Zahara es la tercera de los hijos de Angelina Jolie y Brad Pitt que se ha quitado legalmente el apellido de su padre. Tras la ruptura de la que durante años fue la pareja más emblemática de Hollywood, nada volvió a ser igual en la familia Pitt Jolie. No solo se rompió la relación de pareja, sino también la paterno-filial, pues ninguno de los sus seis hijos ha vuelto a tener contacto con su padre (o no al menos públicamente). Tanto es así, que Maddox y Shiloh, y ahora también Zahara, se han quitado el apellido paterno. ¿Qué puede llevar a un hijo a tomar una decisión así?
Se lo hemos preguntado a Celia Pedrero, psicóloga y psicoterapeuta familiar acreditada por la FEATF (Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar). Partiendo de que cada familia, cada vínculo y cada ruptura tienen una historia propia que nadie más que ellos conoce, nos responde que una decisión así difícilmente es súbita. “Suele haber mucho dolor a lo largo del tiempo”, nos indica. “En algunos casos puede existir incluso una necesidad de supervivencia: alejarse de quien debía proteger y que, sin embargo, ha sido precisamente quien ha hecho daño”.
Y esto lo dice, tal y como aclara, de manera genérica, sin analizar la situación particular de una familia en concreto. En cualquier caso, renunciar a un apellido, que es una de nuestras primeras herencias y una cuestión de identidad, "tiene que ver con decidir sobre aquello que forma parte de la historia de la persona, pero no que quiere que siga definiéndole", explica.
Una decisión como esta debería darse cuando todos los recursos para reconstruir el vínculo a través del reconocimiento del daño hecho y la reparación se hayan agotado
La psicoterapeuta familiar acreditada por la FEATF aclara que puede ser también una forma de autoparentalidad. "Cuando de niño no has podido protegerte, llega un momento en la vida adulta en el que puedes intentar hacerlo por ti mismo", señala. "Es un acto que busca reparación, pero también doloroso: empezar a darte aquello que necesitabas inevitablemente te enfrenta a todo aquello que no recibiste". Considera que, si bien quitarse un apellido no permita borrar el pasado, sí puede representar la decisión de relacionarse con él de otra manera y de construir una identidad en nuestros propios términos.
Las consecuencias emocionales de quitarse un apellido
Por mucho que sea una decisión consciente e incluso justificada, ¿implica dolor? ¿Cómo afecta normalmente al hijo que decide algo así? "Sí. Incluso cuando existe la certeza de estar tomando la decisión necesaria, puede implicar muchísimo dolor", nos contesta Celia Pedrero.
Indica que el duelo no es solo por el padre que se tuvo. "Muchas veces se llora también al padre que se necesitó y que nunca llegó a existir: esa figura que habría cuidado, protegido, acompañado o simplemente estado". La psicóloga cree que ese segundo duelo puede ser también difícil, porque supone despedirse también de una posibilidad. "Me parece importante señalar aquí que una decisión como esta debería darse cuando todos los recursos para reconstruir el vínculo a través del reconocimiento del daño hecho y la reparación se hayan agotado".
Hay que tener en cuenta además que, cuando el daño se produce durante la infancia, existe un desequilibrio enorme, puesto que el niño depende precisamente de las personas que deberían protegerlo y todavía no tiene recursos para comprender lo que sucede ni para defenderse. "Años después, desde la madurez, uno puede mirar hacia atrás y poner palabras a determinadas experiencias". Y eso es lo que permite al individuo convivir con emociones aparentemente contradictorias, como señala la psicoterapeuta familiar: dolor, rabia, rencor, alivio, tristeza e incluso cierta sensación de libertad. "Romper el vínculo no significa necesariamente dejar de querer, dejar de recordar o dejar de sufrir", subraya. "Es la decisión de que, a partir de ahora, uno se va a proteger a sí mismo".
Cómo afecta al progenitor que su hijo se quite su apellido
Lógicamente, las consecuencias emocionales para el progenitor de que su hijo se quite su apellido dependerá de cada persona y de su historia familiar. Puede aparecer dolor y sentimientos de responsabilidad o puede sentirse ofendido o enfadado. Pero, además, Pedrero pone de manifiesto un aspecto clave, y es la dimensión visible de esta decisión. Quitarse su apellido "no es únicamente una distancia privada entre un padre y un hijo; puede sentirse también como un señalamiento social y familiar, vinculado también a una experiencia particular de lo que significa el apellido y la paternidad para los hombres".






