Si no es por sus triunfos en la plaza, es porque Tana Rivera ocupa un lugar cada vez más habitual en el tendido. Hace solo unos días, Andrés Roca Rey sufría una aparatosa cogida en Nimes (Francia), tras la que tuvo lugar en San Martín de Valdeiglesias y que presenció la hija de Fran Rivera. Ella volvió a acompañarlo en Móstoles, donde el torero protagonizó una tarde con lleno histórico. Y a comienzos de septiembre, ambos compartieron una de las citas taurinas con más tradición de la familia Rivera: la Goyesca de Ronda.
Antes de convertirse en uno de los nombres propios de las plazas españolas y, ahora también, de la crónica social, Roca Rey era un niño de Lima. Nació en 1996 y creció en el distrito de Miraflores, donde estudió en el Colegio Carmelitas. Para entender al torero, hay que descubrir el lugar en el que transcurrieron sus años de infancia y empezó a familiarizarse con una afición taurina que le venía de familia. Su hermano Fernando también es matador y su abuelo administró la mítica plaza de Acho, en Rímac, una de las más antiguas del mundo. "Es la plaza donde llevo viendo toros desde los cinco años". Así que la afición le venía de casa antes incluso de que Andrés empezara a ponerse delante de un becerro.
Andrés Roca Rey creció respirando el aire marino de Miraflores, paseando por las avenidas de Larco y Pardo antes de dar el salto con solo 14 años a España para hacerse torero. Y a él regresa para pasar sus días de desconexión y retorno a las raíces cada vez que la temporada americana lo devuelve a Perú. "Me motiva volver a Lima. Es mi ciudad, es mi gente", dice el diestro limeño.
EL MALECÓN DE LA COSTA VERDE
Empezar a conocer Miraflores debe comenzar por situarlo sobre el Malecón de la Costa Verde, la gran caminata del distrito. Se trata de kilómetros de acantilados impresionantes donde el Pacífico se bate con fuerza y una sucesión de jardines, miradores y paseos que recorren el borde del precipicio. En el tramo conocido como Malecón Cisneros está uno de los lugares más fotografiados de Lima, el Parque del Amor, inaugurado un Día de San Valentín, y la enorme escultura El Beso, del artista peruano Víctor Delfín, rodeada de muros de mosaico con frases poéticas dedicadas al amor. Además de un lugar idóneo para la crónica sentimental de un torero enamorado, sus vistas son estupendas para quedarse absorto mirando el mar.
Un poco más allá aparecen el Parque Raimondi, con su faro y sus vuelos de parapente, y el Parque Chino, un pequeño rincón frente al Pacífico con pérgola, puente, laguna y leones de granito traídos de China. Después está el Parque María Reiche, dedicado a la investigadora alemana que estudió durante décadas las líneas de Nazca. Y también merece un paseo el Parque Kennedy, centro informal de Miraflores y lugar famoso, entre otras cosas, por su colonia de gatos.
LA PIRÁMIDE DE ADOBE
Entre modernas avenidas y edificios residenciales emerge monumental la Huaca Pucllana, una enorme construcción prehispánica de adobe que parece haberse equivocado de sitio. Fue un centro ceremonial de la cultura Lima y su historia se remonta aproximadamente al periodo comprendido entre los siglos IV y VIII. Su gran pirámide, formada por miles de pequeños adobes, alcanza unos 25 metros de altura.
LOS MUSEOS
Miraflores también guarda un buen puñado de historias entre sus museos. El Museo Amano, dedicado al arte textil precolombino, permite acercarse a una de las grandes riquezas culturales del Perú a través de una notable colección de tejidos y piezas arqueológicas (museoamano.org). Y en la Casa Museo Ricardo Palma se conserva la memoria del escritor peruano, que pasó sus últimos años en Miraflores.
LAS PLAYAS
Y luego está el mar, aunque en Miraflores haya que bajar hasta él desde lo alto de los acantilados. Las playas de la Costa Verde se suceden al pie del distrito y tienen nombres tan curiosos como Waikiki, Makaha o Redondo. Algunas son frecuentadas por surfistas o sobrevoladas por aficionados al parapente, y otras invitan simplemente a descender hasta la orilla, sentarse frente al Pacífico y contemplar desde abajo la pared de la ciudad.
DÓNDE COMER
Maido. La gran mesa de Miraflores. El chef Mitsuharu “Micha” Tsumura lleva aquí su cocina nikkei, ese encuentro entre técnicas japonesas e ingredientes peruanos que en 2025 le valió ser elegido mejor restaurante del mundo (maido.pe).
Huaca Pucllana. Cocina peruana contemporánea con un escenario difícil de mejorar: las mesas se asoman a la antigua pirámide de adobe, iluminada por la noche. Una de esas experiencias que justifican sentarse a cenar sin ninguna prisa (resthuacapucllana.com).
La Lucha Sanguchería Criolla. Para cambiar de registro y comer como un limeño más: un sándwich de chicharrón, camote frito y salsa criolla en este local desenfadado, muy popular en Miraflores (@laluchasangucheria).
PARA DORMIR
Belmond Miraflores Park. Al borde del acantilado y frente al Pacífico, es uno de los grandes hoteles de Miraflores y una apuesta segura para una estancia especial, con habitaciones y terrazas abiertas al océano y una cuidada propuesta de lujo (belmond.com).
Quinta Miraflores Boutique Hotel. Ocupa una casa construida a comienzos del siglo XX por el arquitecto italiano Lidio Mongilardi. La vivienda fue declarada Patrimonio Cultural del Perú en 1987 y conserva una arquitectura ecléctica con influencias española, italiana y francesa (quintamiraflores.com).












