Sentada en una cafetería de especialidad de las que tanto abundan ya no solo en las capitales, sino en cualquier recoveco del mundo, soy testigo de un vaivén de chicas que entran y salen pidiendo matchas, batidos a cuya larga lista de ingredientes se le suman ahora la creatina, la proteína y el colágeno o bebidas con electrolitos. Todas, sin excepción, van o vienen de un entrenamiento. Aunque sus moños de bailarina luzcan más tirantes que el de una invitada de boda, su uniforme las delata. Leggings, tops deportivos, chaquetas de ballet, zapatillas de estética athleisure, vasos térmicos de colores pastel… Su estilismo grita “deporte” y “bienestar” de arriba abajo.
No solo las clientas pasajeras lucen (y visten) fit, también las que ocupan las mesas contiguas. Solas o con amigas, mi alrededor parece matar el tiempo antes de salir pitando a su siguiente clase de pilates Reformer, de Hot yoga -una tendencia en auge, la de entrenar a casi cuarenta grados de temperatura- o para ir a correr en compañía en un social run. No puedo evitar invocar a Bree Van de Kamp, personaje de Mujeres desesperadas, y la irónica frase que nunca dijo pero que Internet se inventó en su honor: “Hoy no puedo matarte, ¡tengo pilates!”. Como le sucedía a la icónica pelirroja, en 2026 el deporte guía el calendario social y redefine planes, horarios y, de rebote, nuestra posición en la sociedad.
Cambio de paradigma
“Vivimos en la auténtica era del wellness. Cada vez más personas organizan su vida alrededor del descanso, la alimentación, el entrenamiento y el bienestar”, opina Clara Muñiz, creadora de contenido y dueña del centro Kore Lab, dedicado a la disciplina Lagree que, aunque se parece al pilates Reformer, es diferente. Coincide con ella Mónica Rodríguez, fundadora del club Temple, un proyecto que organiza planes en torno a una actividad deportiva -una clase de entrenamiento funcional, una carrera en grupo, una sesión de pilates…- pero que siempre tienen un post con cafés, cenas amenas o algún cóctel.
"El deporte guía la agenda… y también nuestra posición social". Mónica Rodríguez
“Hoy el estatus lo marcan la salud y la energía clara y ahí el deporte funciona como conector social. También es el filtro perfecto para asegurarte de que estás con gente que comparte tu misma filosofía de vida”, opina Rodríguez. Un look pudiente no se identifica solo con el reloj en nuestra muñeca o con el logo de nuestro bolso. Ni siquiera basta con nuestro apellido o puesto en LinkedIn. “Eso ya no impresiona. El éxito antes se medía por cuánto sufrías en el trabajo; hoy, por cómo te cuidas. Eso es la nueva opulencia; invertir en salud es la forma más clara de decir que tienes el control de tu vida”, añade Mónica Rodríguez.
Un bolsillo 'fit'
Apuntarse a planes sporty requiere algo más que motivación; exige tener tiempo, el elemento que mejor define el lujo para Jaime Gross, experto en fitness y socio de Abada Club, un gimnasio premium en Madrid. “El mayor lujo es disponer de tiempo y decidir invertirlo en uno mismo. El éxito se mide ya no por lo que tienes, sino por cómo vives y por la calidad de vida que eres capaz de mantener”, alega. A nadie se le escapa que para entrenar a media mañana en un centro top para después permitirte una hora extra de recovery -un rato de sauna, un baño helado…- necesitas también algo más que huecos en la agenda. Hace falta presupuesto.
Un vistazo rápido por las tarifas de los centros deportivos de la capital lo alumbran: las sesiones de 45 minutos pueden llegar a costar más de 35 euros según la disciplina. “Hace unos años, el perfil de un socio prémium era una persona de cierta edad y con poder adquisitivo ya consolidado. Hoy vemos una entrada muy fuerte de gente joven que ha incorporado el cuidado físico como una prioridad, al mismo nivel que el ocio”, comenta Gross. En el aumento de precios del sector influye la optimización de los centros de entrenamiento, mejorados con salas de recuperación, paneles de luz infrarroja, barras de smoothies…
También la localización elegida por los nuevos centros de deporte, que comparten barrio y acera con tiendas y restaurantes de lujo. Lo mismo sucede con las marcas de equipamiento o ropa deportiva. Firmas como Sporty & Rich, Alo o Lululemon han ubicado sus puntos físicos en las mejores calles: la de Serrano en Madrid, la via del Babuino en Roma…
Radiografía de una 'pilates girl'
Como todo fenómeno cultural, el sport money ha perfilado un tipo de chica muy concreto, una con ropa deportiva que ya no solo es funcional, sino bonita, con peinados impolutos y gadgets como el anillo inteligente Oura o la pulsera Whoop para mejorar su rendimiento, elementos que "marcan" y lanzan el mensaje de: "yo me cuido". Además, ha creado un nuevo canon de belleza, válido (o no) como cualquier otro pero mucho más exigente. Para alcanzar el “cuerpo pilates” no hay atajos farmacológicos, solo constancia y disciplina. “Es el de una bailarina fuerte y definida”, describe Tamara Iban, instructora en distintos centros, que insiste en el esfuerzo que tenerlo requiere.
“Representa el valor de trabajar a largo plazo”, añade la experta. Opina lo mismo Clara Muñiz: “Estamos empezando a valorar más el proceso que los resultados inmediatos. Un cuerpo fuerte, sano y funcional requiere constancia, disciplina y tiempo”. Ahí, de nuevo, el quid de la cuestión: tiempo. ¿Y acaso hay algo más caro que el tiempo?
Puesta a punto
Invoca a la sporty girl que llevas dentro con este decálogo de imprescindibles. Desde el look al equipamiento: ¡Que a tu entrenamiento no le falte nada!









