Las lágrimas se han convertido en la aventura que ha recorrido cada uno de los rostros de quienes han estado presentes en el último adiós al monarca noruego. Un momento de especial emoción en el que los lazos compartidos se han convertido en el abrazo continuo de esta despedida —en la que una comitiva compuesta por todos los miembros de las casas reinantes de Europa— ha seguido a los restos mortales de quien ha reinado sobre el país nórdico los últimos treinta y cinco años. Una jornada en la que, tras la salida al balcón de los nuevos miembros de la Familia Real, el Palacio Real de Oslo se ha convertido en escenario de una histórica recepción, en la que Haakon VIII —sin la presencia de la reina Mette-Marit— ha recibido a los mandatarios más destacados del mundo que se han desplazado hasta la capital nórdica para decir adiós a quien había conseguido extender sus redes de afecto entre todas y cada una de las dinastías reinantes de Europa, dejando imágenes para la posteridad.
© WireImageEl comienzo del traslado de Harald V
Una despedida que comenzó ayer en el Palacio Real de Oslo, con los miembros de la nueva Familia Real mostrando sus respetos al difunto Harald V y dando así inicio a una histórica ceremonia, tan solemne como simbólica, en la que destacó la profunda emoción de cada uno de los mandatarios y representantes de las distintas casas reales que se desplazaron hasta el lugar. Tras este primer momento, el cuerpo del Rey salió por última vez del Palacio Real para dirigirse hasta la Catedral de Oslo, donde se dieron cita representantes de las dinastías reinantes para ofrecer su último adiós al monarca fallecido.

Los miembros de la realeza se dan cita en Oslo
Una salida que, precisamente, estuvo encabezada por los miembros de su propia familia, protagonistas de una jornada marcada en todo momento por la solemnidad y por el enorme peso histórico de lo que estaba sucediendo. El silencio y el respeto acompañaron cada uno de los pasos dados durante un recorrido que ponía punto final a más de tres décadas de reinado y que abría, inevitablemente, una nueva página para la monarquía noruega.
© Det Norske KongehusetLa presencia de Don Felipe y Doña Letizia
Entre los rostros que ayer quisieron acompañar a la Familia Real Noruega en este momento histórico también destacaron los del rey Felipe VI y la reina Letizia, quienes se desplazaron hasta Oslo para despedir personalmente a Harald V. Su presencia puso de manifiesto, una vez más, la estrecha relación que une a la Corona española con la noruega, compartiendo con el resto de las casas reales europeas una jornada marcada por el respeto, la solemnidad y la emoción. Ambos participaron en los actos de despedida del monarca, arropando a la nueva Familia Real en el inicio de una etapa que supone un antes y un después para la monarquía del país nórdico.
© Casa de S.M. El ReyLa despedida más triste de la reina Sonia
Tras la comitiva integrada por las distintas dinastías, el cortejo ha llegado a la Catedral de Oslo, donde se depositaron los restos para dar inicio a una solemne misa en la que la emoción, las lágrimas y las sonrisas que evocaron la vida del monarca fueron las grandes protagonistas, dejando uno de los momentos más conmovedores del día. Fue allí donde cada rey, reina, príncipe, princesa y mandatario tomaron asiento, aunque la reina Sonia centró todas las miradas en una de las imágenes más desgarradoras de la jornada al depositar una rosa sobre el ataúd que custodiaba al amor de su vida. Un broche final a un romance de 58 años que ha sostenido el compromiso de toda una vida dedicada al servicio de la Corona.
© Det Norske KongehusetEl discurso de la princesa Victoria
Fue en la misma Catedral de Oslo donde destacó la presencia de numerosos miembros de las familias reales europeas que se desplazaron hasta el país nórdico para poner de relieve los lazos históricos y personales que unen a las distintas dinastías. Sin embargo, fue la princesa Victoria de Suecia la encargada de poner el broche de oro a la ocasión con un emocionante discurso con el que rindió homenaje a su padrino. El rey Harald fue padrino de Victoria desde su bautizo, en 1977, y mantuvo con ella una relación muy cercana y afectuosa a lo largo de los años, por lo que esta despedida estuvo inevitablemente marcada por la emoción y por los recuerdos compartidos.
© Det Norske KongehusetAstrid, la hermana invencible
Otro de los rostros que adquirió un especial protagonismo ayer fue el de la princesa Astrid de Noruega, hermana del difunto Harald V, quien vivió la jornada con una emoción especialmente difícil de ocultar. Siempre muy vinculada a la Corona y a su familia, Astrid estuvo presente en este histórico adiós acompañando a los suyos y rindiendo homenaje a quien, además de su hermano, había sido durante décadas el Rey de Noruega. Su presencia adquirió así un significado especialmente simbólico, al representar la memoria de una generación de la Familia Real que ayer despedía a uno de sus pilares mientras asistía, al mismo tiempo, al nacimiento de una nueva etapa para la monarquía noruega.
© GTRESEl permiso especial de Marius Borg
Marius Borg se convirtió también en otro de los protagonistas de la jornada, al volver a demostrar el lugar que ocupa dentro de la Familia Real de Noruega. A pesar de no contar con títulos que lo representen ni con un linaje dinástico, ayer fue sentado entre reyes y reinas después de haber conseguido un permiso especial por parte del Tribunal de Oslo para poder asistir a la despedida. Una situación especialmente llamativa teniendo en cuenta que cumple prisión preventiva en el Palacio de Skaugum, tras haber sido declarado de 34 delitos, entre ellos dos violaciones, amenazas, posesión de armas y sustancias ilícitas. Sin embargo, todo ese reflejo quedó ayer en un segundo plano ante la necesidad de despedir a quien había sido, en definitiva, su abuelo político y una figura fundamental dentro de la familia.
© WireImageEl saludo desde el balcón del Palacio Real
Una vez finalizada la ceremonia que rendía tributo al monarca, Noruega se preparó para uno de los momentos más destacados de la jornada, como es la primera aparición en el balcón de la nueva Familia Real de Noruega. Haakon y Mette-Marit debutaron así como reyes del país nórdico, protagonizando una escena cargada de simbolismo en la que la emoción no tardó en hacerse presente.
© Det Norske KongehusetEl futuro de la Corona
En este mismo enclave también estuvieron la princesa Ingrid Alexandra —heredera al trono del país— y el príncipe Sverre Magnus, quienes no quisieron dejar solos a sus padres en un momento tan especial y trascendental para la historia de la monarquía noruega. Juntos compartieron una imagen que reflejaba el inicio de una nueva etapa, aunque con la inevitable ausencia de quien hasta ayer había sostenido la Corona del territorio noruego durante más de treinta y cinco años.
© WireImageLa reina Sonia más emocionada que nunca
Una reina que, completamente rota, se dejó llevar por la emoción ante los vítores, los aplausos y cada uno de los sentimientos que los presentes en los jardines del Palacio Real de Oslo transmitieron mientras daban la bienvenida al nuevo Rey y, al mismo tiempo, despedían a quien durante décadas había representado a Noruega. Una única imagen que dejó para la posteridad momentos tan simbólicos como destacados y que quedará enmarcada para siempre como el comienzo de un nuevo reinado. Una nueva historia que ahora tiene a Haakon y Mette-Marit como protagonistas y que arranca inevitablemente mirando hacia atrás, con el recuerdo de Harald V todavía muy presente.
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