Frases que inspiran

Isabel Allende, Premio Planeta 2026, sobre el secreto de una vida plena: "La felicidad que se vive deriva del amor que se da, y más tarde ese amor será la felicidad de uno mismo"


La escritora chilena nos invita a reflexionar sobre la importancia de cuidar nuestras relaciones y por qué lo que ofrecemos a los demás también puede contribuir a nuestro bienestar emocional.


© Europa Press via Getty Images
20 de octubre de 2026 a las 18:01 CEST

Hay personas que pasan buena parte de su vida buscando la felicidad. Algunas creen que la encontrarán cuando consigan un buen trabajo, alcancen sus objetivos o tengan todo aquello que desean. Otras descubren, con el paso de los años, que los momentos más felices no siempre están relacionados con lo que conseguimos, sino con las personas con las que compartimos nuestra vida. De hecho, sentirnos queridos, cuidar de quienes nos importan y saber que podemos contribuir a su bienestar son algunas de las experiencias que más sentido pueden dar a nuestra existencia.

Sobre esta idea reflexiona la escritora chilena Isabel Allende, recientemente galardonada con el Premio Planeta 2026, en una frase que invita a mirar la felicidad desde otra perspectiva: "La felicidad que se vive deriva del amor que se da, y más tarde ese amor será la felicidad de uno mismo". Sus palabras plantean una cuestión interesante: ¿por qué hacer felices a los demás puede ayudarnos también a sentirnos mejor? ¿Y hasta qué punto es saludable encontrar nuestra propia satisfacción en lo que ofrecemos a otras personas? Para comprenderlo, contaremos con la psicóloga Victoria Acedo, que analizará el significado de esta reflexión y cómo podemos aplicarla a nuestras relaciones personales.

Isabel Allende en el escritorio de su hogar donde pasa horas escribiendo© allendeisabel

¿Quién es Isabel Allende?

Isabel Allende es una de las escritoras más reconocidas de la literatura contemporánea en español. Nació en Lima, Perú, en 1942, aunque creció en Chile, país con el que mantiene un profundo vínculo personal y literario. Su carrera como novelista comenzó en 1982 con La casa de los espíritus, una obra que alcanzó un enorme éxito internacional y que abrió el camino a una trayectoria marcada por historias de amor, pérdidas, memoria, superación y fortaleza femenina.

A lo largo de su carrera ha publicado títulos como La casa de los espíritus, Eva Luna, Paula, Hija de la fortuna o Violeta, y sus libros han vendido más de 80 millones de ejemplares en todo el mundo. Su obra le ha valido numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Literatura de Chile en 2010, la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos, concedida por Barack Obama en 2014, y la medalla de la National Book Foundation por su contribución a las letras estadounidenses en 2018.

Felipe Vi y Doña Letizia han hecho entrega de los Premios Planeta a Isabel Allende© Getty Images

El último de estos reconocimientos ha llegado el 15 de octubre de 2026, cuando, a sus 84 años, recibió el Premio Planeta por La hora antes del alba, una novela con la que regresa al universo de La casa de los espíritus para continuar la historia de Alba Trueba. La escritora recibió el galardón en Barcelona, durante una ceremonia presidida por los reyes Felipe VI y Letizia.

Pero, más allá de sus éxitos literarios, Isabel Allende también ha hablado abiertamente de las experiencias que han marcado su vida. El exilio, la pérdida de su hija Paula y su compromiso con las mujeres más vulnerables han influido en su manera de entender el mundo. De hecho, en su propia biografía reconoce que sus logros más importantes no son sus libros, sino el amor que ha compartido con las personas cercanas y sus esfuerzos por ayudar a los demás.

Isabel Allende en el Instituto Cervantes nombrada doctora honoris causa© Getty Images

¿Qué quiso decir la escritora chilena con esta frase?

Como explica la psicóloga Violeta Acedo, solemos pensar que somos felices cuando nos ocurre algo bueno, recibimos una noticia agradable o alguien nos demuestra su cariño. Sin embargo, también podemos experimentar esa misma satisfacción cuando somos nosotros quienes provocamos la alegría de otra persona.

Desde la psicología, este fenómeno se relaciona con la conducta prosocial, es decir, aquellas acciones que realizamos para beneficiar a otras personas. Y lo interesante es que sus efectos sobre nuestro bienestar se han estudiado científicamente.

La psicóloga recuerda un experimento realizado en 2008 en el que los investigadores entregaron dinero a varios participantes y les pidieron que lo gastaran antes de terminar el día. Unos debían emplearlo en sí mismos y otros, en alguien más. Al comparar los resultados, observaron que quienes habían destinado el dinero a otras personas manifestaban una mayor felicidad.

Pareja madura feliz © Getty Images

Lo curioso, señala Acedo, es que antes del experimento otras personas habían pronosticado que gastar el dinero en sí mismas les proporcionaría más satisfacción. Es decir, no siempre sabemos qué nos va a hacer realmente felices.

¿Significa esto que es mejor dar cariño que recibirlo? No exactamente. "Necesitamos ambas experiencias", aclara la especialista. Lo que nos enseña la frase de Allende es que querer a alguien no consiste únicamente en esperar que esa persona nos haga felices. También podemos encontrar satisfacción al saber que hemos contribuido a su bienestar.

mujer madura y sonriente con una camisa verde mirando a cámara© Getty Images

¿Por qué ayudar a alguien que queremos nos hace sentir tan bien?

Pensemos en la ilusión que nos hace preparar una sorpresa, organizar una celebración o encontrar el regalo perfecto para alguien especial. A veces, incluso disfrutamos más imaginando su reacción que con el propio acontecimiento. Y es que, como explica Acedo, la felicidad de las personas que queremos puede convertirse también en una experiencia compartida.

Sin embargo, no todas las formas de ayudar producen el mismo bienestar. La psicóloga explica que las investigaciones han encontrado diferencias entre ayudar voluntariamente y hacerlo por obligación. Cuando actuamos porque realmente queremos, la ayuda se asocia con una mayor satisfacción, tanto para quien la ofrece como para quien la recibe.

Esto explica por qué podemos disfrutar preparando durante horas una sorpresa y, en cambio, sentirnos agotados al hacer un favor mucho más sencillo. "No siempre es la cantidad de esfuerzo lo que determina cómo nos sentimos, sino el significado que tiene para nosotros y la libertad con la que lo realizamos", señala.

pareja en la calle© Getty Images

¿Por qué algunas personas necesitan más demostraciones de cariño que otras?

No todos expresamos el amor de la misma manera. Hay personas que disfrutan cuidando, anticipándose a las necesidades de los demás o teniendo pequeños detalles. Otras, en cambio, necesitan escuchar palabras de afecto, recibir muestras de interés o sentir que quienes las rodean están pendientes de ellas.

Según Acedo, estas diferencias están relacionadas con nuestra historia personal, las experiencias que hemos vivido y la manera en que hemos aprendido a reconocer el cariño. Pero necesitar afecto no significa ser menos generoso. Todos necesitamos sentirnos queridos, aunque no siempre lo expresemos de la misma forma.

Tal como nos cuenta la experta, en psicología existe un concepto que ayuda a comprenderlo: la responsividad percibida, que hace referencia a hasta qué punto sentimos que otra persona nos comprende, nos valora y responde a nuestras necesidades.

Una madre rubia en el salón de su casa con un bebé recién nacido en brazos, sonriendo y apoyando su cara sobre su cabeza.© Getty Images

Por ejemplo, alguien puede recibir muchos mensajes cariñosos y, aun así, no sentirse comprendido. En cambio, otra persona puede sentirse profundamente querida cuando un amigo recuerda algo que le preocupaba y le pregunta cómo se ha resuelto.

Pero también puede suceder lo contrario: personas que saben cuidar extraordinariamente bien a los demás, pero que se sienten incómodas cuando alguien intenta hacer lo mismo por ellas. Están tan acostumbradas a ayudar que les cuesta reconocer sus propias necesidades afectivas.

pareja en crisis en la cocina de casa© Getty Images

¿Podemos acabar sufriendo si damos demasiado y recibimos poco?

Esta es una de las cuestiones más importantes que plantea la frase de Isabel Allende. Porque, aunque dar amor pueda hacernos felices, eso no significa que cuanto más demos, mejor nos sentiremos.

Como antes mencionaba la especialista en psicología, debemos distinguir entre ayudar porque queremos y hacerlo por miedo a decepcionar, provocar un enfado o perder el cariño de alguien. En el segundo caso, nuestra generosidad puede terminar convirtiéndose en una obligación emocional.

Es cierto que las relaciones personales no funcionan como un intercambio comercial. No llevamos la cuenta de cuántas veces hemos acompañado a un amigo o de los favores que hacemos a nuestra pareja. Sin embargo, que el amor no exija una compensación inmediata no significa que la reciprocidad no importe.

pareja que acaba de discutir, en el salón de su casa© Getty Images

Hay momentos en los que una persona necesita recibir más apoyo que la otra. El problema aparece cuando ese desequilibrio se vuelve permanente y nuestras propias necesidades dejan de tener espacio.

Para identificar si estamos dando desde la libertad o desde el miedo, Acedo propone hacernos una pregunta: "¿Seguiría haciendo esto si supiera que la otra persona no va a enfadarse conmigo por decir que no?".

La respuesta puede ayudarnos a reconocer si estamos cuidando a alguien porque realmente lo deseamos o si, por el contrario, estamos sacrificando nuestro bienestar para proteger la relación.

Dos mujeres maduras felices paseando© Getty Images

¿Cómo podemos construir relaciones que nos hagan más felices?

La buena noticia es que no necesitamos grandes demostraciones de amor para fortalecer nuestros vínculos. A menudo, los gestos que más recordamos son los más sencillos: que alguien se acuerde de una fecha importante, nos escuche cuando tenemos un problema o se dé cuenta de que no estamos bien aunque intentemos disimularlo.

Acedo recuerda que los estudios sobre la gratitud en las relaciones han observado que agradecer los gestos de nuestra pareja y sentir que responde a nuestras necesidades se relaciona con una mayor calidad del vínculo.

Mujer pelirroja dando las gracias© Getty Images

Por eso, la especialista recomienda prestar más atención a esos pequeños actos cotidianos que, precisamente por ser habituales, a veces dejamos de valorar. Escuchar, acompañar, interesarnos por el día de otra persona o agradecer su ayuda son formas de demostrar que su presencia es importante para nosotros.

Pero hay algo más que también debemos aprender: dejarnos cuidar. Aceptar ayuda no significa ser débiles, depender de los demás o convertirnos en una carga. También permite que las personas que nos quieren expresen su afecto.

Como recuerda la psicóloga, la reciprocidad no consiste en devolver exactamente lo mismo que recibimos, sino en que ambas personas puedan sentirse importantes dentro de la relación.