Ni la Alhambra ni la mezquita de Córdoba: este espectacular palacio andalusí está en pleno centro de Zaragoza y fue cárcel de la Inquisición


Levantado por un rey poeta que lo llamó Palacio de la Alegría, este alcázar del siglo XI fue corte real, cárcel de la Inquisición e inspiró una ópera de Verdi.


Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco
11 de septiembre de 2026 a las 11:17 CEST

Desde el borde del foso, con la luz rasante de la mañana iluminando sillares centenarios, el palacio de la Aljafería no se parece en nada a un palacio. Lo que se alza al otro lado del puente es una muralla de color miel, salpicada de torres semicirculares cuyas almenas se recortan contra el cielo. La silueta es inconfundible: parece una fortaleza lista para resistir un asedio. Sin embargo, hace mucho tiempo que este imponente monumento, hoy rodeado por edificios de viviendas, en plena ciudad, dejó de tener una función militar.

Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco
El edificio de la Aljafería, rodeado de viviendas, en la ciudad de Zaragoza.

A lo largo de sus más de mil años de vida, la Aljafería ha sido fortaleza musulmana, palacio taifal, residencia de los Reyes Católicos, calabozo de la Inquisición, cuartel militar y, en la actualidad, sede del Parlamento aragonés.

Aunque su estampa exterior resulta espectacular, la mayor sorpresa aguarda al otro lado de sus muros, y no tiene nada que ver con la guerra. Si del esplendor del califato de Córdoba nos ha llegado su mezquita, y del canto de cisne de al-Ándalus nos queda la Alhambra, del siglo XI –la centuria de los reinos de taifas– solo sobrevive un majestuoso palacio. Y no se levanta en Andalucía, sino a un paseo del centro histórico de Zaragoza.

Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco
Ni la Alhambra de Granada, ni la mezquita de Córdoba, es la Aljafería y está en Aragón, no en Andalucía.

El Palacio de la Alegría

Al cruzar el foso y pasar por el arco de entrada, la fortaleza se desvanece. Se abre entonces el apacible patio de Santa Isabel, auténtico corazón del recinto, un espacio ajardinado con dos albercas alargadas que brillan como espejos, setos cuidadosamente recortados y naranjos cargados de frutos en invierno. En los pórticos que enmarcan el patio, una sucesión de hermosas arquerías decoradas con maestría tejen un delicado encaje que parece flotar en el aire, desafiando a la gravedad. Estamos en el mejor ejemplo de arquitectura civil de época taifal que puede visitarse hoy en día, y fue concebido con un propósito muy diferente al militar: disfrutar del murmullo del agua, la sombra y la conversación.

Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco
La Aljafería es el mejor ejemplo de arquitectura civil taifal.

La construyó entre 1065 y 1081 Abú Yáfar Áhmad ibn Sulaymán, segundo monarca de la dinastía de los Banu Hud, que reinó con el sobrenombre de al-Muqtádir billah, 'el poderoso gracias a Dios'. Guerrero implacable y mecenas de astrónomos, médicos y filósofos, al-Muqtádir era, además, un poeta más que competente. Y se permitió el lujo de bautizar él mismo su obra: llamó a todo el conjunto Qasr al-Surur, 'Palacio de la Alegría', y a la sala del trono, que ocupaba el lugar central, Maŷlis al-Dahab, o Salón Dorado»' No en vano, les dedicó unos versos que aún hoy se recitan durante las visitas guiadas: '¡Oh, palacio de la alegría! ¡Oh, salón de oro, en vosotros han hallado su colmo mis deseos!'.

El Salón Dorado sigue haciendo honor a su nombre. Una sucesión de elegantes arcos en forma de herradura se apoya en columnas de mármol y dirige la mirada hacia la bellísima portada del oratorio, encendida con tonos de color miel. En el interior aguarda el mihrab, el nicho que indica la dirección de La Meca. Lo adorna una exquisita decoración de motivos geométricos, tallos entrelazados y escritura árabe convertida en ornamento.

Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco
Elegantes arcos en forma de herradura.

En estos salones se dio cita una de las cortes más brillantes de la península, donde acudían poetas, músicos y astrónomos de todo al-Ándalus. Y por aquí pasó también un mercenario castellano desterrado por su rey: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, quien en 1081 entró al servicio de al-Mutamin –hijo de al-Muqtádir– y sirvió a los monarcas de la taifa durante años.

Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco
Artesonados del palacio.

La torre que acabó en una ópera de Verdi

Adosada a uno de los flancos del palacio se yergue una torre que destaca a un costado del recinto: cuadrangular, maciza, de cinco pisos y casi sin ventanas. Su parte más antigua se remonta a finales del siglo IX –es anterior al resto del complejo– y conserva sillares de alabastro en su parte inferior, el mismo material con el que los romanos levantaron las murallas de Caesaraugusta. Es la parte más antigua del complejo –y la más severa–, y al parecer ardió hasta los cimientos en 1039, cuando los Banu Hud conquistaron la ciudad, por lo que hubo que reconstruirla.

Se la conoce como Torre del Trovador, aunque el nombre no tiene nada de medieval, ya que surgió en el siglo XIX. En 1836, un gaditano de 22 años llamado Antonio García Gutiérrez ambientó entre estos muros la desdichada historia de amor de don Manrique de Lara y doña Leonor de Sesé, un drama que se estrenó en el Teatro del Príncipe de Madrid. Diecisiete años más tarde, Giuseppe Verdi convirtió esta historia en la ópera Il trovatore –una de las más representadas del mundo–, y el nombre de la torre viajó a los teatros de todo el mundo.

Sin embargo, la torre custodia un recuerdo mucho menos romántico. Desde finales del siglo XV sirvió de calabozo para el Tribunal de la Inquisición, y en sus muros aún se pueden leer, como un diario grabado en piedra, las inscripciones y grafitis dejados por quienes aguardaban sentencia.

Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco

Tesoro mudéjar

En la primavera de 1118, cuando Alfonso I el Batallador sitió Saraqusta, la Aljafería fue lo primero en caer; la ciudad se rindió seis meses después. El palacio cambió de propietario y de confesión religiosa, pero no de función: siguió siendo residencia real. En aquellos años, los nuevos señores contrataron a alarifes musulmanes y, fruto de esa colaboración, surgió uno de los ejemplos más bellos de mudéjar aragonés, un arte mestizo que deslumbra por su belleza.

Pedro IV construyó su propio palacio de estilo mudéjar –un alcázar dentro del alcázar–, en el complejo andalusí, pero fue precisamente la reforma emprendida por los Reyes Católicos –ya a finales del siglo XV– la que dotó a las estancias de su actual esplendor. Al subir por una magnífica escalera, iluminada por ventanas con celosías caladas, se llega al salón del trono. Nada más entrar, la mirada se dirige hacia arriba. El magnífico techo de artesonado corona la sala con un diseño de octógonos dorados, rematados por piñas colgantes, como si se tratara de una colmena de oro que cuelga sobre nuestras cabezas.

Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco
Magnífica escalera del palacio de la Aljafería.

Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, estuvieron aquí en el verano de 1492. Visitaron la Aljafería antes de entrar en la ciudad por la Puerta Cinegia, y permanecieron en Zaragoza hasta el 5 de octubre. Una semana después, a miles de kilómetros, el mundo cambió para siempre. Durante su visita, admiraron las filigranas de estilo mudéjar del palacio, las mismas que la UNESCO incluyó en la Lista del Patrimonio Mundial como parte del conjunto de la arquitectura mudéjar de Aragón.

Un palacio que sigue vivo

Después llegaron siglos menos propicios. Tras convertirse en polvorín y cuartel, el edificio fue uno de los principales escenarios de los Sitios de Zaragoza, antes de la capitulación de la ciudad ante las tropas napoleónicas en 1809.

Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco

Hoy en día, parte del conjunto está ocupado por las Cortes de Aragón, un detalle que conviene tener en cuenta antes de visitarlo: el horario de apertura depende de la actividad parlamentaria, así que conviene consultarlo antes de acudir. 

Quienes visiten la Aljafería estos meses tienen un aliciente añadido. Mientras el Museo de Zaragoza permanece cerrado por obras de ampliación, su colección dedicada a Goya ha encontrado refugio en las monumentales salas del recinto: Goya. Del Museo al Palacio reúne 62 obras –estampas sueltas, álbumes en primera edición, lienzos, dibujos, esculturas y cartas– que se incluyen en el recorrido habitual. Uno de los pinceles más brillantes de la pintura española, subrayando la belleza de la joya de la Saraqusta andalusí.

Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco
Delicados trabajos artesanales en los artesonados del palacio.

GUÍA PRÁCTICA PARA VISITAR LA ALJAFERÍA DE ZARAGOZA

 CÓMO LLEGAR AL PALACIO DE LA ALJAFERÍA 

En la calle de los Diputados, a un paseo del centro histórico, con varias líneas de autobús urbano y parada del bus turístico.

Palacio de la Aljafería de Zaragoza© Javier García Blanco
Para visitar el palacio, conviene consultar antes los horarios en la web debido a su condición como sede de las Cortes.

MEJOR ÉPOCA PARA VIAJAR 

Cualquier época del año, aunque lo ideal es la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves.

TRES IMPRESCINDIBLES 

El Salón Dorado y su oratorio, el patio de Santa Isabel y el artesonado del Salón del Trono

QUÉ PROBAR EN ZARAGOZA 

La borraja, el ternasco de Aragón o una ronda de tapas por las calles de El Tubo.

DÓNDE ALOJARTE 

El NH Collection Gran Hotel o el Hotel Palafox, en pleno centro, son dos de las opciones más recomendables.

IDEAL PARA... 

Una escapada de fin de semana para quienes disfrutan del arte, la historia y los edificios con mucho que contar.

EL CONSEJO DEL EXPERTO VIAJERO 

Consulta el calendario antes de ir. Al ser sede de las Cortes, algunos días la visita se suspende. El primer domingo de cada mes el acceso es gratuito.