Frase del día

Paulo Coelho, escritor brasileño, sobre las relaciones románticas: "Las historias de amor nos acercan a la eternidad y a la esencia de la vida porque encierran en sí todos los secretos del mundo"


Nuestra experta en parejas nos ayuda a entender la frase del autor sobre el amor y desvela las enseñanzas que se pueden extraer de ella para cuidar bien nuestras relaciones


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
4 de octubre de 2026 a las 18:55 CEST

Cuando alguien te empieza a gustar, un mensaje que tarda más de la cuenta puede alterar tu estado de ánimo, una conversación puede quedarse dando vueltas en tu cabeza durante horas y una pequeña muestra de cariño puede hacerte sentir que todo encaja. También puede ocurrir justo todo lo contrario. Puede que aparezca el miedo a perder a esa persona, la necesidad de saber qué está pensando o incluso una inseguridad que hasta entonces no sabías que estaba ahí. El amor tiene esa capacidad casi desconcertante de sacar a la superficie partes de nosotros que permanecían tranquilas cuando no había nadie que pudiera despertarlas.

Dove Cameron y Damiano David se han casado este 24 de septiembre© Getty Images
Dove Cameron y Damiano David se han casado este 24 de septiembre

"En toda historia de amor siempre hay algo que nos acerca a la eternidad y a la esencia de la vida, porque las historias de amor encierran en sí todos los secretos del mundo", escribió Paulo Coelho en su obra, A orillas del río Piedra me senté y lloré (2004). Una frase que puede sonar a romanticismo en primera lectura, pero que también admite una interpretación mucho más psicológica donde una relación sentimental aparece como una oportunidad para, no solo conocer a otra persona, sino también descubrir cómo somos nosotros cuando algo nos importa profundamente. 

Como explica Lara Ferreiro (@psicologa_laraferreiro), psicóloga y autora de ¡Ni un capullo más!: El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta, "el amor tiene la capacidad de activar emociones que en otros ámbitos permanecen ocultas. Puede despertar ilusión, miedo, deseo, inseguridad, necesidad de pertenencia, celos, confianza, vulnerabilidad y esperanza. Por eso una relación sentimental no es simplemente un vínculo entre dos personas, sino también un escenario donde aparecen nuestra historia emocional, nuestras heridas y nuestra manera de relacionarnos".

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Quién es Paulo Coelho y por qué habla tanto del amor

Paulo Coelho es uno de los escritores brasileños más leídos internacionalmente y autor de novelas como El Alquimista, Veronika decide morir, Once minutos o El peregrino de Compostela. Su literatura ha girado con frecuencia alrededor de cuestiones como la búsqueda personal, los vínculos, el sentido de la vida y el crecimiento interior, temas que ayudan a entender el trasfondo de una frase que, más allá de su componente romántico, habla de todo aquello que una historia de amor puede despertar en nosotros.

Y es precisamente esa dimensión la que interesa a la psicología. Porque cuando Paulo Coelho habla de "eternidad", no tiene por qué referirse a una relación que dura para siempre. Puede hablar también de esas experiencias que permanecen en nuestra memoria mucho después de haber terminado. Una persona puede formar parte de nuestra vida durante unos meses y, sin embargo, dejar una huella que continúa acompañándonos años después. Más allá de hablar sobre este sentimiento en esta obra, lo hace en casi todas las que escribe. 

"Cuando Paulo Coelho habla de 'la eternidad', no necesitamos interpretarlo literalmente. Psicológicamente puede referirse a esas experiencias que, aunque duren poco, dejan una huella profunda y permanecen durante años en nuestra memoria. Hay personas, conversaciones, abrazos o despedidas que ocupan apenas unos minutos de nuestra vida, pero que continúan influyéndonos mucho tiempo después", explica Lara Ferreiro.

Y algo parecido sucede con esos "secretos del mundo" a los que alude el escritor. Como señala la experta, "podemos entenderlo como una metáfora de los grandes conflictos humanos. Dentro del amor aparecen el miedo a perder, la necesidad de ser elegidos, la dificultad para confiar, el deseo de sentirnos importantes, la capacidad de soltar y el desafío de amar sin dejar de ser nosotros mismos", señala la especialista.

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Lo que una relación puede descubrir de nosotros

A veces creemos saber perfectamente cómo somos hasta que aparece alguien que realmente nos importa.  En ese sentido, "una relación importante puede enseñarnos cómo buscamos seguridad emocional. Algunas personas necesitan mucha cercanía y confirmación para sentirse tranquilas, mientras que otras empiezan a distanciarse cuando alguien se acerca demasiado. Estas reacciones pueden estar relacionadas con nuestra historia afectiva y con las experiencias que hemos acumulado a lo largo de la vida", cuenta Lara Ferreiro.

Por eso el amor puede funcionar como una especie de espejo. No necesariamente porque nos muestre una versión "verdadera" y definitiva de nosotros mismos, sino porque amplifica determinadas emociones y comportamientos que quizá permanecían dormidos. Así lo explica la especialista en parejas: "Cuando una persona comienza a importarnos realmente, nuestras reacciones emocionales se intensifican. Podemos descubrir miedo al abandono, necesidad de control, dificultad para confiar o una enorme dependencia de la aprobación del otro, aunque antes pensáramos que éramos completamente independientes", señala.

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La experta insiste, eso sí, en que descubrir un patrón no significa ponerse inmediatamente una etiqueta. Puede ser más útil observar qué está ocurriendo y preguntarse de dónde viene: "Esto no significa que debamos etiquetarnos inmediatamente. Lo útil es observar nuestros patrones con curiosidad. Una relación puede convertirse en una oportunidad extraordinaria para descubrir de qué manera buscamos cariño, cómo reaccionamos ante la distancia y qué comportamientos utilizamos cuando tenemos miedo de perder a alguien", aclara.

De hecho, una reacción que parece hablar únicamente de la pareja puede estar contando algo más. Ante esos momentos en los que una emoción se dispara, Lara Ferreiro propone cambiar ligeramente el foco: "Cuando notes una reacción emocional intensa, no preguntes solamente '¿qué ha hecho la otra persona?', sino que también debes cuestionarte qué ha despertado dentro de ti. Muchas veces ahí comienza el verdadero autoconocimiento".

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El difícil equilibrio entre amor y control

Una de las emociones que más fácilmente aparecen cuando existe miedo a perder a alguien es la necesidad de controlar. Saber dónde está la pareja, con quién habla, por qué no responde o si sigue sintiendo exactamente lo mismo puede parecer una manera de buscar tranquilidad, aunque en realidad termine alimentando todavía más la ansiedad. Se trata de una necesidad que nace de la incertidumbre, "una de las experiencias más difíciles de controlar" según la psicóloga.

Bajo este prisma, Lara Ferreiro explica de dónde sale esa necesidad de controlar al otro: "Podemos cuidar una relación, comunicarnos correctamente y comprometernos con alguien, pero nunca podremos controlar completamente lo que otra persona sentirá dentro de seis meses o dentro de diez años. Por eso algunas personas intentan convertir el control en seguridad. Necesitan saber dónde está su pareja, con quién habla, qué piensa o si sigue sintiendo exactamente lo mismo. Sin embargo, intentar eliminar toda incertidumbre puede generar todavía más ansiedad y deteriorar la confianza".

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La seguridad emocional, en este sentido, no consiste en conseguir garantías absolutas sobre el futuro. También tiene que ver con confiar en que, si las circunstancias cambian, podremos afrontar lo que venga: "La verdadera seguridad emocional no consiste en garantizar que nada malo ocurrirá. Consiste en desarrollar la sensación interna de que, aunque la vida cambie, podremos afrontar lo que suceda. Es pasar del 'necesito saber que nunca te irás' al 'quiero construir contigo, pero también sé que puedo sostenerme'", explica la experta.

La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia la posición desde la que construimos una relación. Por eso, cuando aparece la necesidad de controlar, la psicóloga invita a hacerse una pregunta muy concreta: "En el día a día, lo útil sería preguntarse si estamos intentando construir confianza, o si estamos intentando controlar para no sentir miedo' Distinguir ambas cosas puede cambiar profundamente nuestra manera de amar".

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Heridas del pasado que vuelven

Hay discusiones que parecen comenzar por algo pequeño, pero provocan una reacción mucho mayor de la esperada. Puede ser un comentario sobre otra persona, una sensación de distancia o incluso un cambio de planes. A veces, lo que duele no pertenece únicamente al presente. "Muchas veces pensamos que nuestros conflictos emocionales empiezan con nuestra pareja, cuando en realidad la relación simplemente los hace visibles. Una situación aparentemente pequeña puede activar heridas antiguas relacionadas con rechazo, abandono, comparación, humillación o sensación de no ser suficiente", explica Lara Ferreiro. 

Por eso, mirar hacia dentro, sin embargo, no significa asumir que todo conflicto sentimental nace de nuestras propias heridas. La conducta de la otra persona también importa y existen comportamientos que no deberían justificarse mediante ninguna explicación psicológica.

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"Si una persona miente, manipula, humilla o rompe acuerdos, existe un problema real dentro de la relación. La psicología no debería utilizarse para justificar comportamientos dañinos ni para convertir cualquier conflicto en una supuesta herida personal", advierte. La reflexión puede servir, en cambio, para entender nuestra propia posición dentro de una dinámica que quizá no nos resulta nueva: "Sin embargo, incluso cuando el comportamiento del otro es problemático, podemos preguntarnos por qué determinadas situaciones nos afectan de una forma concreta o por qué permanecemos en dinámicas que nos hacen daño. Esa reflexión permite identificar patrones que quizá llevamos años repitiendo", señala.

Y hay una pregunta que puede ayudar a distinguir entre una emoción provocada por el presente y otra que conecta con algo más antiguo: "Esto me duele únicamente por lo que está sucediendo ahora o porque toca algo antiguo dentro de mí?. La respuesta puede ayudarnos a comprender mejor la intensidad de nuestras emociones".

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Amar sin dejar de ser uno mismo

Cuando una relación funciona, es natural empezar a construir planes compartidos, rutinas y espacios comunes. El problema aparece cuando el "nosotros" empieza a ocupar todo el espacio y ya no queda apenas sitio para la vida individual: "Una relación saludable necesita cercanía, pero también autonomía. Amar no significa renunciar a nuestras amistades, proyectos, aficiones, opiniones o necesidades para adaptarnos completamente a la vida de otra persona. Una pareja debería permitirnos construir un 'nosotros' sin destruir nuestros respectivos 'yo'. A veces confundimos amor con fusión. Poco a poco dejamos de hacer cosas por nuestra cuenta, necesitamos consultar cada decisión y empezamos a sentir que nuestra felicidad depende completamente del estado de la relación. Esa dependencia puede parecer romántica al principio, pero con el tiempo puede generar inseguridad y resentimiento", explica la psicóloga.

Pero mantener una identidad propia tampoco significa convertir la independencia en una barrera para evitar la intimidad. "También existe el extremo contrario. Es decir, personas que utilizan la independencia como una forma de evitar cualquier compromiso emocional. La autonomía saludable no consiste en no necesitar nunca a nadie, sino en poder vincularnos profundamente sin sentir que perdemos nuestra identidad", matiza.

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Sentir mucho no significa tener que reaccionar a todo

Un mensaje que tarda en llegar, una frase que interpretamos mal o una discusión pueden bastar para que en cuestión de minutos aparezcan ansiedad, enfado o miedo. El problema, explica Ferreiro, no está necesariamente en experimentar esas emociones, sino en lo que hacemos después con ellas: "Las relaciones sentimentales tienen una enorme capacidad para activar emociones intensas. Pero el verdadero problema aparece cuando reaccionamos automáticamente desde ellas. Podemos sentir celos sin controlar, enfado sin insultar, miedo sin manipular y tristeza sin responsabilizar completamente a nuestra pareja de calmarnos", señala.

Entre la emoción y la respuesta puede existir un pequeño espacio que permita elegir qué hacer con aquello que sentimos. "La regulación emocional consiste en introducir un pequeño espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos. Ese espacio puede durar unos segundos, pero muchas veces determina si una conversación termina convirtiéndose en un conflicto destructivo o en una oportunidad para entendernos", explica. Así, antes de responder en caliente, cuatro preguntas pueden ayudar a poner un poco de distancia: "¿Qué siento?¿Qué estoy pensando? ¿Qué necesito? ¿Cómo puedo expresarlo sin atacar?". Estas cuatro preguntas pueden evitar muchas discusiones impulsivas", sugiere.

También existe una fase del amor en la que todavía estamos intentando gustar. Elegimos cuidadosamente qué mostramos, escondemos nuestras inseguridades y procuramos enseñar nuestra versión más atractiva. Con el tiempo, sin embargo, la intimidad exige algo distinto: poder dejar de interpretar un personaje: "Sentirse conocido de verdad y continuar sintiéndose aceptado puede ser una de las experiencias emocionales más profundas que ofrece una relación", cuenta Lara Ferreiro.

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Lo que creemos merecer también entra en juego

La manera en que nos relacionamos puede estar condicionada por la imagen que tenemos de nosotros mismos. Cuando la autoestima es frágil, podemos llegar a aceptar poco por miedo a no encontrar nada mejor o esforzarnos constantemente para sentir que merecemos ser queridos. Según la experta, "una autoestima más sólida permite entender que amar muchísimo a alguien no obliga a aceptar cualquier comportamiento. Podemos querer y poner límites, echar de menos y no regresar, sentir dolor y seguir protegiéndonos. El amor no debería exigir que renunciemos a nuestro propio respeto. Uno de los errores más comunes consiste en convertir el comportamiento del otro en una medida de nuestro valor. Si nos elige pensamos que valemos; si nos rechaza, sentimos que hay algo defectuoso en nosotros. Pero una relación no determina nuestra valía personal". 

Cambiar la pregunta puede modificar también nuestra posición dentro de una relación. "¿Estoy intentando conseguir que esta persona me quiera o estoy observando si esta relación también es buena para mí?". Cambiar esta perspectiva modifica completamente nuestra posición emocional", señala.

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Una pareja feliz también discute

El conflicto, por sí mismo, no demuestra que una relación vaya mal. Dos personas distintas van a tener desacuerdos, necesidades diferentes y momentos en los que el cansancio o la frustración pesen más. Lo importante está en cómo se atraviesan esos momentos: "Una discusión puede convertirse en algo constructivo cuando ambos expresan lo que necesitan, escuchan y buscan soluciones. El problema aparece cuando existen humillaciones, amenazas, desprecio, insultos, castigos emocionales o intentos constantes de ganar a cualquier precio. La calidad de una relación se observa especialmente en los momentos difíciles. Cuando todo funciona es relativamente fácil sentirse unido; el verdadero desafío aparece cuando existen frustración, cansancio o desacuerdo", explica Lara Ferreiro.

Después de una discusión, quizá sea más interesante preguntarnos cómo hemos tratado al otro que quién ha conseguido tener la razón. "Después de una discusión podemos preguntarnos: "¿Hemos intentado comprendernos o solamente hemos intentado ganar?". En una relación madura, resolver el problema debería ser más importante que derrotar a la otra persona", apunta.

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Algunas historias terminan, pero no desaparecen

No todas las historias de amor están destinadas a durar toda la vida. Y eso tampoco significa que hayan sido menos importantes. Algunas relaciones se convierten en parte de nuestra historia precisamente porque terminaron y nos obligaron a mirar de otra manera aquello que necesitábamos, aceptábamos o esperábamos de una pareja.

"Algunas personas nos enseñan lo que necesitamos precisamente cuando dejan de formar parte de nuestra vida", señala Ferreiro. Tanto es así que, como ella misma explica, "una ruptura puede hacernos descubrir límites que antes no sabíamos poner, señales que ignorábamos o necesidades emocionales que nunca habíamos reconocido. También puede enseñarnos que somos capaces de sobrevivir a algo que en determinado momento creíamos insoportable. 

Esto no significa romantizar el sufrimiento. Una experiencia dolorosa no necesita haber sido «necesaria» para que posteriormente podamos aprender de ella. El aprendizaje consiste en aprovechar lo vivido para comprendernos mejor y no repetir determinados patrones", aclara. Por eso, cuando una historia llega a su final, analizar qué nos ha enseñado y cómo hemos crecido en ella es fundamental. "Convertir el pasado en conocimiento puede ayudarnos a relacionarnos mejor en el futuro", comenta Lara Ferreiro.

pareja hamaca

El amor romántico no es el único vínculo que importa

La frase de Paulo Coelho habla de las historias de amor, pero muchas de las necesidades que aparecen en ellas también están presentes en otros vínculos. "Las personas necesitamos conexión emocional. Necesitamos sentir que pertenecemos, que somos escuchados y que nuestra presencia significa algo para otros. Esa necesidad no pertenece exclusivamente al amor romántico, sino también a la amistad, la familia y otros vínculos profundos. Por eso tener pareja no es un requisito para vivir plenamente. Lo verdaderamente importante es disponer de relaciones significativas en las que podamos sentirnos vistos, valorados y acompañados sin perder nuestra identidad", recuerda Lara Ferreiro.

Desde ahí, "la esencia de la vida" de la que habla el autor puede entenderse también como la importancia de cuidar los vínculos que hacen que nuestra vida tenga significado.  Y no siempre hace falta hacer grandes declaraciones para cuidar esas relaciones. "Aplicarlo diariamente puede ser tan sencillo como pensar en qué relaciones cuidamos, quiénes nos ayudan a sentirnos auténticos a quiénes deberíamos escuchar más, o qué vínculos descuidamos.  "El amor también se demuestra prestando atención", apunta" la especialista.

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Lo que una historia de amor puede enseñarnos sobre nosotros

Al final, quizá ahí esté el verdadero significado psicológico de aquella frase de Paulo Coelho. Una historia de amor contiene muchas de las grandes preguntas que nos acompañan como personas: cuánto confiamos, qué hacemos cuando tenemos miedo, qué necesitamos para sentirnos seguros, cómo ponemos límites y cuánto somos capaces de conservar nuestra identidad mientras construimos una vida junto a alguien.

La psicóloga propone, además, utilizar esas emociones como una fuente de información. Si sentimos celos, por ejemplo, podemos intentar descubrir qué miedo existe detrás: "Si sentimos celos, podemos preguntarnos: «¿Qué temo perder?». Tal vez exista miedo a ser reemplazados, a no ser suficientes o a ser abandonados. Comprender la emoción no significa justificar cualquier comportamiento, pero sí nos ayuda a responder de una manera más consciente".

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Quizá por eso una historia de amor puede acercarnos, en palabras de Paulo Coelho, a esa "esencia de la vida": porque cuando alguien consigue importarnos de verdad, también nos obliga a mirar hacia dentro. "La enseñanza más poderosa de la frase de Paulo Coelho es que una historia de amor puede convertirse en una herramienta de autoconocimiento. Las relaciones nos muestran nuestras fortalezas, pero también aquellas zonas de nosotros mismos que todavía necesitan atención", concluye Lara Ferreiro.

"El amor puede enseñarnos dónde sentimos miedo, dónde necesitamos establecer límites y cómo reaccionamos cuando sentimos que podemos perder algo importante. También nos enseña nuestra capacidad para cuidar, confiar, negociar y compartir nuestra vida. Por eso quizá no deberíamos preguntarnos únicamente si hemos encontrado al amor de nuestra vida. Puede ser todavía más útil preguntarnos qué estamos aprendiendo sobre nosotros gracias a nuestra manera de amar", concluye.