Basta contemplar la silueta del castillo de Loarre para entender por qué está considerado uno de los monumentos medievales más impresionantes de España. Conserva casi intacta la arquitectura militar del siglo XI, levantada por orden del rey de Navarra Sancho III el Mayor, que fundó este convento fortaleza hacia el año 1020 en un enclave estratégico.
Cinco kilómetros separan el pueblo de Loarre de su castillo, que se alza sobre un peñasco dominando toda la Hoya de Huesca. En aquella época, este territorio marcaba la frontera entre los reinos cristianos pirenaicos y la taifa musulmana de Huesca, por lo que la fortaleza desempeñó un papel fundamental en la defensa del reino.
La gran joya del conjunto es la iglesia de San Pedro, considerada una de las obras maestras del románico aragonés. A ella se suman la capilla real, las torres de la Reina y del Homenaje, el patio de armas y las antiguas dependencias monásticas, que permiten recorrer un castillo que apenas ha perdido su aspecto medieval y, por su extraordinario estado de conservación, ha convertido a Loarre en escenario de numerosas producciones cinematográficas. La más conocida fue El reino de los cielos (2005), dirigida por Ridley Scott, un rodaje que multiplicó la proyección internacional de esta joya monumental.
CÓMO LLEGAR
El castillo de Loarre se encuentra a unos 35 kilómetros de Huesca capital y a poco más de una hora y media de Zaragoza. Se puede llegar en coche hasta sus inmediaciones y dejarlo en el aparcamiento situado junto al centro de recepción de visitantes, que acoge un restaurante. Desde el pueblo de Loarre apenas hay 5 kilómetros de ascenso por una carretera de montaña, que ofrece magníficas panorámicas del entorno.
QUÉ VER
El recorrido por la fortaleza comienza atravesando las murallas exteriores, que rodean gran parte del recinto y muestran la importancia defensiva del conjunto. De sus torres defensivas sobresalen la Torre de la Reina y la Torre del Homenaje, que permitían vigilar el amplio territorio circundante.
El patio de armas es el centro de la fortaleza, desde donde se distribuyen las principales construcciones. La auténtica joya del conjunto es la iglesia de San Pedro, considerada una de las obras maestras del románico aragonés. Construida con una extraordinaria calidad arquitectónica, conserva capiteles esculpidos, bóvedas perfectamente proporcionadas y una atmósfera de recogimiento que sorprende incluso a quienes no son aficionados al arte medieval.
Muy cerca se encuentra la cripta de Santa Quiteria, otro singular espacio donde la austeridad de la piedra y la tenue iluminación crean un ambiente casi místico. Desde aquí, el recorrido por su interior continúa descubriendo antiguas dependencias monásticas, almacenes, pasadizos, escaleras y diferentes miradores que permiten comprender la compleja organización de esta fortaleza medieval.
LA VISITA
El recorrido por el castillo de Loarre puede hacerse tanto de forma libre (6,80 €), siguiendo los numerosos paneles interpretativos de sus distintas estancias, como mediante visitas guiadas (8,80 €), que, durante algo más de una hora, ilustran sobre la historia del edificio, curiosidades del monumento, detalles arquitectónicos que pasan desapercibidos a simple vista o el papel que la construcción desempeñó durante la Reconquista (castillo-loarre.es).
Conviene llevar calzado cómodo para salvar las escaleras de piedra y los desniveles. Y en verano, además, resulta recomendable acudir a primera hora de la mañana o al final de la tarde para evitar las horas de mayor calor.
EL ENTORNO
Desde las murallas se contemplan unas extraordinarias vistas de la Hoya de Huesca, una amplia llanura salpicada de pequeños pueblos, campos de cultivo y sierras prepirenaicas. El pueblo más próximo es Loarre, que tiene un casco urbano de calles estrechas de piedra con casas tradicionales y pequeñas plazas que conservan el carácter rural de la comarca, y buenos miradores al castillo. También es el lugar donde, después de la visita, dar buena cuenta de la gastronomía tradicional altoaragonesa. ¿Nuestra recomendación? El restaurante Casa Lobarre, para probar el ternasco de Aragón, las migas o las carnes a la brasa.
A menos de media hora en coche del castillo se encuentran los Mallos de Riglos, esos pináculos de roca conglomerada de color rojo, paraíso de los escaladores que viven a probar sus habilidades en las numerosas vías abiertas en estos riscos de 300 metros de altura, pero también de los buitres leonados que tienen en ellos sus nidos.











