Frase del día

Julio Cortázar, escritor, sobre cómo sentirnos mejor: "No sé hablar de la felicidad, pero eso no quiere decir que no la haya tenido"


Una psicóloga analiza la cita del autor, y por qué cuesta detectar cuándo hemos estado realmente bien


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
7 de agosto de 2026 a las 13:01 CEST

¿Cuántas veces has mirado una fotografía antigua y has pensado que eras feliz, cuando, en realidad, recuerdas que en aquella época también tenías preocupaciones, dudas o miedos? Quizá un verano con amigos, una etapa en la universidad, los primeros años con tus hijos pequeños o un trabajo que entonces parecía insuficiente y que hoy contemplas con cierta nostalgia. Con frecuencia, solo somos capaces de reconocer algunos de los momentos más felices de nuestra vida cuando ya forman parte del pasado.

Esa paradoja es precisamente la que recoge una frase atribuida a Julio Cortázar que sigue latiendo con fuerza en redes sociales: "No sé hablar de la felicidad, pero eso no quiere decir que no la haya tenido".  Una sentencia habitual, que se puede encontrar en multitud de ocasiones en nuestra vida. Sucede al recordar un verano que en su día parecía lleno de preocupaciones, una comida familiar que entonces parecía rutinaria o una etapa que hoy evocamos con nostalgia. Con frecuencia, la felicidad no se presenta como un instante extraordinario ni con grandes fuegos artificiales. Más bien pasa de puntillas, camuflada entre la rutina, hasta que el tiempo nos permite reconocerla.

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Julio Cortázar (1914-1984) fue uno de los grandes escritores en lengua española del siglo XX. Novelista, cuentista y ensayista argentino, revolucionó la literatura con obras como Rayuela y dejó un legado de reflexiones que siguen invitando a mirar la realidad desde otra perspectiva. Precisamente esa mirada, capaz de encontrar profundidad en los pequeños detalles cotidianos, conecta con una pregunta que sigue despertando interés: ¿por qué tantas veces solo somos conscientes de nuestra felicidad cuando ya forma parte del pasado?

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La felicidad no siempre puede explicarse con palabras

Esther Boada, psicóloga y CEO de Centro Sukha, comenta que la enseñanza que deja esta frase es que quizá llevamos demasiado tiempo intentando definir algo que, por naturaleza, resulta difícil de encerrar en una explicación: "Creo que Julio Cortázar nos recuerda que no todo en la vida puede explicarse con palabras. Tenemos la necesidad de poner nombre, entender e incluso definir aquello que sentimos, pero la felicidad es uno de esos conceptos que se escapan de cualquier definición cerrada. Llevamos siglos preguntándonos  qué es la felicidad y cómo alcanzarla, y probablemente no exista una única respuesta".

Desde su experiencia, considera que muchas veces tratamos de racionalizar aquello que, en realidad, necesita ser vivido antes que analizado: "Como psicóloga, creo que a veces intentamos intelectualizar demasiado nuestras emociones. Queremos saber si somos felices, cuánto lo somos o cómo deberíamos sentirnos. Sin embargo, la felicidad suele vivirse más que pensarse. Hay momentos que solo entendemos cuando los miramos con perspectiva".

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La especialista explica que, precisamente por eso, en consulta no existe una única definición válida. "Cuando trabajo en terapia este aspecto, para cada persona la felicidad tiene un significado diferente. Y no es que unos estén bien y otros mal". Lo que sí intenta transmitir es una idea que suele generar mucho alivio: "Lo que sí intento profundizar es que ser feliz no son solo sentir emociones positivas. La felicidad va más allá de emociones. Y si caemos en esto nos puede hacer bastante daño".

No es casualidad que esa filosofía haya dado nombre al propio centro que dirige. "De hecho, el nombre de nuestro centro, Sukha, nace precisamente de esa reflexión. En la filosofía oriental, Sukha no hace referencia a una felicidad eufórica o a que todo vaya bien, sino a un estado de bienestar profundo, de paz interior y de equilibrio que puede mantenerse incluso cuando las circunstancias no son perfectas. Esa idea siempre me ha parecido mucho más realista y también más humana".

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¿Por qué muchas veces descubrimos que fuimos felices tarde?

Todos hemos pronunciado alguna vez frases como "qué feliz era entonces" al recordar una etapa que, mientras la vivíamos, parecía llena de preocupaciones. Para la psicóloga, esa paradoja tiene una explicación: "Muchas veces tenemos un concepto equivocado de la felicidad. Creemos que es un estado permanente, intenso y sin preocupaciones. Esperamos sentirla de una forma tan evidente que, mientras la estamos viviendo, ni siquiera la reconocemos".

A ello se suma el funcionamiento natural de nuestro cerebro. "Nuestro cerebro, además, está diseñado para fijarse más en lo que falta que en lo que ya tiene. Es un mecanismo que nos ha permitido evolucionar, pero también hace que vivamos con la sensación de que siempre necesitamos algo más para estar bien".

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Esa idea aparece con frecuencia. Como explica la experta: En consulta lo veo con frecuencia. Personas que recuerdan una etapa diciendo que eran felices antes, aunque cuando la estaban viviendo sentían que todo eran problemas. Con el paso del tiempo, las preocupaciones pierden peso y somos capaces de ver todo aquello bueno que en ese momento pasó desapercibido."

Por eso, añade, quizá el problema no sea la ausencia de felicidad, sino la forma en la que la imaginamos. "Quizá el error está en pensar que la felicidad es un lugar al que se llega. Yo creo que se parece más a pequeños instantes que aparecen y desaparecen. Y cuanto más intentamos perseguirlos o retenerlos, más parecen escaparse".

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Una vida feliz también incluye tristeza

Existe otra idea muy extendida que, según la especialista, puede alejarnos del bienestar: "Nos hemos equivocado al pensar que ser felices significa no sentir tristeza, miedo, frustración o incertidumbre. La felicidad no consiste en eliminar las emociones difíciles, sino en aprender a convivir con ellas sin que dirijan nuestra vida. Al final, una vida plena no es aquella en la que siempre hace sol, sino aquella de la que podemos sentirnos orgullosos porque, incluso en los días más oscuros, seguimos construyendo algo que tiene sentido para nosotros".

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Cómo dejar de perseguir la felicidad y empezar a vivirla

Si existe una estrategia que Esther Boada repite con frecuencia en consulta, es cambiar la manera en la que nos hacemos determinadas preguntas: "Quizá el primer paso sea dejar de perseguir la felicidad como si fuera un destino al que algún día vamos a llegar. Cuando vivimos esperando ese momento en el que por fin todo encajará, nos perdemos la vida que está ocurriendo mientras tanto".

Por eso propone un cambio de perspectiva. "Suelo invitar a las personas a cambiar la pregunta. En lugar de preguntarse constantemente '¿Soy feliz?', les propongo preguntarse: '¿Estoy construyendo una vida que tiene sentido para mí?' Porque la felicidad no suele aparecer cuando dejamos de tener problemas, sino cuando sentimos que nuestra vida está alineada con nuestros valores, con las personas que queremos y con aquello que es importante para nosotros".

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La psicóloga recuerda, además, que gran parte del bienestar se esconde en gestos cotidianos que solemos pasar por alto. "También ayuda mucho entrenar la capacidad de detenernos. Nuestro cerebro está preparado para correr hacia la siguiente meta, pero pocas veces se para a reconocer lo que ya existe. Agradecer un momento agradable, saborear una conversación, disfrutar de una comida con calma o abrazar a alguien sin mirar el reloj parecen cosas pequeñas, pero ahí suele esconderse gran parte del bienestar."

Y concluye con una reflexión que conecta de nuevo con la frase que inspira este artículo. "Y quizá lo más importante sea aceptar que una vida feliz no es una vida sin tristeza, sin miedo o sin frustración. Todas esas emociones forman parte de estar vivos. La diferencia está en no esperar que desaparezcan para empezar a vivir".