Maternidad

Carla Martorell, psicóloga: "No existe una única manera de vivir la maternidad, y la salud mental puede verse afectada incluso cuando el embarazo ha sido deseado"


Cada vez se presta más atención a la salud mental maternal, pero aún hay muchos aspectos en torno a ella que pasan desapercibidos, especialmente en el embarazo y el posparto


Carla Martorell, psicóloga© Next Fertility
22 de septiembre de 2026 a las 7:32 CEST

La maternidad no siempre es como se imaginaba. Se sueña con la llegada de los hijos, con cómo serán y con cómo será una misma como madre, es decir, cuando se sueña con ser madre, la mayoría de mujeres se imaginan a sí mismas criando con una sonrisa y, casi siempre, proyectan una imagen de sus futuros hijos como niños perfectos y, al menos, obedientes. Pero no, no siempre es así. Y no siempre lo es desde el momento en el que el bebé nace. Hay dudas, incertidumbre, miedos… y bebés más llorones que se lo ponen un poquito más difícil a sus padres. Si a eso sumamos alguna enfermedad en el niño o alguna dificultad en el embarazo o el parto, por ejemplo, las sensaciones negativas se multiplican.

Y no es necesario llegar a ese punto. A veces va todo aparentemente bien, el niño nace sano, el embarazo y el parto han transcurrido sin ninguna complicación, y aún así el mundo se le viene encima a la madre. ¿Por qué ocurre esto? Y, sobre todo, ¿cómo se sale de ahí para disfrutar de la maternidad? Sobre ello hemos hablado con Carla Martorell, psicóloga en Next Fertility, quien nos explica el impacto invisible del embarazo y el posparto en la salud mental materna y nos ayuda a diferenciar los cambios emocionales propios de esas etapas de un trastorno depresivo mayor. 

No es necesario estar lo suficiente mal como para pedir ayuda, pues todo malestar es susceptible de ser valorado y trabajado en pro del bienestar de la madre y del bebé

Carla Martorell, psicóloga

¿Cuál es el impacto del embarazo y el posparto en la salud mental materna?

El embarazo y el posparto implican un proceso de transformación a muchos niveles. Además de los cambios hormonales y físicos, también suponen una adaptación a una nueva vida, responsabilidades y a una nueva identidad. Todos estos cambios pueden generar ilusión, pero también incertidumbre, miedo, ansiedad o tristeza.

Es importante matizar que no existe una única manera de vivir la maternidad, y la salud mental puede verse afectada incluso cuando el embarazo ha sido deseado.

¿Por qué muchas veces ese impacto pasa desapercibido?

Principalmente por la idealización de la maternidad, ya que socialmente todavía se espera que una madre se sienta feliz, agradecida y realizada; y por la normalización de los síntomas, que lleva a que el cansancio, la preocupación o la irritabilidad, por ejemplo, se interpreten como que es "lo que toca" cuando se tiene un bebé.

Estos factores pueden hacer que las madres intenten invisibilizar y ocultar cómo se sienten por culpa y/o vergüenza de sentirse "malas madres" o por temer ser juzgadas por otras personas.

¿Cómo diferenciar los cambios emocionales propios de esas etapas de un trastorno depresivo mayor?

Aquí es importante atender a la aparición, intensidad y duración de los síntomas, aunque estos criterios son orientativos y todo malestar merece que se le preste atención.

En el conocido como baby blues pueden aparecer cambios de humor, sensibilidad, preocupación, momentos de tristeza o sensación de desbordamiento. Estos síntomas suelen ser fluctuantes, transitorios y adaptativos, normalmente aparecen en los primeros días tras el parto y tienden a mejorar en, aproximadamente, dos semanas.

En cambio, la depresión suele manifestarse con una tristeza persistente, desesperanza, pérdida del interés y del placer, sentimientos intensos de inutilidad y culpa, alteraciones en el sueño y el apetito, aislamiento, dificultades para funcionar en el día a día o incluso pensamientos relacionados con la muerte. Estos síntomas pueden aparecer tras el nacimiento o en cualquier momento del primer año posparto, y alargarse en el tiempo.

Maternidad© Getty Images

¿Qué papel juega el entorno familiar en la presencia de problemas relacionados con la salud mental en el embarazo y en el posparto?

El entorno familiar puede actuar como un importante factor de protección, pero también de riesgo. Los conflictos familiares, la falta de apoyo o las críticas y exigencias excesivas, pueden aumentar su vulnerabilidad emocional.

Pero, por otro lado, cuando el entorno familiar ofrece apoyo emocional, comprensión y ayuda práctica, haciendo que se sienta acompañada, valorada, escuchada y que puede expresar sus emociones en un espacio seguro y libre de juicio, puede facilitar la adaptación a estas etapas.

Se puede querer mucho al bebé y al mismo tiempo sentirse desbordada

Carla Martorell, psicóloga

¿Y cuál es el papel de la pareja y la familia en la detección de esos problemas y en el camino a su superación?

Su papel es muy importante, tienen la capacidad de observar y hacer consciente a la mujer de cambios que, posiblemente, no identifique y esté normalizando como parte de la maternidad. Es fundamental mostrarles una postura empática, preguntarles cómo se encuentran y escucharlas y acompañarlas sin minimizar ni restar importancia a lo que expresan.

También tienen un papel esencial en la recuperación, a la hora de favorecer que se sienta segura para pedir ayuda y mantener el tratamiento que necesite, por ejemplo, compartir tareas de cuidado para reducir la carga y fomentar su descanso y autocuidado, respetar sus tiempos o incluso ofrecerles acompañamiento a una consulta médica o psicológica.

¿Qué señales concretas deberían hacer que una mujer, su pareja o su entorno busquen ayuda profesional?

Aquí debemos partir de la base de que no es necesario estar lo suficiente mal como para pedir ayuda, pues todo malestar es susceptible de ser valorado y trabajado en pro del bienestar de la madre y del bebé, y de que no es de "mala madre" pedir ayuda.

Pero es fundamental hacerlo cuando los síntomas (tristeza, ansiedad, irritabilidad, agotamiento, culpa, desesperanza, pérdida de interés por otras actividades, sensación de estar desbordada, pérdida de identidad, etc.) son intensos, persistentes e incluso llegan a interferir en ámbitos como el funcionamiento cotidiano, las relaciones con los demás, el descanso o el autocuidado.

Madre cansada con depresión posparto con su bebé© Getty Images

¿Cómo influye la carga invisible del cuidado —física, emocional y mental— en la salud psicológica de una madre reciente?

Cuidar de un bebé implica mucho más que aquellas tareas "visibles", supone anticipar necesidades, organizar y planificar horarios, estar pendiente de la alimentación y otros cuidados, de las citas médicas, etc.

Cuando hablamos de una madre, no hay que olvidar que está atravesando una etapa de enormes cambios físicos, psicológicos, familiares y sociales y, si a esto, se añade que toda esta responsabilidad recae de manera desequilibrada sobre ella, puede aumentar el riesgo de que los síntomas de irritabilidad, agotamiento, ansiedad y soledad puedan intensificarse.

Por eso, el reparto de los cuidados del bebé debe ser equitativo e incluir tanto las tareas prácticas como la responsabilidad de planificarlas y supervisarlas.

¿Cómo afectan las expectativas sociales sobre la maternidad frente a la realidad del posparto?

Lo cierto es que socialmente existe una imagen idealizada de la maternidad viéndola como plena, instintiva y feliz. Pero la realidad del posparto puede incluir dolor, cansancio, ambivalencia emocional, inseguridad, cambios en la pareja e incluso dificultades para reconocer su cuerpo. Cuando esta diferencia se vive como un fracaso, pueden aparecer la culpa, la vergüenza y la soledad.

Es muy importante que, a nivel social, se ofrezca una visión más realista de la maternidad, se puede querer mucho al bebé y al mismo tiempo sentirse desbordada o que se necesita tiempo para adaptarse. Validar y normalizar estas experiencias ayuda a reducir la presión social y el malestar.

¿Por qué es peligroso normalizar el malestar intenso en el posparto y cómo dificulta el diagnóstico temprano?

Es fundamental distinguir la exigencia que supone el posparto, de asumir que se debe soportar cualquier nivel de malestar. Considerar que sentirse agotada, triste, irritable o desbordada es lo "normal" o "lo que toca" cuando eres madre invalida el sufrimiento, puede hacer que no se preste atención a síntomas clínicamente relevantes y retrasa la búsqueda de ayuda profesional.

Normalizar las dificultades no debe significar normalizar el sufrimiento. La detección temprana permite intervenir antes de que los síntomas de agraven y facilita la recuperación.

¿Qué barreras suelen impedir que las madres pidan ayuda y cómo podemos derribarlas desde la sociedad y los profesionales?

Hay varias, pero las principales son el miedo a ser juzgada, la culpa y la vergüenza y la idea de que pedir ayuda significa ser peor madre o falta de habilidades de cara a la maternidad. Pero no solo están estas, sino también el estigma frente a la salud mental que, aunque cada vez menos, sigue presente a nivel social y lleva al desconocimiento de los recursos disponibles y a las dificultades para acceder a atención psicológica.

Para derribarlas es necesario que socialmente se hable de la salud mental perinatal con mayor naturalidad y realismo, sin prejuicios, tabúes ni ideas preconcebidas; además de unos profesionales que separen la experiencia de la maternidad de la vivencia subjetiva de la misma, preguntando activamente por el bienestar emocional de la madre, sin juzgar, y faciliten el acceso a la atención necesaria. No debemos olvidar que cuidar de quien cuida es una responsabilidad colectiva.