No sabe el tiempo que le quedará de vida, pero Gustavo Oliva valora cada minuto que sigue vivo. El histórico jugador y entrenador de pádel en España anunció el pasado 7 de octubre que le quedaban pocos días de vida y publicó una carta de despedida en la que aseguraba cuánto valoraba la vida y lo importante que eran para él su familia, amigos y todas las personas que han formado parte de su vida. Con una serenidad conmovedora, señalaba que su "vida en la Tierra llega a su fin en breve" y que, mientras pudiera, seguiría compartiendo sus últimas reflexiones. Este mensaje se hizo viral de inmediato. De ahí que el deportista de 58 años haya querido conceder una entrevista al diario La Vanguardia desde la Unidad de Cuidados Paliativos del hospital Pere Virgili, en Barcelona, con la intención firme de concienciar a la gente sobre la importancia de hacerse las revisiones a tiempo, ya que considera que, de haberlo hecho, no estaría en estas circunstancias. "Si mi mensaje sirve para salvar una sola vida, ya me doy por satisfecho", dice el reconocido deportista.
Oliva admite que cuando conoció el diagnóstico sí sufrió, sin embargo poco tiempo después dejó de hacerlo. Por eso pudo escribir, desde el hospital, la publicación que se difundió masivamente. "Lo hice en diez minutos. La publiqué al mediodía (del 7 de octubre). Apenas no sabía ni etiquetar, y enseguida mis hijas me dijeron: ‘Llevas 3.000 likes’. ‘Llevas 4.000 likes’. Y todo se fue multiplicando, pronto había 40.000 likes, una burrada. Pero las cifras no son lo que le importa. "Pero a mí no me interesa eso, a mí me interesa salvar vidas. Porque yo ya estoy en el final, mi vida ya es en paliativos casi al 100%"
La paz de ver felices a sus hijas
Su voz, según la entrevista, es firme y serena. Habla de Imma, su mujer, con un amor profundo, y de sus dos hijas, de 33 y 30 años. "El ver a mis dos hijas felices, el ver que las cosas les van bien, me ha ayudado a sentirme en paz", confiesa. Pero al mismo tiempo hay algo que le entristece profundamente y es saber que no llegará a ser abuelo. "Lo único que me entristece es que no llegaré a tiempo de ser abuelo. Cada día estoy más débil, llevo días despidiéndome de todos, así nos hemos ido haciendo a la idea". Pero, pese a todo, se siente afortunado: "He sido un afortunado. He nacido en el primer mundo y en una época en la que lo he tenido todo. Hace 200 años, la esperanza de vida era mi edad actual. ¡Y hace más de mil años, muchísimo menos!".
Gustavo Oliva no siente miedo, "en absoluto", asegura. "He tenido tiempo para prepararme, he tenido conciencia de todo, he hecho mil cosas junto con la familia. Según los médicos, el deporte me ha hecho llevarlo mejor. He aguantado muchas líneas de tratamiento diferente". El deporte ha sido una parte esencial de su vida y reconoce que si hubiera tenido unos padres más afines al deporte, y no tanto por los estudios, podría haber sido buen tenista. "Pero estudié Esade y me casé pronto y pronto vino mi primera hija y con todo ello dejé el deporte hasta que alcancé los 30 años... Me empezaron a hablar del pádel. Lo probé y me aficioné y a los 40 años estaba en el Top 10 catalán".
"Fue culpa mía"
Con total sinceridad, también ha admitido que estar enfermo es culpa suya: "Fue culpa mía. Y por eso quiero ayudar a todos los que pueda ayudar". Explica que la prueba de cribado de cáncer de colon es sencilla y que la Generalitat la facilita a partir de los 50 años. Él recibió el kit, pero lo pospuso. " Al cumplir los cincuenta años recibí el tubo y podía recoger una muestra de heces e ir a la farmacia, pero me dije: ‘Ya lo haré’. Y no lo hice. Y tampoco lo hice a los 52. Y de repente observé que mis desechos eran muy delgados. Pero no sentía dolor y no hice caso y me fui a trabajar a Hungría y a Kuwait hasta que un día, al volver a Barcelona, fui con mi mujer a urgencias", recuerda Oliva.
"Me hicieron la analítica y una muestra de orina y a los tres días me dijeron: ‘Ven corriendo’. Ya era tarde para la colonoscopia, la sonda no pasaba, tenía dos tumores enormes y riesgo de obstrucción intestinal y metástasis en el bazo, el hígado, ganglios infectados... Ya no había nada que hacer".
Un agradecimiento final
Oliva reconoce, ante todo, sentirse muy afortunado por haber vivido "una vida muy completa y feliz", y esto le ayuda a marcharse "con una paz y tranquilidad que ni yo nunca me hubiera imaginado". Al despedirse, solo h querido hacer una petición: “Por favor, subraye el excelentísimo trato que he recibido en todo momento desde todo el personal sanitario del Hospital de Terrassa, de la Vall d’Hebron y del Parc Sanitari Pere Virgili". La entrevista de La Vanguardia termina con una frase sencilla y emotiva: "Así será, querido Gustavo".








