El verano de Eugenia Martínez de Irujo tiene una constante: prendas cómodas, colores alegres y ese punto bohemio que ha convertido en una de sus principales señas de identidad. La duquesa de Montoro vuelve a demostrarlo con su último look, en el que un vestido rojo largo de punto se convierte en la base de un estilismo que gana personalidad gracias a un chaleco de aire artesanal. Es una combinación que encaja especialmente bien con la manera de vestir de Eugenia, una mujer que nunca ha entendido la moda desde la rigidez y que ha hecho de la libertad una de sus principales características. Su estética bohemia ha trascendido incluso su propio armario: este verano, su hija Tana Rivera y su cuñada Bárbara Mirjan también han escogido diseños de su colaboración con Antik Batik.
Un vestido rojo, cómodo y favorecedor
La pieza que pone el color al conjunto es un vestido largo de punto rojo, de manga larga y cuello redondo. Su diseño es sencillo, pero precisamente ahí reside buena parte de su atractivo. El tejido elástico acompaña la silueta sin resultar rígido y permite moverse con comodidad, una cualidad especialmente interesante en esta época del año, cuando las temperaturas comienzan a variar y no todos los días piden prendas ultraligeras.
El rojo aporta además un punto de energía a una silueta que, de otro modo, sería muy sobria. Es un color alegre, favorecedor y suficientemente rotundo como para convertir una pieza sencilla en el centro del look. El largo hasta los pies mantiene ese aire elegante que caracteriza a los vestidos estivales de Eugenia, mientras que las mangas largas hacen que la propuesta funcione también cuando refresca al caer la tarde.
El chaleco bohemio que eleva el look
Sobre el vestido, Eugenia ha colocado una de las piezas que mejor encajan con su particular manera de entender la moda: el chaleco Tajara de Antik Batik, una prenda corta de algodón con acabado acolchado y estampado paisley.
El diseño, de 155 euros, presenta una silueta estructurada pero cómoda y se cierra en la parte delantera mediante pequeños botones de cuentas de madera. El tejido principal es voile de algodón 100%, también utilizado en el forro, y el estampado característico de la firma se realiza artesanalmente mediante la tradicional técnica india de impresión en bloque. El resultado es una pieza con textura, color y ese aire ligeramente artesanal que hace reconocible el universo bohemio de Antik Batik.
Un estilo que también lleva su familia
No es casualidad que esta estética aparezca una y otra vez en el armario de Eugenia. Su relación con Antik Batik viene de lejos y este año se ha materializado en Felicità, la colección cápsula que creó junto a la firma a partir de sus propias pinturas florales. La propuesta reúne vestidos, faldas, chalecos y otras piezas que trasladan al armario su universo artístico y su gusto por el color y la artesanía.
La influencia también se ha extendido a su entorno. Tana Rivera ha llevado varias piezas de la colección, mientras que Bárbara Mirjan escogió uno de sus conjuntos para la presentación de Felicità. En ambos casos, la elección confirma hasta qué punto el lenguaje bohemio de Eugenia ha adquirido una dimensión familiar.
El toque final con unos zapatos de tacón
Para terminar, Eugenia ha elegido sandalias de tacón tipo mule en marrón de Cuchy, con dos tiras decoradas con tachuelas doradas y bordes festoneados. El calzado introduce un pequeño contraste entre el rojo del vestido y los tonos tierra del chaleco y las sandalias.
El resultado resume muy bien su estilo: bohemio, cómodo y alejado de las tendencias pasajeras, pero siempre con algún detalle inesperado. Esa libertad para mezclar una prenda básica, una pieza artesanal y unos accesorios con personalidad es precisamente lo que ha convertido a Eugenia Martínez de Irujo en una de las figuras más reconocibles de la moda española.
El precedente: una falda de aire mediterráneo
Hace unas semanas, Eugenia volvía a apostar por esa misma fórmula con una falda larga de algodón y lino, estampada en azul y blanco, que combinó con un sencillo top de canalé. El diseño, confeccionado en España por Laganini, incorporaba volantes fruncidos, cintura elástica y un estampado de flores, cenefas y pequeñas piñas.
Ahora cambia los tonos mediterráneos por el rojo y sustituye la falda por un vestido de punto, pero la idea permanece intacta: prendas fáciles de llevar, tejidos agradables y accesorios capaces de convertir un conjunto sencillo en algo mucho más personal.









