En febrero y marzo de 1930, Pío Baroja y su sobrino Julio Caro Baroja recorrieron el Maestrazgo turolense en una expedición que acabaría en sus Memorias de un hombre de acción. Sin embargo, lo que no podía imaginar el escritor es que este pueblo lo impactaría hasta el punto de ser merecedor de una novela propia. Descrita su geografía, etnografía e historia, la localidad se articula en la obra en torno a sucesos como la instalación de una pequeña corte carlista en el lugar.
Esta “aldea oscura, amurallada, con aire antiguo, casi de la Edad Media”, como la plasmó el literato, vivió muchos sucesos históricos, sí, pero se podría decir que el más reciente es el de haberse incluido en la red de "Los Pueblos más Bonitos de España". No es para menos, pues tras décadas disfrutando del reconocimiento de Conjunto Histórico-Artístico y de la Medalla de Oro del premio Europa Nostra por las tareas de restauración integral del pueblo, Mirambel merece ser colocado en el mapa como lugar no de paso, sino de destino.
Templarios, papas iracundos e intrigas: la historia de Mirambel
“La bella del Maestrazgo”, como muchos la conocen, roza los mil metros de altitud entre el monte de San Cristóbal y el río Bergantes. Tras su conquista por parte de Alfonso II de Aragón en 1169, acabó en manos de la Orden de los Templarios y ya en el siglo XIV a la de San Juan del Hospital. La huella de estas órdenes religiosas se materializa en una muralla del siglo XIV que ha llegado casi íntegra hasta hoy con sus cinco portales y cuatro torreones.
Y es precisamente en torno a esa muralla donde se conserva uno de los episodios más singulares de la documentación medieval de la villa, un pergamino fechado en 1413, prueba de que el papa Benedicto XIII excomulgó a Mirambel por una decisión urbanística: derribar una ermita extramuros para reutilizar su piedra en la construcción del recinto defensivo. El levantamiento de este castigo exigió el compromiso de reedificar el templo, que probablemente sea el origen de la actual iglesia conventual de Santa Catalina.
El esplendor económico vino después, con el comercio de la lana y la prosperidad de linajes como los Aliaga y los Castellot, que dejaron varias masías repartidas por el territorio. La Primera Guerra Carlista también hará de Mirambel una protagonista, instalando aquí la Junta Superior Gubernativa de los Reinos de Aragón, Valencia y Murcia, un conjunto que Baroja calificaría como “pequeña corte”, con sus propias intrigas.
Un paseo por el casco antiguo entre celosías, palacios y memoria
Mirambel exige conocerse a pie. El casco amurallado tiene su entrada principal en el Portal de las Monjas, un hito arquitectónico por sus tres pisos de galería. Estos están cerrados por celosías de barro y yeso con formas geométricas que, lejos de ser decorativas, buscaban que la superiora del Convento de las Monjas Agustinas, adosado al portal, pudiera asomarse al exterior sin ser vista.
El edificio religioso fundado en 1564 por tres agustinas fue notablemente próspero hasta que las monjas se trasladaron a Benicàssim en 1980. La iglesia de Santa Catalina, que conserva el órgano renacentista en el coro alto, es ahora el Centro de Interpretación del Patrimonio Arquitectónico del Maestrazgo.
Desde aquí, una calle estrecha conduce a la plaza Nicolás Ferrer, donde dos palacios renacentistas se miran de frente, conformando el conjunto civil más relevante del Maestrazgo turolense: La Casa Aliaga, residencia de los duques homónimos, y la Casa Castellot, ambas destacables por los detalles de sus aleros, alféizares y galerías superiores.
No son muchos los pasos que hay que dar para llegar a la Casa Consistorial, con sus ventanas adinteladas y aleros de madera labrada que pueden verse también en el resto de la villa como si de una firma arquitectónica se tratase. Vale la pena no perderse la iglesia parroquial de Santa Margarita, con su torre campanario rematada en un cuerpo superior ochavado, ni las casonas renacentistas que se concentran en la calle de las Eras, como la de los Julianes, los Barceló, los Almudena o las Costeras.
Sin embargo, el recorrido pide salir de las murallas y completar la visita descubriendo sus otros cuatro portales y el tramo del perímetro donde el muro aparece sin casas adosadas, con su magnitud al descubierto. Del castillo templario primitivo apenas quedan vestigios del antiguo horno, arcos apuntados y paredes de mampostería. Junto a la torre de Santa Ana y las ermitas de San Martín y San Roque en los alrededores, confirman la lógica de este territorio de frontera.
Ken Loach, el cineasta que volvió
El cine descubrió Mirambel mucho antes que el turismo, pues en 1986 el casco amurallado fue plató por primera vez con varias escenas de la serie Clase Media. En 1994 llegó Ken Loach, pero hasta ser reconocido como uno de Los Pueblos más Bonitos de España han pasado algunas décadas.
Tras explorar localizaciones del frente de Aragón y considerar Morella, Loach acabó decantándose por Mirambel porque buscaba una localidad pequeña, sin modernidades que disimular y una arquitectura ideal. El 80% de la acción de Land and Freedom, estrenada en 1995 (con un guión inspirado en Homenaje a Cataluña, de George Orwell), se rodó en el municipio y sus alrededores, y recibió el premio Sant Jordi a mejor película española, entre otros.
Con motivo de este orgullo, el pueblo inauguró el Paseo de Ken Loach, una ruta turístico-cultural que recorre las localizaciones del rodaje, complementada por la exposición permanente en el convento. Lo que es innegable es que el cineasta se enamoró de la villa, pues regresó a ella en el 25º y el 30º aniversario del rodaje.









