas empezábamos a explicar lo sucedido cuando apareció en pantalla una bola de fuego procedente de la otra torre. Fue entonces cuando pronuncié la frase que más se recuerda de aquella jornada: 'Y ahora, otra explosión. Y es en la otra torre, Ricardo. La otra torre… Es otro avión. Dios santo'. Unos segundos después, la televisión estadounidense ofreció las imágenes del impacto del avión de United Airlines atravesando el edificio. En ese instante comprendimos que estábamos ante algo de una magnitud desconocida y que el mundo acababa de cambiar.

Cuando se apagaron las luces del plató, el silencio en el estudio fue ensordecedor. Nadie hablaba. Los compañeros que tanto me habían ayudado durante aquellas horas se acercaron a darme la mano. Recuerdo haberme abrazado con muchos de ellos, aunque no puedo ponerles cara: era como si yo estuviera ausente. Aquella transmisión supuso un antes y un después para los informativos de Antena 3, pero era imposible celebrarlo. Nadie podía desprenderse del dolor, el luto y el sobrecogimiento por lo que acabábamos de vivir. La tristeza lo inundaba todo.

Después del 11-S has cubierto otros acontecimientos históricos y grandes tragedias, pero ¿ha habido alguno que, a nivel periodístico, haya superado en intensidad a lo ocurrido aquel día?

 Durante mi vida profesional he realizado muchas coberturas, algunas de especial envergadura, pero ninguna ha superado la intensidad del 11-S. No solo por la dimensión histórica de lo ocurrido, sino también por la manera en que tuvimos que contarlo: en directo, sin apenas información y mientras el horror se desarrollaba ante nuestros ojos.

Fue un carrusel de emociones que todavía hoy me pregunto cómo pudimos intentar controlar. Han transcurrido 25 años, pero el recuerdo permanece intacto, como si el tiempo no hubiera pasado.

Aquella cobertura la compartiste con un gran periodista y amigo, Ricardo Ortega, asesinado en Haití en 2004. Imagino que este 25.º aniversario tendrá también un significado muy especial para ti por su recuerdo. ¿Lo tienes especialmente presente hoy? 

Sí, especialmente. Hay palabras y nombres que, al escucharlos o pronunciarlos, producen en mí una especie de resorte que me devuelve inmediatamente a aquel día: Torres Gemelas, American Airlines, Al Qaeda, Bin Laden y, por encima de todos, Ricardo Ortega.

Ricardo fue una figura fundamental en aquella cobertura y es inseparable de mi recuerdo del 11-S. Me emociona que la frase más recordada de aquella jornada lleve implícito su nombre: 'La otra torre, Ricardo'. Con el paso del tiempo, esas palabras se han convertido también, para mí, en un homenaje al amigo y al gran reportero que fue.