Hay playas que se recuerdan por el color del agua y otras por la amplitud de su arena. Oyambre, en cambio, deja huella por el paisaje que la rodea. Aquí el Cantábrico no termina en la orilla, sino que se adentra tierra adentro formando marismas, abraza sistemas dunares modelados por el viento y convive con praderas, bosques y acantilados. Y todo ello con una imagen difícil de olvidar: los Picos de Europa dibujándose en el horizonte cuando el cielo está despejado.
Entre las elegantes villas de Comillas y San Vicente de la Barquera, esta playa de más de dos kilómetros forma parte del Parque Natural de Oyambre, uno de los espacios protegidos más singulares de la costa cantábrica. Su atractivo no reside únicamente en el baño o en el paseo por la arena, sino en la extraordinaria diversidad de paisajes que concentra en apenas unos kilómetros.
Una playa dentro de uno de los parques naturales más valiosos del Cantábrico
Lo que diferencia a Oyambre de muchas otras playas del norte no es solo su tamaño, sino el ecosistema del que forma parte. Declarado Parque Natural en 1988, este espacio protegido abarca más de 5.000 hectáreas donde conviven playas, dunas móviles, marismas, rías, acantilados y uno de los bosques costeros mejor conservados de Cantabria.
Las desembocaduras de las rías de La Rabia y San Vicente actúan como auténticos refugios para numerosas especies de aves migratorias que encuentran aquí un lugar donde descansar y alimentarse durante sus desplazamientos entre el norte y el sur de Europa. Garzas, espátulas, ánades o cormoranes forman parte del paisaje habitual en determinadas épocas del año, lo que convierte el parque en un destino especialmente apreciado por los aficionados a la observación de aves.
Esta riqueza ambiental explica por qué el entorno mantiene una imagen prácticamente intacta y por qué la conservación del sistema dunar resulta esencial para proteger el equilibrio del conjunto.
Una playa para caminar, contemplar el paisaje y disfrutar del Cantábrico sin prisas
La playa de Oyambre supera los dos kilómetros de longitud y ofrece una sensación de amplitud poco habitual incluso en verano. Su arena fina y clara, el oleaje abierto del Cantábrico y la ausencia de edificaciones en primera línea permiten disfrutar de un paisaje sorprendentemente natural.
A diferencia de otros arenales más urbanizados de la costa cántabra, aquí el protagonismo lo tiene el entorno. Los paseos por la orilla, especialmente al amanecer o al atardecer, permiten contemplar cómo cambian los colores del mar mientras el perfil de los Picos de Europa aparece en el horizonte cuando la atmósfera está despejada, una imagen que pocos lugares del litoral español pueden ofrecer.
Precisamente esa combinación entre playa y naturaleza hace que muchos visitantes acudan a Oyambre no solo para bañarse, sino también para caminar entre dunas, fotografiar el paisaje o simplemente disfrutar del silencio.
Cabo de Oyambre, uno de los mejores miradores del litoral cántabro
Si hay un lugar que resume la personalidad de este espacio natural, es el cabo de Oyambre. Desde sus acantilados se obtiene una panorámica excepcional del parque, con las playas de Oyambre y Merón a ambos lados, las marismas extendiéndose hacia el interior y, al fondo, las montañas de los Picos de Europa.
Es también uno de los mejores lugares de Cantabria para contemplar el amanecer, cuando la luz comienza a iluminar la costa y el paisaje adquiere una atmósfera especialmente serena.
Cómo llegar a la playa de Oyambre y dónde aparcar
La playa de Oyambre se encuentra entre Comillas y San Vicente de la Barquera, en el extremo occidental de Cantabria, a unos 60 kilómetros de Santander. Se accede fácilmente por la A-8 y las carreteras que comunican ambas localidades.
Durante el verano existen varios aparcamientos habilitados en las inmediaciones de la playa. En los días de mayor afluencia conviene llegar a primera hora de la mañana para encontrar sitio y evitar los momentos de mayor ocupación. Desde las zonas de estacionamiento apenas hay que caminar unos minutos para alcanzar el arenal.
Qué ver cerca de la playa de Oyambre
Comillas, la villa modernista que convirtió el verano en un arte
A solo cuatro kilómetros de la playa, Comillas reúne algunos de los edificios más singulares del norte de España. Su pasado aristocrático dejó un extraordinario legado arquitectónico que incluye el Palacio de Sobrellano, la antigua Universidad Pontificia y, sobre todo, El Capricho, una de las escasas obras que Antoni Gaudí construyó fuera de Cataluña.
Pasear por sus calles empedradas, detenerse en sus plazas y asomarse a sus miradores completa una visita imprescindible antes o después de disfrutar de la playa.
San Vicente de la Barquera, una de las villas marineras más bonitas del Cantábrico
Al otro lado del parque natural aparece San Vicente de la Barquera, reconocible por su largo puente histórico y el perfil de su castillo medieval dominando la ría.
Su casco antiguo conserva el carácter marinero que ha definido la localidad durante siglos. Entre callejuelas, tabernas y restaurantes resulta difícil resistirse a probar algunos de sus platos más tradicionales, como el sorropotún, la popular marmita de bonito que forma parte de la identidad gastronómica local.
Descubrir el Parque Natural de Oyambre más allá de la playa
Aunque la playa sea el gran reclamo del verano, merece la pena dedicar tiempo a explorar el resto del parque natural.
Las pasarelas y senderos permiten recorrer las marismas y observar aves en libertad sin alterar un ecosistema considerado uno de los más importantes del litoral cantábrico. Hacia el interior aparece el Monte Corona, un extenso bosque donde conviven robles, encinas y pinares que completa un paisaje sorprendentemente diverso.
Merón, la otra gran playa del parque natural
Separada de Oyambre por la ría de San Vicente, la playa de Merón ofrece un ambiente diferente, aunque comparte el mismo entorno protegido. Con varios kilómetros de arena y un oleaje constante, es uno de los lugares preferidos por surfistas y aficionados a los deportes acuáticos. Al caer la tarde, sus dimensiones y orientación permiten disfrutar de algunas de las puestas de sol más espectaculares de esta parte de Cantabria.
Un paisaje que cambia con cada marea
Una de las razones por las que merece la pena volver varias veces a Oyambre es que nunca ofrece exactamente la misma imagen. La subida y bajada de las mareas transforma las marismas, modifica el perfil de la playa y cambia la presencia de aves y pequeños canales de agua.
Es un paisaje vivo que invita a detenerse, observar y comprender que el verdadero atractivo de este rincón de Cantabria no reside únicamente en su arena o en el baño, sino en el delicado equilibrio entre el mar y la naturaleza que aquí todavía se conserva casi intacto.











