Álvaro Lafuente nació en Benicàssim, Castellón, pero la casa familiar estaba en Las Cuevas de Cañart, el pueblo de su abuela. Allí pasó buena parte de sus veranos y allí empezó también la historia de su nombre artístico. Los vecinos lo veían siempre con la guitarra a cuestas y bromeaban: “El Alvarico, todo el día con la guitarrica”. A él le gustó cómo sonaba aquel diminutivo tan aragonés y acabó juntándolo con su apellido.
Guitarricadelafuente no necesitó inventarse un pueblo para convertirlo en canción. Ya estaba allí, en sus recuerdos, y después llegaron las letras que lo llevaron mucho más lejos. En Guantanamera aparece como una declaración de amor: “En las Cuevas de Cañart, la vida es tan bonita que parece de verdad”. Cuatro años después, su nombre volvió a colarse en La cantera, su primer álbum. El título viene de una expresión que utilizaban los mayores cuando veían llegar a los chavales: “Ahí viene la cantera”. Una manera muy de pueblo de hablar del relevo entre generaciones, de esos jóvenes que se marchan, pero regresan en vacaciones.
Para Guitarricadelafuente, este rincón del Maestrazgo turolense no es solo un lugar al que volver, es parte de su historia familiar y musical. Su bisabuelo era músico y profesor de jota y bandurria; su abuela tocaba varios instrumentos y fue quien le enseñó los primeros acordes de jota. Entre familiares, vecinos y canciones aprendidas de oído, el joven artista fue descubriendo una música que después haría suya y llevaría a escenarios de medio mundo.
QUÉ VER EN LAS CUEVAS DE CAÑART
Las Cuevas de Cañart es una pequeña pedanía de Castellote de apenas 70 habitantes, pero concentra en sus calles buena parte de la historia del Maestrazgo. Se entra por el Portal de Marzo, único vestigio de la antigua muralla medieval, y enseguida aparecen algunas de sus construcciones más singulares, como la Casa Moliner, una construcción señorial de arquitectura aragonesa con galería de arquillos, o la Casa Arellano, cuya fachada neoclásica está decorada con azulejos.
La iglesia de San Pedro Apóstol domina la silueta del pueblo. Es un templo barroco de tres naves, con una cúpula sobre tambor octogonal y una torre-campanario que sobresale entre los tejados. A las afueras quedan las ruinas del antiguo convento de los Capuchinos, del que todavía se conservan sus grandes arcos de piedra.
No muy lejos, un camino lleva hasta la cascada de San Nicolás, un pequeño salto de agua escondido entre las huertas y el paisaje de secano.
Pero quizá lo más interesante de Las Cuevas de Cañart sea recorrer sus calles con las canciones de Guitarricadelafuente en la cabeza. Aquí se rodó el videoclip de Guantanamera, y aquí están también muchos de los lugares que forman parte de la historia personal y musical del artista.
OTROS PUEBLOS DEL MAESTRAZGO
Desde Las Cuevas de Cañart se pueden enlazar otras visitas por el Maestrazgo. Castellote está a 10 minutos en coche y merece una parada para recorrer su casco histórico y acercarse hasta las ruinas de su castillo, encaramado sobre la roca y con buenas vistas.
A 10 kilómetros se encuentra Molinos, conocido sobre todo por las Grutas de Cristal, un mundo subterráneo de estalactitas, estalagmitas y otras formaciones minerales que se han ido creando en el interior de la montaña.
Y algo más lejos, a media hora, aparecen dos de los nombres imprescindibles de la comarca: Mirambel y Cantavieja. El primero conserva buena parte de su recinto medieval amurallado, con calles estrechas, casas de piedra y pasadizos que permiten entender cómo era la vida en una villa fortificada. Cantavieja, asentada en lo alto de un promontorio, tiene en su plaza porticada uno de sus espacios más reconocibles y reúne en torno a ella buena parte de su patrimonio histórico.










