Como cada verano, Cayetano Martínez de Irujo ha pasado unos días en Arbaisenea, la casa palacio de estilo victoriano que construyó la familia de su padre en San Sebastián, en 1881, y que tanto le encantaba a su madre, la inolvidable Cayetana Fitz-James Stuart. Por eso, el duque de Arjona siente como "un orgullo, un honor y un privilegio" que la duquesa de Alba le asignara la propiedad cuando hizo el reparto de su herencia, siendo él el penúltimo de sus seis hijos. No fue una concesión aleatoria por parte de doña Cayetana, ya que el jinete nos cuenta que "salvó la finca" con ella en vida.
Mientras recorre con ¡HOLA! cada una de las estancias, resulta inevitable que al duque de Arjona le vengan incontables recuerdos familiares. Algunos muy bonitos, como el que vivió a finales del verano de 2019, cuando celebró la puesta de largo de Luis y Amina, los mellizos que tuvo con Genoveva Casanova. Pero, al pasear por Arbaisenea, el jinete también revive momentos muy duros. Por ejemplo, aquellos veranos "militares" durante su infancia o cuando le comunicaron la muerte de su padre, Luis Martínez de Irujo y Artázcoz, aquel triste 6 de septiembre de 1972, tras su lucha contra la leucemia. "Es el gran trauma de mi vida", se confiesa sobre cómo le anunciaron la triste pérdida.
Ahora que ha logrado superar "con intensas terapias" este capítulo tan doloroso y que celebra su primer aniversario de boda con Bárbara Mirjan en menos de un mes, Cayetano analiza su momento actual y hace una valoración del presente y futuro de la Casa de Alba, su familia. "Es una entrevista impactante, valiente, real e histórica", nos dice terminado el encuentro.
Pensar en doña Cayetana y en verano es pensar en Arbaisenea, ¿no cree?
Pues sí. Aquí pasaba todo el mes de julio. Desde que le dieron la casa a mi padre, no faltó ni un año. Ni uno. La familia Sotomayor era, yo creo, la familia aristocrática más importante del País Vasco y una de las más importantes de España. Tiene una historia increíble, pero, claro, la opacó un poco la Casa de Alba. Esta era la casa de verano de los Sotomayor y mi padre, al ser el quinto hijo, no la hubiera heredado. Pero como mi madre tenía tanto, mis abuelos, en vez de darle fincas u otra cosa, le dieron esta casa a mi padre. A ella le hizo mucha ilusión porque veraneaba en Zarauz y, desde el primer día, le apasionó Arbaisenea. Mi madre se dedicó a esta casa toda su vida, en cuerpo y alma; hasta en los años más duros del terrorismo no faltó.
¿Y qué supone para usted tener ahora esta casa palacio?
Un orgullo, un honor y un privilegio. Un tributo a mis principios, a nuestra historia y a la confluencia de dos grandes familias.
"Todo aquí me recuerda a ella. Como dice Eugenia, “parece que mamá va a salir de cualquier lado”. Desgraciadamente, su rastro ha desaparecido en Dueñas y en Liria"
"Yo salvé esta casa"
Aparte de que su madre se la quiso asignar en el reparto como gesto por lo que hizo por esta casa, que fue salvarla.
Salvé esta casa porque, cuando se presentó la modificación del Plan General de Ordenación Urbana de San Sebastián, no se había alegado nada —en 1995, cuando se clasificó como suelo urbanizable y se planeó un parque en el terreno de la finca de Arbaisenea—. Jesús Aguirre —segundo marido de doña Cayetana— decía que ya había quedado con el alcalde y que estaba todo solucionado, pero no era verdad. Una semana antes de que venciera el plazo, me avisó un amigo mío, Fernando Ramírez, y vine corriendo a San Sebastián. Me entrevisté con Odón Elorza, que era entonces alcalde, y ya organizamos el asunto.
Recorremos la emblemática residencia de San Sebastián, habitación por habitación, donde el jinete también hace una valoración de su momento vital. "Ahora empiezo a ser el verdadero Cayetano", nos confiesa
Ahora cuenta con 20.000 metros cuadrados de finca, pero antes eran 80.000…
No, 90.000 metros, así que 70.000 se cedieron a la ciudad para hacer viviendas, el camino y el parque público. En un plan general nuevo se haría un parque público en todo lo que es esta montaña y un paseo que sale de ahí, del funicular que están construyendo, hasta Aiete.
Cuéntenos la historia de esta casa, que se construyó en 1881 por su bisabuelo Carlos Martínez de Irujo y del Alcázar, VIII duque de Sotomayor.
Así es. Aquí había un caserío, pero construyeron la casa de verano de la familia Sotomayor. Mi abuelo tuvo once hijos… Ahora, cuando vienen a San Sebastián todos los nietos de mi abuelo, me piden verla. Vienen, se toman algo y el trato es como de la familia.
Lo curioso es el estilo de esta casa, que es un «cottage» inglés.
Es una casa única en toda España. Y cuando entras, parece que viajas al siglo XIX. Realmente, la he mantenido exactamente como la dejó mi madre. Voy reparando todo, tal y como estaba. Por ejemplo, si se rompe un grifo, buscamos un artesano que nos lo repare. Y así con todo.
A su madre, habiéndose criado en Inglaterra, le encantaría venir.
Mucho. Junto con Dueñas, era su casa favorita. Liria era el emblema familiar y, como lo reconstruyó mi abuelo, fue la responsabilidad de vida de mi madre. Pero Arbaisenea y Dueñas eran sus dos pasiones.
"Es una casa única en España. Cuando entras, parece que viajas al siglo XIX. La he mantenido tal y como la dejó mi madre. Junto con Dueñas, era su casa favorita"
Se trajo piezas, muebles y pinturas de Liria. ¿La decoró ella?
Sí. Mi madre hacía lo que quería en esta casa. Trajo muchas cosas del palacio de Liria y de algún otro palacio que se cedió, además de todo lo que había aquí. Muchos muebles, que estaban ya muy viejos, fueron restaurados.
De todas las estancias que tiene la casa, ¿cuál es su favorita?
Es difícil elegir, pero me encanta el salón. El comedor también. Quien viene aquí siente una atmósfera inglesa del siglo XIX única.
"Lo menos bueno que hizo fue ser madre, pero por desconocimiento. Fue hija única y, a los siete años, perdió a mi abuela. No tuvo ninguna referencia. Es entendible. Luego, heredó un imperio, reconstruyó Liria…"
Vemos fotos de su madre, de su padre, de usted y de sus hermanos cuando eran niños…
Sí, claro. Esta era la casa de veraneo hasta que se compró Marbella, que fue un capricho. La de Marbella se inauguró cuando yo nací, hace 63 años, y es la que tiene mi hermano Fernando. En aquella época, todas las familias se estaban yendo al sur. Claro, el tiempo aquí es raro, pues llueve mucho en verano. Entonces, se hizo allí una casita muy simpática, de la que tengo yo la maqueta que ideó mi padre. Pero Arbaisenea era el icono de verano y la historia de las dos familias.
Nada más entrar, están todos los sombreros de doña Cayetana.
Todos sus sombreros de playa. Ella iba todos los días a la playa de Ondarreta, donde teníamos la sombrilla número uno, y cuando salía de casa, cogía uno de los sombreros.
"El mantenimiento supone un esfuerzo brutal. Y me han ofrecido de todo: hacer almuerzos, visitas turísticas... y hacer un hotel a cambio de mucho dinero. Viviría tranquilo con él, pero no"
Y ahora, cuando entra y ve todos esos sombreros ahí colocados, ¿en qué piensa?
Toda la casa me recuerda a mi madre. Es increíble. Porque, desgraciadamente, en Dueñas y en Liria sus cuartos y sus cosas personales han desaparecido… Allí, su rastro ha desaparecido, pero esta casa lo conserva. Como dijo Eugenia, parece que mamá va a salir de cualquier lado.
"Colapso" por un lienzo
También tiene muchas pinturas. ¿Qué me puede decir de ellas?
No hay ningún cuadro de un valor brutal, pero sí los hay buenos. Unos cuatro o cinco. Hay una historia muy graciosa. Un día, vino un amigo mío experto en arte y me dijo: "Ese Van Dyck es una maravilla". Me dijo que rondaba los 16 millones de euros… Casi me da un colapso. Entonces, consulté con otros expertos y resultó que no era de Van Dyck, sino de su escuela: está pintado por un alumno o por unos alumnos suyos. Con lo cual, el entusiasmo se calmó. Igualmente, es muy valioso y muy bonito.
Además, vemos porcelanas chinas... ¿Son piezas de todos los viajes de su madre?
Hay de todo. Muchas las compró, otras las trajo de otras casas... En fin, ella movía todo.
De todas ¿cuál es la pieza más especial para usted?
No te podría decir. Me gusta el conjunto de la casa: la armonía, la belleza... Yo soy un clásico y me fascina la casa en sí, todo lo que tiene.
También hay fotos de Alfonso XII, Alfonso XIII y don Juan Carlos. ¿Visitaron esta casa?
Me imagino que sí. Han venido muchas personalidades. La Casa de Alba tiene palacios en las ciudades más importantes de España: Sevilla, Salamanca y San Sebastián. Todo el mundo quiere venir a San Sebastián, a Salamanca o a Sevilla. Y mi madre disfrutaba con todas las visitas.
Mantener una casa así debe de suponer un gran esfuerzo.
Un esfuerzo brutal. No sería posible sin una pareja de guardeses como la que tengo, Eduardo y Virginia, que además reparan y se implican de una forma total. Y tampoco sería posible sin una mentalidad como la mía: hasta los bancos del jardín estaban podridos y yo los he recuperado. Me gusta que esté todo como a finales del siglo XIX, y eso cuesta un dineral fijo al año, más todo lo que va surgiendo. Es un esfuerzo enorme.
"Utilizar un palacio así para beneficio económico con la excusa de mantenerlo es inapropiado y ventajista. Hay otras maneras de mantenerlo, lo que pasa es que hay que trabajar más"
Por eso se han celebrado eventos y bodas, para sufragar gastos.
Se celebraban bodas, pero solo presencié una desde mi cuarto y vi cómo trataban todo… Dentro de mi mentalidad, mi forma de ser y mi respeto a la tradición, considero que utilizar un palacio así para beneficio económico con la excusa de mantenerlo es inapropiado y ventajista. Hay otras maneras de ganar dinero para mantener casas y palacios como este, lo que pasa es que hay que trabajar más y la vía fácil es alquilarlo para ganar dinero.
¿Y no le han tentado a usted?
Como hizo mi madre, mi intención es preservar el patrimonio familiar y mantenerlo con la esencia de la historia. En el momento en que lo conviertes en algo público, al principio lo consideran fantástico, porque la novedad de conocerlo está muy bien, pero posteriormente pierde todo su valor. Y el respeto. Pero me han ofrecido de todo: hacer almuerzos en el comedor, que vengan grupos turísticos a visitarla... Me han ofrecido tres veces hacer un "Relais & Châteaux" —un hotel— a cambio de mucho dinero.
¿Es una indiscreción preguntar cuánto?
¿Para qué vamos a poner cifras? Pero mucho dinero. Yo viviría tranquilo con eso. Pero, para mí, por encima de todo está el respeto a la historia, a la tradición. El hecho de que me hayan dado a mí Arbaisenea supone un compromiso de no utilizarla para ganar dinero, sino de mantener la esencia de la tradición y la historia.
Sus recuerdos más duros
¿Qué momentos le vienen a la memoria estando aquí?
Recuerdos buenos y malos. De los más bonitos de niño, unos con un carro blanco y con un car rojo que teníamos y con el que dábamos vueltas. Me acuerdo que nos tirábamos por la cuesta… Fastidiamos todo el suelo al derrapar y, luego, me la cargaba cuando venía mi madre (ríe).
¿Todos los hermanos?
Fernando y yo.
¿Solo los dos?
Solos. Estábamos aquí en julio, agosto y parte de septiembre. A los demás ni los veíamos. Con los tres mayores no teníamos relación y Eugenia vino poco aquí. Cuando mi madre estaba embarazada de ella, ya iba a Marbella, así que Eugenia fue directa allí. A nosotros nos mandaban aquí tres meses y mi madre venía quince días.
¿Los mayores no querían venir o es que estaban estudiando?
Pues no lo sé... Aparecían y se iban. Mis hermanos mayores eran como unos señores a los que saludabas como el que saluda a un conocido… Fernando y yo no teníamos relación con ellos. Cuando nació Eugenia, nos quedamos en medio de ninguna parte. Ese es el problema.
¿Qué otros recuerdos tiene?
Cuando mi padre enfermó, rezábamos en esa capilla todos los días para que se curase. Nos extrañaba que no nos dejaran ver la televisión ni escuchar noticias. Hacíamos nuestra vida: íbamos al tenis, a natación... Estar aquí era como estar en los «scouts», como algo militar.
"A Bárbara le gusta venir mucho. A Genoveva también le encanta esta casa y se siente muy identificada con ella por la magnífica relación que tuvo con mi madre. Es un orgullo que la disfrutemos todos"
¿Por qué lo dice?
Cuando entrábamos en nuestro dormitorio, no podíamos encender la luz ni salir desde las ocho de la tarde hasta las ocho de la mañana. Doce horas metidos… Hasta teníamos los orinales para hacer pis. De vez en cuando nos dejaban ir a una fiesta de los Satrústegui o a otras, una vez a la semana, o venían aquí algunos amigos… Era una vida muy curiosa. El recuerdo más triste, que he tardado 40 años en superar, fue cuando nos dijeron que nuestro padre había muerto.
Un momento difícil.
Nosotros seguíamos rezando, pensando que nuestro padre se iba a curar, y resulta que ya se había muerto. Lo estaban enterrando. Por eso no nos dejaban ver la televisión ni nada. Vino un hermano nuestro y, como en las películas de Dickens, se sentó en una de las habitaciones y dijo: "Vengo a deciros que papá está en el cielo". Salimos los dos corriendo y llorando… No te creas que él vino a consolarnos ni a darnos un abrazo o algo de cariño.
Entiendo que se lo comunicaría su hermano mayor, Carlos.
No, Alfonso.
Extraña que no fuese su madre quien les diera la noticia.
Pues no sé… En ese momento estaría destrozada. Y Carlos… Alfonso era el que tenía un poco más de entidad, pero, vamos, no tenía sangre en las venas… Y la forma en la que nos lo dijo... Fue mucho peor el remedio que la enfermedad. Pero él nunca ha rectificado. Le he pedido simplemente una explicación hasta por mail. Podría haber dicho: "Lo podía haber hecho mejor, os podía haber dado un abrazo, algo de cariño". Podría haber mostrado algo de empatía. Pero nunca, jamás… Cero.
"Soy un calco de mi madre. Me di cuenta desde muy joven. La perseguía para que me diera explicaciones, pero ella era una emperatriz: ordenaba y no daba explicaciones", nos confiesa el duque de Arjona
Supongo que le educarían así.
No lo sé. Pero qué triste, ¿no? A mí me ha supuesto una tristeza de 40 años. Yo no podía hablar de esto porque lloraba hasta hace poco. He tenido que hacer unas terapias muy intensas —se le ponen los ojos vidriosos—.
Se emociona al hablar de ello.
Sí, sí.
Hablemos de algo más alegre. También ha vivido momentos felices con sus hijos, porque aquí fue donde celebraron su puesta de largo.
La puesta de largo salió de maravilla. Fue preciosa. Vinieron amigos de todos lados —de mi sobrina Tana a Victoria de Marichalar—. Fue un acontecimiento maravilloso.
En Arbaisenea también ha rodado Woody Allen —la película 'Rifkin’s Festival', de 2020—.
La única película que dejé grabar y fueron dos escenas de Woody Allen: una en el comedor y otra fuera. Me fastidiaron el suelo de la entrada, pero luego la productora lo arregló y se fueron. Muy correctos, pero ya dije "nunca más".
Quién disfruta más de la casa
Supongo que habiendo crecido aquí y con unos veranos tan 'militares', de niño no sería consciente del valor de Arbaisenea. ¿Cuándo empezó a valorar emocionalmente esta casa?
A los 16, cuando conseguí que mi madre me dejase ir en agosto a saltar con los caballos y a hacer concursos en Santander y Laredo. Ahí empecé a verla con otra perspectiva. Esta casa forma parte de seiscientos años de historia. Seiscientos años ni se reinventan ni se reinterpretan; se valoran como son. Se actualizan y se preparan para el futuro, pero no se reinventan ni se reinterpretan. Ponlo así.
¿Quién disfruta más de esta casa ahora?
Me gustaría que fueran mis hijos. Luego, se la he ofrecido a mis hermanos un montón de veces, pero deben tener algún sentimiento de culpa conmigo para no venir… Porque a todos les he dicho que, cuando quieran venir, pueden hacerlo. Sería muy bonito que la disfrutaran, porque mis primos, por ejemplo, sí que vienen.
"Mi hermano Fernando y yo pasábamos aquí de julio a septiembre. Íbamos al tenis, a natación... A los demás hermanos ni los veíamos"
Pero no sus hermanos.
Bueno, Eugenia vino un par de veces. Fernando va a venir el año que viene, ya le he convencido. Pero los hijos de Carlos no conocen esta casa, y espero que vengan pronto.
¿Viene regularmente durante el año?
Durante el año intento venir, por lo menos, un par de días al mes.
"Entrábamos en nuestro dormitorio a las ocho de la tarde y no podíamos encender la luz ni salir. Así hasta las ocho de la mañana siguiente. Estar aquí era como algo militar"
¿Viene solo o con su mujer?
Vengo con mi mujer. A veces coincido con mis hijos, pero, como viven en Inglaterra, vienen por su lado. Genoveva también viene por aquí. Se siente muy identificada con esta casa por la magnífica relación que tuvo con mi madre. A Bárbara también le gusta venir mucho. Le encantan las regatas de traineras. Para mí, es un orgullo que la disfrutemos todos. Ojalá vinieran mis hermanos.
Antes hablaba de la Casa de Sotomayor. ¿Qué destaca de esa rama de tu familia?
Ocuparon puestos muy importantes en la sociedad americana y en la española. Son gente muy válida, tanto los Sotomayor como los Martínez de Irujo. Fíjate que uno de los dos mejores pelotaris que ha habido en la historia es Martínez de Irujo, que se retiró hace unos años.
"Un día, vino un hermano nuestro a decirnos: 'Papá está en el cielo'. Salimos los dos corriendo y llorando… Ni nos dio un abrazo ni algo de cariño"
"Chocábamos mucho"
Su madre posó aquí, en Arbaisenea, para ¡HOLA! en 2009. En aquella ocasión, dijo de usted: "Cayetano se parece a mí, tiene mucho carácter, pero luego es generoso".
Muy generoso. A veces, demasiado. Pero no me importa, cada uno es como es. Yo soy un calco de mi madre, la verdad. De muy joven me di cuenta de que era tan similar a ella... La perseguía por los pasillos para que me diera explicaciones, pero mi madre no le daba explicaciones a nadie. Era una emperatriz: ordenaba y no daba explicaciones. Yo confrontaba con ella desde los catorce años. Al final, siendo adolescente, me di cuenta de que era tan igual a ella que tenía que cambiar y modificar muchas cosas en mí, porque ni yo iba a ser duque de Alba, ni iba a vivir sus tiempos, ni tenía la personalidad de ella. Cambié muchas cosas de mi modus operandi, de mi forma de sentir y de actuar.
En aquella ocasión, su madre también confesaba: "Los dos tenemos prontos muy fuertes".
Sí, los dos. Chocábamos mucho. Hasta edad muy avanzada no empezamos a tener paz, porque de joven chocaba mucho con ella. Pero siempre me respetaba.
Ahora que ha pasado el tiempo y tendrá perspectiva, ¿cómo ve su relación con su madre?
La verdad es que muy buena. Yo entendí que lo menos bueno que hizo fue ser madre, pero fue por desconocimiento. Fue hija única y mi abuela se murió cuando ella tenía siete años, de tuberculosis. Por eso, desde los cinco, mi madre no se podía acercar a ella. Luego, heredó un imperio, tuvo que reconstruir un palacio y le dieron esa responsabilidad con catorce años. No tuvo ninguna referencia de familia, con lo cual es absolutamente entendible. Mi madre entendía la familia tal y como la habían educado a ella. Creo que eso lo han entendido pocos en la familia.
Afortunadamente, se pudo reconciliar con ella y disfrutarla más en sus últimos años.
Exactamente. Luego, fui el escogido, el valorado y el reconocido. Me escogió cuando decidió bajarse del trono, casarse por tercera vez y disfrutar de la vida. Depositó su confianza en mí. Esos años tuve una relación tan estrecha con ella que me dejó muy lleno.
"Me ha supuesto una tristeza de 40 años. No podía hablar de esto porque lloraba, hasta hace poco. He tenido que hacer terapias muy intensas"
Hablando de su madre, ¿cómo está viviendo los actos de celebración de su centenario?
Bueno, los he organizado yo, menos la exposición. Fui a ver a Carlos, le conté el programa, estuvo de acuerdo y me apoyó en todo, como Eugenia y Fernando. La exposición la ha organizado Eugenia, en connivencia con Fernando, Carlos y conmigo. Los cuatro hemos estado involucrados desde el primer momento. Y han venido a lo que han podido.
Publicó un libro en homenaje a su madre, en el que participaron sus hijos. ¿Cómo lo han vivido ellos y cómo ha visto esos recuerdos que tienen de ella?
Muy bonito. La exposición, el libro y el documental en Netflix reflejan realmente la vida y el personaje que fue mi madre de verdad.
¿Sus hijos han descubierto algo de su abuela en estos homenajes?
No. Ellos se han interesado mucho por su abuela, igual que su abuela por ellos.
¿Cómo recuerdan ellos a su abuela?
Con un cariño muy especial. Como a alguien muy grande. Luego, ya se han ido dando cuenta de la dimensión que tenía y hasta dónde llegaba. De niño no te das cuenta de eso, te vas dando cuenta cuando te haces mayor.
"Cuando mi padre se puso enfermo, Fernando y yo rezábamos en la capilla todos los días para que se curase. Nos extrañaba que no nos dejaran ver la televisión ni escuchar noticias… Pero pensábamos que se iba a curar"
El 30 de septiembre se inaugura una exposición sobre tu madre en Liria. ¿Ha contribuido de alguna forma?
Es la exposición que está en Sevilla y que se traslada a Madrid. La ha organizado Eugenia y hemos estado implicados Carlos, Fernando y yo.
¿Cómo ve el futuro de la Casa de Alba?
Hombre, tengo mucha fe en Fernando. Es inteligente, muy sensato y muy capaz. Si es consciente de lo que he dicho en esta entrevista, de que la historia no se reinventa ni se interpreta, sino que se actualiza y se enfoca al futuro, saldrá todo muy bien y continuará otros 600 años. Si, por el contrario, no tiene esta mentalidad y mantiene esa mentalidad de orden público en los palacios con el objetivo de ganar dinero, la Casa de Alba desaparecerá como tal y pasará a ser como las otras casas.
Entonces, por los perfumes Fitz-James Stuart ni le pregunto.
Pues eso está muy bien. Utilizar la grandeza y la historia en creaciones nuevas está muy bien. Yo me refiero a los palacios y el patrimonio artístico-cultural. La Casa de Alba la formamos mis cinco hermanos y yo. Eso es evidente. Ya nuestros hijos no. La de Alba es la única casa en el mundo que ha mantenido el mayorazgo en nuestra generación en contra de varios hermanos, cuando se hizo la donación. Se hizo para que el patrimonio se mantuviera unido. Simplemente, el primero que nació es quien tiene ese privilegio. No sé los demás, pero yo lo he aceptado y estoy plenamente de acuerdo con la decisión de mi madre y de la historia, que siempre ha sido así.
Por su parte, no hay celos.
No, para nada. Ahora, eso sí, es evidente que todos los hermanos nos hemos sacrificado por la causa y todos hemos tenido unas vidas mucho más austeras de lo que la gente se piensa, para preservar el patrimonio que se ha llevado uno y mantenerlo unido. Nuestros hijos ya no son Alba, porque ya la rama se separa y son Arjona, "nietos de", pero todos los hermanos estamos en la Casa, al igual que los herederos de Carlos, y eso no se tiene que olvidar. Ni mi hermano ni su hijo. Hay que tener un compromiso con toda la historia y con esa actualidad también. La familia Alba ha formado parte de la columna vertebral en la historia de España a lo largo de los siglos, hasta hoy.
"Me hizo mucha ilusión que mi hermano Carlos viniese a mi boda. Hizo un gran esfuerzo, porque se cayó el día anterior. Pero me llamó: 'Quie-
ro estar en tu boda'. Se lo valoro enormemente"
La ilusión en su boda
Hablando de su hermano mayor, fue bonito verle en su boda con Bárbara, en octubre del año pasado. De alguna manera, estrecharon lazos y recuperaron la cordialidad.
Me hizo mucha ilusión que Carlos viniese a mi boda. Mucha. Fue muy importante y, además, sé que hizo un gran esfuerzo, porque el día anterior se cayó.
¿Qué ocurrió?
Se dio un golpe. Y, aun así, hizo el esfuerzo de venir. Primero canceló, pero luego me llamó y me dijo: "Quiero estar en tu boda". Hizo un esfuerzo enorme, el cual se lo agradezco y se lo valoro enormemente.
"Sin duda, estoy en uno de los mejores momentos. Sí, porque estoy resolviendo todo lo que se puede resolver de mi problema emocional de fondo, que era muy gordo"
Quisiera preguntarle también por unos cuadros que estaban desaparecidos y que fueron encontrados en Liria a principios de este año.
No sé nada de eso.
Eran tres cuadros. Entre ellos, un Sorolla. ¿No tenía conocimiento?
No.
Por último, ¿en qué momento vital se encuentra?
Bien, bien, la verdad. Quizá, estoy en el mejor momento de mi vida. Sin duda, uno de los mejores. Sí, porque he resuelto con mucha terapia, o estoy resolviendo, todo lo que se puede resolver de mi problema emocional de fondo, que era muy gordo. Empiezo a ser el verdadero yo. Más que nunca, empiezo a ser el verdadero Cayetano.




































