Con una de las trayectorias más sólidas y admiradas del cine español, Maribel Verdú confiesa que viajar es mucho más que una pasión: es una necesidad vital. Esta madrileña que hoy, 2 de octubre, cumple años en uno de sus mejores momentos, es, además, una lectora empedernida, amante de la improvisación y una viajera fascinada por los destinos con alma. Hablamos con ella tras su viaje a Perú de la mano de VOLĀRE (byvolare.com) –una nueva plataforma de viajes especializada en itinerarios privados que apuesta por una forma contemporánea de recorrer el mundo–, en una charla donde nos cuenta todo lo vivido.
Entre Lima, el Valle Sagrado, Cuzco y la Amazonía, la intérprete encontró un país capaz de transformar la mirada y despertar todos los sentidos.
¿Qué te atrajo de Perú para decir "sí" a esta aventura? ¿Habías estado antes?
¡Era una asignatura pendiente! Siempre había sentido esa llamada, pero nunca encontraba el momento hasta que VOLĀRE me propuso elegir un destino y no lo dudé. Perú tiene algo casi magnético para cualquier viajero: una mezcla de misticismo y modernidad que te atrapa antes de llegar. Nada más aterrizar, sentí que el país me conquistaba; hay una vibración en el aire, una energía que te dice que algo especial va a pasar.
El viaje comenzó en Lima, una de las grandes capitales gastronómicas del mundo. ¿Qué te sedujo más de la ciudad?
Me sedujo esa mezcla caótica y elegante de su historia colonial con la escena gastronómica más puntera del planeta. Es imposible elegir solo una cosa. Si tengo que recomendar un plato que me sorprendió, sería el ají de gallina y, por supuesto, restaurantes como El Mercado o 7 Restaurant, que me encantaron.
Luego pusiste rumbo al Valle Sagrado. ¿Cómo describirías la sensación de estar allí?
Es pura magia. Visitamos lugares como Písac, Moray y las salinas de Maras, y te aseguro que no te dejan indiferente. Moray, con esos círculos concéntricos, me impresionó especialmente, parece de otro mundo. En el Valle Sagrado sientes una conexión con la tierra que es difícil de explicar con palabras. Es una paz que te invade.
Un lugar que le dejó sin palabras: La inmensidad sobrecogedora de la selva.
Y llegó el momento: Machu Picchu. ¿Superó tus expectativas?
¡Con creces! Por muchas fotos que hayas visto, nada te prepara para el momento en que lo ves por primera vez entre las nubes. Es una de esas experiencias que hay que vivir al menos una vez en la vida. Te sientes pequeña y a la vez parte de algo inmenso.
Siguiente parada, Cuzco. ¿Cómo describirías el ambiente que se respira en sus calles?
Cuzco es pura energía. Es una ciudad que te abraza con su historia. Caminar por sus calles empedradas es como viajar en el tiempo, sientes el peso de los siglos en cada muro de piedra inca mezclado con el arte colonial. Se respira un aire cosmopolita y, a la vez, profundamente místico. Es, sin duda, el corazón palpitante de los Andes.
Si tuvieras que recomendar una experiencia imprescindible en Cuzco, ¿cuál sería?
Perderse. Así de simple. Recomiendo dejarse llevar sin rumbo por el barrio de San Blas, entrar en los talleres de los artesanos y terminar sentada en la Plaza de Armas viendo pasar la vida. Es en esos detalles cotidianos donde realmente descubres el alma de la ciudad.
El momento más emocionante: Pasear entre las ruinas de Machu Picchu y sentir su energía.
Después de los Andes, el viaje te llevó a la Amazonía. ¿Qué sensación produce llegar a un lugar tan salvaje?
Es un impacto absoluto para los sentidos. Pasar de la altitud de la montaña a la densidad de la selva es sobrecogedor. Sientes una mezcla de vulnerabilidad y asombro ante lo indómito. Escuchar la selva viva, con sus miles de sonidos, te hace sentir parte de algo mucho más grande y salvaje.
¿Eres de las que disfruta de experiencias aventureras o prefieres algo más cultural o tranquilo?
Soy una mezcla. Me apasiona lo cultural y adoro un buen hotel con encanto donde relajarme, pero este viaje me ha recordado lo mucho que disfruto de la aventura. Hay algo muy rejuvenecedor en salir de tu zona de confort y dejarte sorprender por lo desconocido.
Cuando revives el viaje, ¿cuál es el primer momento que te viene a la cabeza?
La primera vez que vi Machu Picchu y el arcoíris que nos regaló sobre las montañas. Se percibía una energía tan especial que con solo recordarlo aún la puedo sentir.
Hay viajes que cambian la mirada. ¿Te ha pasado algo así en Perú?
Absolutamente. Perú me ha enseñado a valorar más el tiempo y la paciencia. Allí todo tiene otro ritmo, más conectado con la naturaleza y con lo esencial. Vuelvo con la sensación de que a veces corremos demasiado y nos perdemos lo que de verdad importa.
Un sabor que se lleva en el recuerdo: El ají amarillo.
¿Crees que viajar sigue siendo la mejor forma de entender otras culturas?
Sin ninguna duda. Viajar rompe prejuicios y te abre la mente de par en par. Nada sustituye mirar a los ojos a alguien de una cultura distinta y compartir una sonrisa, una charla o una comida. Es la mejor escuela de empatía que existe.
Si alguien te preguntara por qué debería viajar a Perú, ¿qué le dirías?
Le diría que vaya para encontrarse con la belleza en su estado más puro. Que vaya para alimentar el cuerpo con su comida y el espíritu con su energía. Perú es un regalo que uno debe hacerse a sí mismo al menos una vez en la vida.
Para terminar, ¿qué le dirías a alguien que nunca ha estado en Perú?
Que no se lo piense. Viajar sigue siendo la mejor forma de entender el mundo y a nosotros mismos. Perú te cambia la mirada. Te vas siendo una y vuelves siendo otra, más llena de vida, de luz y de agradecimiento.
Un recuerdo para siempre: La sonrisa de la gente que conocí en los pueblos del Valle.
PERFIL VIAJERO DE MARIBEL VERDÚ
VIAJES AL AÑO...
¡Todos los que el trabajo me permite! Si fuera por mí, estaría siempre con la maleta lista. Intento hacer al menos un par de viajes grandes al año para desconectar de verdad, y luego todas las escapadas de fin de semana que pueda. Para mí, viajar no es un lujo, es una necesidad vital para oxigenar la mente y volver al set con energía renovada.
EN TU MALETA NO FALTA...
Nunca falta un buen libro —o dos—, porque leer en un avión o frente a un paisaje nuevo es un placer máximo. También un fular grande, que me sirve para el aire acondicionado y para el frío de la montaña; una buena crema hidratante y protección solar. Y, por supuesto, mis auriculares para escuchar música y un cuaderno para escribir mis recuerdos y descubrimientos del viaje.
¿PLANIFICAR O IMPROVISAR?
Reconozco que soy una "disfrutona" de la planificación: me encanta leer sobre el destino antes de ir. Pero una vez allí... ¡me pierdo feliz! Me gusta tener una estructura, saber dónde voy a dormir y qué no me quiero perder, pero dejo mucho espacio para la improvisación. Las mejores cosas de este viaje a Perú han sido las que no estaban en ningún guion.
¿VIAJE GOURMET, CULTURAL O DE NATURALEZA?
¡Qué difícil me lo pones! Si me obligas a elegir... me quedo con el cultural, porque me fascina la historia y el arte, pero siempre que termine en una cena espectacular. Lo bueno de un destino como Perú es que no tienes que elegir. Por la mañana ves ruinas incas, por la tarde estás en mitad de la selva y por la noche cenas en uno de los mejores restaurantes del mundo con un buen pisco sour. ¡Es el viaje total!
TU PERSONA FAVORITA PARA UN VIAJE ES...
Mi gente, los de siempre. Viajar con amigos que se ríen de las mismas tonterías que tú, o con mi pareja, que es el mejor compañero de vida y de rutas, es lo que hace que el viaje sea inolvidable. Al final, lo que importa no es solo adónde vas, sino con quién compartes ese pisco sour al final del día comentando lo que has visto.












