Funeral de Estado en la Catedral de Oslo

La tristeza de la reina Sonia al despedir al rey Harald: sus lágrimas en el cortejo fúnebre y el consuelo de la reina Mette-Marit


El último adiós al hombre con el vivió 58 años


© AFP via Getty Images
Sira AcostaPeriodista senior de Realeza y Guionista
9 de septiembre de 2026 a las 12:29 CEST

La unión del rey Harald y la reina Sonia es una de las más emocionantes de la realeza europea: un romance que desafió a su tiempo y modernizó una institución que, en los años sesenta, aún vivía anclada en alianzas dinásticas. Su determinación abrió una puerta que hoy parece evidente: que un futuro rey también podía casarse por amor. Este miércoles 9 de septiembre en la Catedral de Oslo, esa misma mujer que revolucionó la monarquía europea, no solo la realeza noruega, despide al compañero con el que compartió casi 58 años de matrimonio (falleció el día antes de su aniversario) de una vida excepcional. Lo hace arropada por los suyos, pero con una profunda tristeza. La reina Sonia siguió en coche el féretro de su marido, participando así en un desgarrador cortejo fúnebre en el que encontró el consuelo en la nueva reina, Mette-Marit de Noruega. 

Sonia de Noruega en el cortejo fúnebre© Getty Images
Sonia de Noruega siguió el cortejo fúnebre el coche, junto a la reina Mette-Marit

Mientras el nuevo rey Haakon de Noruega avanzaba a pie junto a la princesa heredera Ingrid y los príncipes Sverre y Marta Luisa, la reina viuda, Sonia de Noruega, de 89 años y con recientes complicaciones de corazón, seguía el cortejo en coche acompañada por la nueva reina, Mette-Marit, que se recupera de su trasplante de pulmón y fue quien le dio consuelo en el que posiblemente sea uno de los días más tristes de su vida. 

Sonia de Noruega ha seguido la procesión fúnebre en un coche junto a la reina Mette-Marit © Getty Images

La reina viuda dice adiós al hombre al que acompañó en lo institucional y con el que disfrutó de una complicidad excepcional hasta el útimo día. Juntos navegaron desde los campamentos de vela de su adolescencia hasta el yate real; viajaron siempre que pudieron, desde Malasia hasta Tenerife, en vacaciones privadas que a veces terminaban saliendo a la luz por los achaques de salud de un rey que nunca perdió las ganas de viajar, de vivir y de bromear. En ellos convivía el deber y la familia, la oficialidad y el amor, como si fueran dos planos inseparables de una misma biografía. "Ella significó todo para mí", reconoció el rey Harald en una de sus entrevistas. 

El rey Haakon, la princesa heredera Ingrid y los príncipes Sverre y Marta Luisa han seguido el féretro a pie, mientras la reina Sonia y la reina Mette-Marit seguían sus pasos en coche© Getty Images
El rey Haakon, la princesa heredera Ingrid y los príncipes Sverre y Marta Luisa han seguido el féretro a pie, mientras la reina Sonia y la reina Mette-Marit seguían sus pasos en coche
Imagen del Palacio Real de Oslo en este histórico 9 de septiembre de 2026 en el que Noruega despide al rey Harald© Getty Images
Imagen del Palacio Real de Oslo en este histórico 9 de septiembre de 2026 en el que Noruega despide al rey Harald

El amor que cambió la historia

La historia de amor de Harald y Sonia nació lejos de los protocolos y muy cerca de la vida real. Se conocieron siendo adolescentes en un campamento de vela en Hanko, aunque el flechazo llegó años después, en el verano de 1959, cuando un amigo en común los reunió en una fiesta cerca del Castillo de Oslo. "Amor a primera vista", recordaron ambos con el tiempo . Desde entonces, su relación avanzó en silencio, protegida por un círculo de amigos que les permitió vivir dos años y medio de discreción. Pero cuando la prensa reveló el nombre de Sonja Haraldsen, la opinión pública fue tajante: era "muy poco probable" que el rey Olav autorizara la boda de su hijo con una mujer sin sangre real . A partir de ahí comenzó una década de resistencia, separaciones forzadas, estudios en distintos países y una presión institucional que convirtió su romance en un asunto de Estado.

La reina Sonia a su llegada a la Catedral de Oslo© Getty Images
La reina Sonia a su llegada a la Catedral de Oslo

La pareja vivió una historia marcada por la tensión entre el deber y el corazón. Harald, educado en la tradición de alianzas dinásticas -su madre era princesa de Suecia y su abuela hija del rey Eduardo VII- sabía que su elección rompía todas las expectativas. "Tenía sentimientos muy encontrados… amaba a Sonja Haraldsen, pero también tenía mala conciencia hacia mi padre y hacia Noruega", confesó años después. La presión mediática creció, el Parlamento debatió el caso y el rey Olav llegó a emitir un comunicado que Harald describió como una "bofetada", porque venía a decir que la monarquía era más importante que el amor. El punto de inflexión llegó cuando el príncipe lanzó su advertencia: cumpliría con su deber, pero se quedaría soltero. Esa frase cambió la historia. En 1968, tras casi diez años de resistencia, el rey Olav dio su consentimiento y la boda se celebró en la Catedral de Oslo. Contra todo pronóstico, el país los recibió con una aceptación abrumadora, inaugurando una nueva era en la realeza nórdica y demostrando que un futuro rey también podía casarse por amor.

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