Qué implica llegar a la semana 41 del embarazo, como le ha pasado a Lucía Pombo, según una ginecóloga: "A partir de la semana 40 se suele intensificar el seguimiento"


La ginecóloga Marta Sánchez-Dehesa nos habla de los posibles riesgos, así como de los criterios médicos que influyen a la hora de optar por inducir el parto


Lucía Pombo posa embarazada© luciapombo
23 de julio de 2026 a las 18:02 CEST

"Igual que he pasado un embarazo buenísimo, estos últimos días están siendo duretes". Con estas palabras confesaba Lucía Pombo la mezcla de impaciencia y agotamiento tras alcanzar la semana 41. Aunque la recompensa a la larga espera ya ha llegado y tanto ella como la pequeña Lola están perfectamente, esa recta final se convirtió en un reflejo de lo que viven miles de mujeres cuando el parto espontáneo se hace esperar. 

Por eso, aprovechando su experiencia, hemos querido hablar con la doctora Marta Sánchez-Dehesa, ginecóloga y directora del HM Fertility Center de Toledo, quien nos ha explicado cuáles son los criterios médicos para decidir entre esperar o inducir, las pruebas clave a partir de la semana 40 y cómo gestionar la impaciencia hasta tener en brazos a tu bebé tan sano como en el caso de Lucía.

Dra. Marta Sánchez-Dehesa, ginecóloga y jefe del equipo de Ginecología y Obstetricia del HM IMI Toledo y directora de la Unidad de Reproducción del HM Fertility Center de Toledo© HM Fertility Center de Toledo
Dra. Marta Sánchez-Dehesa, ginecóloga y jefe del equipo de Ginecología y Obstetricia del HM IMI Toledo y directora de la Unidad de Reproducción del HM Fertility Center de Toledo

¿Hasta qué semana se puede esperar antes de recomendar una inducción?

La mayoría de los protocolos sitúan el límite en torno a la semana 41, momento en el que se intensifica la vigilancia, y recomiendan no sobrepasar la semana 42, ya que a partir de ahí el embarazo se considera “postérmino” y los riesgos aumentan de forma más clara. En la práctica, muchos equipos ofrecen la inducción ya entre la semana 41 y la 41+3, salvo que existan motivos médicos para adelantarla o razones para individualizar el caso.

¿Es más habitual que se demore el parto en un primer embarazo o a partir del segundo?

Es más frecuente en el primer embarazo. El útero y el cuello uterino suelen necesitar más tiempo para desencadenar el trabajo de parto de forma espontánea. A partir del segundo hijo, el cuerpo suele responder antes, aunque no es una regla fija, ya que cada embarazo, incluso en la misma mujer, puede comportarse de manera distinta.

La mayoría de los protocolos sitúan el límite en torno a la semana 41, momento en el que se intensifica la vigilancia, y recomiendan no sobrepasar la semana 42

Dra. Marta Sánchez-Dehesa, ginecóloga

¿Qué criterios determinan si podemos seguir esperando o si es mejor programar ya la inducción?

No hay una fórmula única, y valoramos un conjunto de factores como por ejemplo el bienestar fetal: registros cardiotocográficos (los famosos monitores), cantidad de líquido amniótico y doppler por ecografía. También se valora el estado del cuello del útero, ya que si ya está blando, borrado o algo dilatado, la inducción suele ser más sencilla y exitosa. También se realiza una estimación del tamaño fetal, ya que un bebé muy grande puede inclinar la balanza hacia una inducción más temprana del parto. Se tienen en cuenta antecedentes obstétricos, como cesáreas previas, diabetes gestacional, hipertensión, etcétera, y, por último preferencias y circunstancias de la madre, siempre dentro de márgenes seguros para nosotros los profesionales.

Con toda esta información, el equipo médico decide si es razonable dar unos días más o si conviene programar ya la inducción.

Lucía Pombo y Álvaro López Huerta, a pocos días de dar la bienvenida a su primer hijo© luciapombo
Lucía Pombo y Álvaro López Huerta, a pocos días de dar la bienvenida a su primer hijo

¿Qué controles adicionales se realizan a partir de la semana 40-41?

A partir de la semana 40 se suele intensificar el seguimiento con visitas cada 2-3 días, que habitualmente incluyen la monitorización fetal para comprobar la frecuencia cardíaca y el bienestar del bebé, ecografía para valorar la cantidad de líquido amniótico y estimar el peso, y la valoración del cuello uterino mediante tacto vaginal, para planificar la inducción si fuera necesario. Con estos controles buscamos asegurar que la placenta sigue funcionando bien y que el bebé tolera perfectamente la espera.

¿A qué señales de alerta debe prestar atención una embarazada en casa?

Mientras se espera el inicio espontáneo del parto, conviene estar atenta a la disminución notable de los movimientos fetales, pérdida de líquido o bien por una posible rotura de la bolsa, sea en gran cantidad o en forma de goteo continuo, o por un funcionamiento inadecuado de la placenta, un sangrado vaginal, o contracciones regulares y dolorosas que aumentan en frecuencia e intensidad. También prestamos atención a la fiebre, dolor de cabeza intenso, alteraciones de la visión o hinchazón repentina, que pueden ser signos de preeclampsia o de infección, y que deben alertarnos para acabar el embarazo. Hay que explicar a la paciente que ante cualquiera de estas señales, lo correcto es contactar con la maternidad sin esperar a la siguiente revisión que teníamos programada.

 Tienen que confiar en que “pasarse de fecha” en pocos días no es sinónimo de peligro, sino una variación normal dentro de márgenes vigilados

Dra. Marta Sánchez-Dehesa, ginecóloga

¿El tamaño del bebé en la semana 41 complica el parto vaginal o aumenta el riesgo de cesárea?

Claro que puede influir, aunque no es determinante por sí solo. Cuanto más se prolonga el embarazo, más probable es que el bebé siga ganando peso, y un bebé de mayor tamaño puede asociarse a partos más laboriosos, mayor riesgo de que el hombro quede atrapado (distocia de hombros) o, en algunos casos, a que se recomiende una cesárea. Pero la decisión siempre se toma valorando el conjunto: tamaño estimado, proporción con la pelvis materna, progreso del parto... no siendo el tamaño del bebé la única decisión a la hora de realizar una cesárea

¿Qué riesgos pueden surgir si el embarazo se prolonga más allá de la semana 41?

Aunque la mayoría de los embarazos que llegan a la semana 41 terminan sin complicaciones, el riesgo relativo aumenta ligeramente cuanto más se alarga la gestación. Entre esos riesgos están los siguientes: 

  • Disminución del líquido amniótico.
  • Envejecimiento placentario, con menor capacidad para nutrir y oxigenar al bebé.
  • Macrosomía fetal o tamaño fetal elevado.
  • Mayor riesgo de líquido amniótico teñido de meconio y, en consecuencia, de que el bebé lo aspire al nacer.
  • Un ligero aumento del riesgo de pérdida fetal, motivo por el cual se refuerza tanto la vigilancia a partir de la semana 41 en nuestras unidades, y es por eso por lo que los equipos médicos extreman la precaución a partir de este punto.

¿Aumenta la probabilidad de parto instrumental al superar la semana 41?

Sí, existe una tendencia a que se necesite más apoyo instrumental (fórceps, ventosa) o cesárea cuando el embarazo se prolonga, en parte por el mayor tamaño fetal y en parte porque la inducción del parto, comparada con el inicio espontáneo, puede requerir más intervención. Aun así, muchas inducciones a partir de la 41 terminan en partos vaginales sin ninguna instrumentación.

Entendemos que para la madre no es fácil gestionar la espera, ¿qué recomienda a aquellas que se encuentran en esa situación?

Es en la recta final del embarazo, cuando la fecha de parto ya ha pasado, cuando suele ser un momento de gran impaciencia y de nervios para la mamá. Algunas recomendaciones prácticas para ellas es que mantengan un contacto estrecho con el equipo médico, así como acudir a todos los controles programados, precisamente para dar tranquilidad. Tienen que confiar en que “pasarse de fecha” en pocos días no es sinónimo de peligro, sino una variación normal dentro de márgenes vigilados, mantenerse activas con paseos suaves, que además pueden favorecer que el trabajo de parto se ponga en marcha, intentar cuidar el descanso y el estado emocional, hablar con la pareja, la matrona o el ginecólogo sobre los miedos, ya que esto ayuda a vivir la espera con más calma. Por último, conviene saber qué día está prevista la inducción si el parto no se adelanta, ya que esto reduce la sensación de nerviosismo.