Dra. Mar Sánchez, experta en microbiota, sobre el SIBO y la fertilidad: "No es una causa directa de infertilidad, pero sí puede influir"


El SIBO es una alteración digestiva que ocurre cuando demasiadas bacterias crecen en el intestino delgado. ¿Cómo afecta a la fertilidad y al embarazo?


Dra. Mar Sánchez© JORGE ZORRILLA PASCUAL
18 de agosto de 2026 a las 15:07 CEST

En los últimos tiempos se habla cada vez más de microbiota y de SIBO, pues se está dando más importancia médica a los trastornos que pueden derivarse cuando hay problemas en el sistema digestivo. Se sabe que también, por distintas vías, el SIBO puede afectar a las mujeres que quieren quedarse embarazadas y a las que ya lo están.

Hablamos con la Dra. Mar Sánchez Somolinos, jefe de la Unidad de Microbiota de la Clínica Neogenia, de Madrid, especializada en microbiota y nutrición avanzada, para que nos aclare estos aspectos.  

La hinchazón, los gases, las digestiones pesadas o el estreñimiento debido a los cambios hormonales propios de la gestación pueden intensificarse en la embarazada cuando tiene SIBO

Dra. Mar Sánchez, experta en microbiota

¿Puede afectar el SIBO a la fertilidad? ¿Qué debería hacer una mujer que tenga SIBO y quiera quedarse embarazada?

No existe evidencia científica que demuestre que el SIBO sea una causa directa de infertilidad. Sin embargo, este desequilibrio bacteriano sí puede influir de forma indirecta en la salud reproductiva a través de varios factores:

De esta forma, conviene realizar un estudio global de la salud de la mujer. Si buscas un bebé y sufres de hinchazón o gases constantes, es recomendable realizar un test de aliento con lactulosa y pautar un plan nutricional adaptado. Lo ideal es consultar con un especialista en microbiota de forma coordinada con el ginecólogo antes de iniciar la gestación para confirmar el diagnóstico, identificar la causa subyacente y corregir posibles déficits nutricionales.

Mujer joven en consulta médica© Getty Images/Cavan Images RF

¿Qué manifestaciones especiales puede dar el SIBO durante la gestación? ¿Puede complicar algunas molestias típicas del embarazo, como las náuseas o el enlentecimiento intestinal?

Durante el embarazo, muchas mujeres experimentan hinchazón, gases, digestiones pesadas o estreñimiento debido a los cambios hormonales propios de la gestación, especialmente por el efecto de la progesterona, que ralentiza el tránsito intestinal. Si además existe un SIBO, estas molestias pueden intensificarse notablemente con un empeoramiento de los síntomas digestivos: el exceso de producción de gas (hidrógeno y metano) agrava la distensión abdominal, las náuseas, la acidez o el reflujo gastroesofágico.

Así, se asocia con complicaciones del embarazo: hoy sabemos que la presencia de SIBO durante la gestación está vinculada a varios problemas metabólicos y endocrinos importantes, como la diabetes mellitus gestacional. Se observa una mayor prevalencia de SIBO en mujeres con diabetes gestacional. En estas pacientes, el sobrecrecimiento bacteriano se relaciona con una mayor inflamación, niveles más altos de glucosa en ayunas, alteración en los niveles de vitaminas (como un déficit marcado de vitamina D) y mayor peso al nacer del bebé.

Además, las gestantes con una función tiroidea alterada tienen un riesgo superior de presentar SIBO. Este desequilibrio afecta a vías metabólicas clave (como los ácidos biliares y el metabolismo del colesterol), asociándose a mayor hipertensión gestacional y menor peso del recién nacido.

Y en cuanto al parto prematuro, la evidencia indica que el SIBO y sus picos de producción de gas se encuentran con mayor frecuencia en mujeres con parto prematuro, al inducir una mayor respuesta inflamatoria sistémica y niveles elevados de lípidos (colesterol y triglicéridos) en sangre.

El principal reto es que muchas de sus manifestaciones iniciales se solapan con los síntomas habituales del embarazo, por lo que el diagnóstico debe ser siempre individualizado. Si las molestias son intensas, persistentes o se acompañan de alteraciones metabólicas o déficits nutricionales, es clave consultar con un especialista en microbiota. Durante la gestación, el abordaje se basa fundamentalmente en una alimentación personalizada que garantice el aporte de nutrientes y controle la sintomatología, evitando siempre dietas restrictivas o tratamientos sin supervisión.

Embarazada en consulta médica© Adobe Stock

¿Debe ser la alimentación diferente en el embarazo cuando una gestante tiene SIBO?

La prioridad durante el embarazo siempre es garantizar un adecuado aporte de energía y nutrientes para la madre y el desarrollo del bebé. Por eso no se recomienda realizar dietas restrictivas de forma indiscriminada. Aunque algunas estrategias dietéticas, como limitar temporalmente determinados hidratos de carbono fermentables (FODMAP), pueden ayudar a controlar los síntomas del SIBO (especialmente la hinchazón y la producción excesiva de gases), durante el embarazo solo deberían plantearse bajo la supervisión estricta de un dietista-nutricionista y durante el tiempo estrictamente necesario.

El objetivo no es eliminar grupos de alimentos, sino conseguir una alimentación lo más variada y equilibrada posible que, al mismo tiempo, minimice las molestias digestivas y prevenga carencias nutricionales que puedan impactar en la gestación.

Mujer embarazada© Getty Images

¿Cómo se trata el SIBO durante el embarazo?

Durante la gestación, el tratamiento del SIBO –el cual sí puede debutar durante la gestación debido al enlentecimiento del tránsito intestinal y a los cambios en el sistema inmunitario y metabólico– requiere un abordaje especialmente prudente e individualizado.

  1. Optimización de la alimentación: la primera medida consiste en pautar una nutrición personalizada que asegure el aporte de energía y micronutrientes para la madre y el feto. Si es necesario, se puede valorar una reducción temporal y controlada de alimentos ricos en FODMAP.
  2. Corrección de déficits y control metabólico: es fundamental monitorizar y corregir la falta de vitaminas (como la vitamina D, B12 o ácido fólico) y controlar posibles alteraciones inflamatorias o lipídicas asociadas.
  3. Abordaje farmacológico prudente: en cuanto al tratamiento farmacológico, aunque algunos antibióticos de acción local presentan una absorción sistémica muy baja, la evidencia sobre su seguridad en el embarazo es limitada, por lo que su uso debe ser estrictamente valorado por el médico especialista. 

Es fundamental que la embarazada no tome decisiones unilaterales respecto al uso de probióticos, herbáceos o antibióticos por su cuenta, ya que podría poner en riesgo tanto su salud como la del bebé o descompensar aún más la microbiota intestinal.

Mujer embarazada con una taza en la mano© Getty Images

Cuando la mujer con SIBO da a luz, qué suele suceder: ¿mejorar, empeorar o quedarse igual?

La evolución del SIBO tras el parto es muy variable y no existe un patrón único. En muchas mujeres, al desaparecer los cambios hormonales y metabólicos drásticos del embarazo y recuperarse progresivamente la motilidad intestinal, parte de las molestias digestivas como la hinchazón, los gases o el estreñimiento tienden a ceder.

No obstante, si la causa de base que originó o favoreció el SIBO sigue presente (por ejemplo, patologías inflamatorias subyacentes como la endometriosis, o alteraciones funcionales del tránsito digestivo), el problema puede persistir.

Además, el posparto es un periodo de grandes exigencias físicas y emocionales. El cansancio, la falta de sueño, las alteraciones nutricionales y el estrés pueden influir negativamente a través del eje intestino-cerebro, perpetuando los síntomas digestivos.

Si durante la gestación existieron déficits nutricionales o metabólicos, es primordial corregirlos durante el posparto para lograr una recuperación óptima. Si los síntomas persisten tras dar a luz, lo recomendable es realizar una valoración completa para diagnosticar con precisión el estado de la microbiota y tratar la causa subyacente de forma integral (combinando alimentación, estilo de vida y tratamiento médico adaptado a la lactancia, si procede).