El posparto es un momento transformador donde hay una reorganización personal y vital muy intensa. De él escribe Rocío García-Viso, enfermera y matrona en Al otro lado de la piel (Ed. Espasa). Y lo hace no solo basándose en su experiencia en la consulta de embarazo, posparto y lactancia, y en su labor como divulgadora (@rocio.matrona, en Instagram), sino aportando sus vivencias como madre que acaba de pasar por esta etapa. Hemos hablado con ella.
Crecer y criar es una de las cosas más dinámicas que hacemos en nuestra vida. Los días son largos a veces y las noches eternas, pero los meses y los años son cortos
Comienzas el libro confesando que con tu propio parto entendiste la importancia de escuchar tu cuerpo, tu instinto y tu lado menos racional. ¿Te ha ayudado esa experiencia personal luego en tu práctica clínica como matrona?
Es cierto que yo intento no pensar que todas las mujeres vivimos las cosas de la misma manera. Siento que sería egoísta por mi parte pensar que porque yo he vivido mi maternidad (incluso tuve un aborto previo, o mi pérdida) de una forma, el resto de las mujeres lo van a vivir de manera similar. Es cierto que no he cambiado mi manera de hacer las cosas, pero sí que tengo la capacidad de empatizar sin límites. Ahora siento que ha avanzado mi capacidad para empatizar con las madres, con los niños, con las mujeres en general, en todo lo que tiene que ver con la maternidad.
En los primeros momentos tras el parto, tú aconsejas dar toda la intimidad a esa nueva familia, pero esto muchas veces conlleva incomprensión y enfados en la familia extensa y los amigos. ¿Cómo gestionarlo?
En realidad, cuando me refiero a intimidad, es un concepto muy individual. Porque alguien puede entender intimidad por estar solo, otra persona puede entenderlo por estar con su pareja y con su bebé, otra persona lo puede entender por estar con su familia y otro solo con sus amigos más íntimos.
Siento que esa intimidad del posparto es extender tu experiencia de recién madre al círculo cercano con el que te sientas en la máxima confianza para ser tú en esa etapa que es tan primitiva. La intimidad hay que extenderla hasta el punto en el que tú te sientas cómoda siendo tú al 100% todo el tiempo, porque te lo pide el cuerpo y porque el posparto no se puede disimular y no se debe disimular. Es algo que hay que transitar, atravesar, vivir, y yo a veces digo sobrevivir, pero me gusta más decir supervivir. El posparto merece espacio y merece tiempo y mimo y cuidados y estar cerca de la gente que tú consideres tu círculo íntimo.
Dices en el libro que uno de los consejos más valiosos como madre en el postparto es 'todo pasa'. ¿Qué implica ese 'todo pasa' para una madre que está en plena vorágine?
Me refiero a que todas las sensaciones son muy intensas. Pero tanto las sensaciones positivas pasan, y por eso merecen ser vividas con tal intensidad, como esas emociones negativas o esas sensaciones que abruman, que agobian, también pasan. Creo que es importante aterrizar esa frase de 'todo pasa', esto se va a pasar, esto es hoy, pero mañana será otro día, eso es esta semana, pero la semana que viene será muy distinta. Y en realidad esto también es algo que nos regalan los niños. Que es superdinámico, que crecer y criar es una de las cosas más dinámicas que hacemos en nuestra vida. Los días son largos a veces y las noches eternas, pero los meses y los años son cortos.
Cuando nace el bebé, a veces la vinculación con él no es inmediata, no todas las mujeres sienten ese amor a borbotones instantáneo. En el libro comentas que en ocasiones no es solo algo emocional, sino un posible signo de inestabilidad hemodinámica (por una incorrecta regulación de la presión arterial y la frecuencia cardiaca). ¿Cómo darse cuenta de ello?
Las mujeres se pueden sentir muy culpables si no sienten esa conexión instantánea, ese amor a borbotones. Y hay una posibilidad de que haya una explicación médica. Yo escribo sobre esto para dar espacio a esas mujeres que no sienten lo que esperan todo el tiempo, porque creo que hay muchas expectativas en torno a lo que tenemos que sentir. Hay que romper con la expectativa porque no siempre todo es igual, ni siquiera entre unos hijos y otros: te puede pillar en diferentes momentos de la vida, en la maternidad. A veces depende de la experiencia del parto...
Los primeros encuentros con el bebé pueden ser diferentes a lo que tú esperabas sentir. Y está bien. Yo siempre digo que el amor crece desde que le ves por primera vez, no tiene que ser el máximo en ese momento. Todas las maneras de encontrarte con tu bebé están bien, pero siempre crece. Eso es real y eso sí que es universal.
Es cierto que cuando la mujer no se encuentra bien, al margen de la tensión arterial, de la frecuencia cardíaca, que sí que nos pueden estar indicando que algo está pasando médicamente, pero si la mujer no se encuentra bien, por ejemplo, está muy cansada, puede no tener esas sensaciones de máxima expresión del amor en ese momento. Y creo que eso es algo a conocer para no sentirnos culpables.
Si una mujer, por ejemplo, está teniendo una pérdida sanguínea en el posparto mayor de lo esperado, esto genera signos que se ven. En ese momento ella no puede centrar sus cinco sentidos en atender al bebé ni en atender sus emociones hacia él, sino que necesita centrarse en sobrevivir. Yo tengo diabetes tipo 1 y cuando tenía una hipoglucemia grande yo notaba que necesitaba que me cogieran al niño. No porque se me fuera a caer, sino porque en ese momento mi cabeza y mi cuerpo me pedían aterrizar sobre lo que yo estaba sintiendo como para sobrevivir.
"Nos han hecho pensar que es posible y digno de enhorabuena el hecho de conseguir que 'no se note' que acabas de crear un ser humano en tu cuerpo", dices en tu obra. ¿Como librarse de esa presión estética y emocional, puesto que la realidad es que la mujer ya no volverá a ser la misma nunca?
Debemos entender que esto no es lo esperable y deconstruir la idea de que lo mejor es que no se note. Hay que admirar nuestro cuerpo por las cosas que sí puede hacer y no por las que son prácticamente inalcanzables, porque no son reales, porque no es lo esperable, porque no es lo que tiene que pasar. Y es que es prácticamente como si pasamos la adolescencia y queremos seguir teniendo el cuerpo que teníamos cuando éramos niñas. Es que eso no va a suceder.
Muchas veces el embarazo también te da la oportunidad de empezar a cuidar tanto tu cuerpo que te reencuentres con versiones de ti que te gustan más que antes. Creo que el postparto a nivel físico puede ser un choque, pero también puede ser la oportunidad de mirar el cuerpo de otra forma. Y eso es bonito.
En la parte dedicada a la lactancia desmontas en el libro algunos mitos muy arraigados, como que hay leches maternas que no sirven o que el calostro no alimenta. ¿Cuáles son para ti las ideas erróneas más perjudiciales sobre la lactancia que habría que desterrar y que te sigues encontrando hoy en las mujeres?
Me encuentro constantemente con la idea de que los bebés comen cada 3 horas, 10 minutos en cada pecho. O cada 3 horas cierta cantidad de biberón. Por ambos lados, existe esta idea de que los bebés comen en función del reloj, en lugar de centrarnos en los tiempos que ellos marcan, en la cantidad de alimento que necesitan, invitándoles a escuchar su saciedad, que es algo que no hacemos los adultos porque nos hemos desvinculado de eso por culpa de la rutina. La famosa rutina que parece que constantemente la estamos buscando porque da paz mental, pero es que los bebés ya tienen la paz mental si tienen todas sus necesidades cubiertas. Hace mucho daño y todavía muchos profesionales recomiendan esto de alimentar mirando el reloj y no mirando al bebé.
Y eso afecta tanto al bebé en cuanto a saciedad como a la mamá en la producción porque el cuerpo de ella no está recibiendo probablemente el estímulo que el bebé necesita en cada momento. Con los biberones también pasa: nuestra sensación es que se tiene que acabar el biberón. O que se acaba el biberón y parece que quiere más y no se le da porque hay que esperar. Pero la lactancia artificial también hace tiempo que se recomienda que sea a demanda. Y si se ha tomado el biberón entero, pues se hace un poquito más y se le ofrece hasta que queda cómodo. Y si no se lo acaba, no hace falta forzar. Hay que escucharlo.
Tú abogas en todo el libro por la intuición materna. Por coger al bebé, por estar ahí cuando tu cuerpo siente que quiere estar con el hijo... Das mucha importancia a esa intuicion.
Es que si no nos habríamos extinguido probablemente. Si no nos da por coger a nuestros hijos en brazos desde hace millones de años, si no nos da por protegerles, por alimentarles, por entender que son mucho más vulnerables que nosotros, nos habríamos extinguido.
Esta necesidad nueva de entrenar a los niños para que hagan cosas a las que no están preparados, creo que es algo que las madres necesitan para adaptarse a esta manera de vivir, pero que no resuena con ellas realmente. Yo estoy abogando en el libro constantemente por hacer lo que resuene contigo en cada momento, porque eso a cualquier persona le hace vivirlo con naturalidad y con calma. Y si te equivocas, no pasa nada, porque gracias a eso lo aprendes. Está bien equivocarse incluso cuando escuchas tu intuición. Pero si haces algo que va contra natura y encima no resuena contigo, entonces siento que por ahí no es.
Aconsejas también, por ejemplo, cuando los niños están malitos, que si tú sientes que algo no va bien, lleves al niño al médico, dando mucho valor a ese sexto sentido de las madres...
Nadie conoce al bebé mejor que su madre. Si a mí una madre me dice 'yo creo que pasa hambre', yo también lo creo. A priori yo también lo creo. Después quizás con lo que yo sé y con lo que puedo aportar, podemos ver otros signos objetivos y decirle, 'mira, es una sensación y te creo, y lo vamos a mirar'. Luego a lo mejor no está pasando hambre realmente. Pero a priori siempre hay que escuchar a las madres, porque nadie conoce mejor a esos bebés. Y eso es muy importante, nunca se nos puede escapar algo que una madre intuye.
¿Cuál es tu recomendación para, a pesar de los miedos que se pueden tener y la exigencia de los primeros meses como madre, que son muy altas, disfrutar al máximo de la experiencia de tu bebé?
Frenar. Aprender a vivir despacio. Frenar para ser más consciente de todo lo que trae la infancia, de cómo cambiamos nosotras, de cómo cambian ellos constantemente, y disfrutar cada etapa sin miedo a que pase. Porque probablemente la siguiente etapa nos vuelva a sorprender y volvamos a querer quedarnos a vivir allí en esa etapa y creo que eso es muy bonito.












