Hay mujeres que no necesitan adaptarse a las tendencias para seguir formando parte de la conversación de la moda. Laura Ponte es una de ellas. La icónica modelo española volvió a subirse a una de las pasarelas más esperadas de la Semana de la Moda de París, esta vez de la mano de Tom Ford. Su presencia en la presentación de la última colección de la firma se convirtió en uno de los momentos destacados de un desfile que reivindicó la sensualidad, la provocación y el poder de la actitud.
Al frente de la dirección creativa, Haider Ackermann continúa explorando el legado de Tom Ford desde una perspectiva propia. En esta ocasión, el diseñador propone un juego de seducción en el que la ropa y el cuerpo mantienen un diálogo constante. El escenario, construido a partir de paneles de cristal y espejos, se convierte en parte esencial de la puesta en escena: los modelos se detienen para contemplar sus reflejos y cruzan miradas a través de las superficies transparentes, en una coreografía que convierte la pasarela en un espacio de exhibición y deseo.
En medio de toda esta escenografía, Laura Ponte aporta algo más allá de la ropa: personalidad. Su presencia en el casting, junto a Liu Wen, Mariacarla Boscono y Kristen McMenamy, encaja con una propuesta que no entiende la sensualidad como una cuestión de edad, sino de actitud y presencia. Su trayectoria y su manera de desfilar aportan una dimensión distinta a una colección que busca precisamente escapar de los códigos convencionales. Laura Ponte recuerda que el verdadero magnetismo no se fabrica: se tiene.
La española es una de las modelos más cotizadas de estas últimas temporadas entre las marcas francesas. Es imagen de la más reciente campaña de Saint Laurent, donde se muestra enfundada en un traje de encaje negro, y también ha figurado en los últimos desfiles de Matthieu Blazy para Chanel, dejando claro que la diversidad de edades sobre la pasarela trasciende la tendencia para convertirse en manifiesto.






































































