La Reina Letizia es una gran lectora y, en ocasiones, los libros que lleva consigo terminan convirtiéndose en protagonistas inesperados de sus viajes. Ha vuelto a suceder a su llegada a Oslo, adonde los Reyes se desplazaron para asistir al funeral del rey Harald V de Noruega. Entre las pertenencias de Letizia podía verse un ejemplar de El loro de Flaubert, una de las obras más conocidas del escritor británico Julian Barnes.
La elección resulta especialmente significativa este año. Barnes ha sido distinguido con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026 y su literatura lleva décadas explorando cuestiones como la memoria, el amor, el paso del tiempo o esa manera tan humana que tenemos de reconstruir nuestra propia vida a medida que la recordamos.
Precisamente, entre las reflexiones de El loro de Flaubert encontramos una que podría explicar algo que todos hemos experimentado alguna vez: "La felicidad se encuentra a menudo en la anticipación y el recuerdo más que en la acción misma". Una frase que nos lleva a preguntarnos por qué podemos disfrutar durante semanas pensando en un viaje que todavía no hemos hecho o sentirnos bien recordando unas vacaciones que terminaron hace meses.
Y es que la felicidad no siempre coincide exactamente con el momento en el que sucede aquello que deseábamos. A veces comienza mucho antes y continúa después. El psicólogo José Martín del Pliego nos ayuda a entender por qué nuestra mente tiene esa capacidad y, sobre todo, cuándo anticipar lo bueno puede ayudarnos y cuándo corremos el riesgo de vivir demasiado pendientes de un futuro idealizado.
Quién es Julian Barnes, el escritor que está leyendo la Reina Letizia
Julian Barnes nació en Leicester, Inglaterra, en 1946 y está considerado uno de los grandes escritores británicos contemporáneos. Estudió Lenguas Modernas en la Universidad de Oxford y, antes de dedicarse plenamente a la literatura, trabajó como lexicógrafo, crítico y periodista. Como adelantábamos, en 2026 ha recibido el Premio Princesa de Asturias de las Letras, cuyo jurado ha destacado, entre otros aspectos, el papel que ocupa la memoria en su obra.
Publicó su primera novela, Metrolandia, en 1980, aunque su consagración internacional llegaría pocos años después con El loro de Flaubert, publicada en 1984. El libro fue finalista del Booker Prize y convirtió a Barnes en un autor reconocido mucho más allá del Reino Unido.
Su bibliografía es extensa y en España buena parte de su obra ha sido publicada por editorial Anagrama. Entre sus títulos se encuentran Niveles de vida, Nada que temer, Inglaterra, Inglaterra, La única historia, Elizabeth Finch o El sentido de un final, novela con la que ganó el Booker Prize en 2011, entre muchos títulos más. A todos ellos se suma Despedidas, su libro más reciente.
Qué significa la frase de Julian Barnes sobre la felicidad
Pensemos en algo tan sencillo como preparar unas vacaciones. Durante semanas miramos fotografías del lugar, buscamos restaurantes, imaginamos cómo será despertarnos frente al mar y hablamos de todo lo que haremos cuando lleguemos. Todavía estamos sentados en casa y, sin embargo, una parte del viaje ya ha comenzado.
Después llega la realidad. Puede hacer mal tiempo, estamos cansados, el hotel no es exactamente como aparecía en las fotografías o ese restaurante que llevábamos meses esperando resulta simplemente normal. Y, curiosamente, cuando han pasado unos meses nuestra memoria vuelve a intervenir: quizá conservemos la puesta de sol, una conversación o aquel baño maravilloso y el resto vaya perdiendo importancia.
Eso es, en buena medida, lo que plantea Barnes. Nuestra experiencia de la felicidad no pertenece exclusivamente al presente. Podemos disfrutar de algo antes de vivirlo mediante la imaginación y regresar a ello después gracias al recuerdo. Y tanto la anticipación como la memoria tienen una particularidad: nuestra mente puede seleccionar lo que le interesa y eliminar buena parte de los inconvenientes que inevitablemente introduce la realidad.
Por qué pensar en algo que nos hace ilusión nos hace sentir mejor
Para José Martín del Pliego, existe una explicación psicológica y cerebral para esa agradable sensación que aparece cuando esperamos algo bueno. "Cuando imaginamos algo positivo se generan dopamina y endorfinas que te dan placer, pero sin coste ninguno", explica.
Ese "sin coste" es importante. Cuando fantaseamos con unas vacaciones no aparece el cansancio del viaje, ni las colas, ni el calor, ni las aglomeraciones. Podemos construir una versión prácticamente perfecta de lo que sucederá.
"En la anticipación generamos un escenario perfecto, creado por nosotros, que nos genera mucha dopamina. Y la anticipación de algo positivo es muy placentera", señala el psicólogo.
Además, nuestra imaginación tiene una enorme capacidad para hacer presente aquello que todavía no ha ocurrido. "Cuando estamos imaginando que vamos a hacer algo, se nos están activando zonas de nuestro cerebro que se activan también cuando lo vamos a hacer. Entonces, en esa anticipación es mucho más sencillo darnos toda esa dopamina porque el cerebro está como si estuviera allí", explica Martín del Pliego.
De ahí que esperar algo que nos hace ilusión pueda convertirse por sí mismo en una experiencia agradable.
Anticipar algo bueno también nos da motivación
La anticipación positiva no solo sirve para sentir placer. Tiene otra función esencial: empujarnos a actuar. "Nuestro cerebro está disfrutando. Eso es lo que nos da esa energía para motivarnos a hacer cosas", señala Martín del Pliego. El psicólogo define esa energía anticipadora como una especie de "gasolina" que nos permite dirigirnos hacia aquello que realmente queremos.
Lo vemos continuamente en nuestra vida. Pensar en el encuentro con alguien a quien queremos nos lleva a organizarlo. Imaginar el lugar que deseamos conocer hace que terminemos comprando los billetes. Incluso pensar en cómo nos sentiremos después de hacer ejercicio puede ayudarnos a levantarnos del sofá.
Por tanto, tener cosas que esperar puede ser positivo. La ilusión moderada, insiste el especialista, "nos genera esa gasolina motivante para estar en movimiento y hacer cosas que son agradables y nos hacen sentir bien".
Por qué imaginar unas vacaciones puede ser mejor que vivirlas
Hay, sin embargo, una pequeña trampa. Como ya anticipábamos, la imaginación juega con ventaja frente a la realidad. "Cuando anticipamos en nuestra fantasía generamos un entorno bastante idílico en el que nos podemos permitir imaginar el mejor de los escenarios", explica Martín del Pliego. Cuando finalmente llega el momento, entran en escena circunstancias que no habíamos incluido en nuestra película mental.
"Nosotros vamos a estar allí con nuestro cuerpo, que tiene sus propias cargas, sus propios inconvenientes. Nos vamos a encontrar con cosas que no son como habíamos imaginado", señala.
Y eso no significa necesariamente que la experiencia haya sido mala. Quizá la habíamos imaginado demasiado perfecta. "Nuestra cabeza, en la fantasía, hace que todo esté en consonancia con nuestros propios deseos", recuerda el psicólogo. La realidad, inevitablemente, tiene otros planes.
Cuando esperar algo bueno nos hace desconectar del presente
Ilusionarnos es saludable. Vivir permanentemente esperando que llegue el siguiente acontecimiento feliz puede no serlo.
"Cuando metemos demasiada intensidad a la fantasía nos podemos desligar un poco del presente", advierte Martín del Pliego. Y septiembre es un momento especialmente apropiado para entenderlo.
El psicólogo pone como ejemplo a quienes pasan prácticamente todo el año esperando las vacaciones. Durante meses construyen mentalmente ese periodo perfecto que compensará el cansancio, la rutina o una vida cotidiana que no les satisface. "Hay gente que está todo el año fantaseando con esas vacaciones".
El problema es que cuando llegan, no siempre son exactamente como las habíamos imaginado. Y después toca volver. Y la vuelta es un cataclismo, porque están otra vez con esa realidad que no les gusta y tienen que volver a fantasear con otra cosa", explica.
Por eso establece una diferencia importante: una cosa es tener ilusiones y otra necesitar escapar mentalmente de nuestra vida. "Las fantasías moderadas están bien. Si mi vida presente no la quiero mirar y me traslado al futuro de forma demasiado fantasiosa, normalmente lo que ocurre es que se generan muchas frustraciones y no se vive el presente como se debe".
Por qué recordar momentos felices también nos hace sentir bien
En el libro que se ha llevado de Reina Letizia a Oslo, Barnes no habla únicamente de anticipación. La segunda parte de su frase nos lleva al otro extremo del tiempo: el recuerdo.
"Anclarnos al pasado tiene que ver también con la otra cara de la misma moneda: es búsqueda de gratificación", explica Martín del Pliego. Nuestro cerebro conserva especialmente determinados momentos cargados de emoción y puede recuperarlos tiempo después.
Por eso, cuando pensamos en aquellas vacaciones de hace años, probablemente no hagamos un inventario objetivo de todo lo que sucedió. Recordamos una cena, una playa, una conversación o aquella sensación de libertad. "Normalmente nos vamos a picos de emoción que hemos tenido en las vacaciones, escenas, momentos concretos en los que nos hemos sentido bien", señala.
Y unos pocos instantes pueden terminar coloreando una experiencia entera. "El cerebro tiene esa capacidad de, con pocos datos, conectar con una emoción y teñir todas las vacaciones de esa emoción, aunque luego, si lo miramos analíticamente, a lo mejor las vacaciones no fueron demasiado buenas".
Eso explicaría también por qué dos personas pueden recordar de manera muy diferente unas mismas vacaciones o una misma etapa de su vida. No recuperamos el pasado como si reprodujéramos una grabación: lo reconstruimos.
La clave está en no vivir siempre en el futuro o en el pasado
Anticipar y recordar forman parte del funcionamiento normal de nuestra mente. De hecho, José Martín del Pliego considera que ambas tendencias responden a un mecanismo parecido: "Es una forma del sistema de buscar bienestar de alguna manera".
Hay personas que encuentran con mayor facilidad esa emoción positiva proyectándose hacia el futuro y otras que regresan al pasado. Ninguna de las dos cosas tiene por qué ser negativa mientras no nos impida estar donde realmente transcurre nuestra vida: el presente.
"Por eso se trabaja tanto ahora todo lo que tiene que ver con vivir el aquí y el ahora. Estar focalizados en el aquí y en el ahora es muy importante porque hay personas que están en otro sitio, no están en su presente", advierte el psicólogo. Por lo que hay que recordar que la vida es lo que está sucediendo ahora.













