“Hay muchos pueblos bonitos… Pero el más bonito es el mío. El más tranquilo, el que mejor se come… en Alkiza todo está bien”. Así de claro lo dice Bárbara Goenaga. Es en este pequeño lugar en el centro de Guipúzcoa —y a media hora en coche de San Sebastián, la ciudad donde nació— donde se encuentra su refugio: un pequeño núcleo rural en las faldas del monte Hernio con menos de 400 habitantes donde huele a campo y forraje.
Rodeado de un silencio casi absoluto, en este rincón de la naturaleza vasca está el caserío familiar del siglo XV en el que el padre de la actriz, el pintor Juan Luis Goenaga, tenía su taller.
Ella lo sigue recordando cada día, a pesar de su triste pérdida en 2024 tras sufrir un cáncer de pulmón, la misma enfermedad que se llevó a su madre. Atiborrado de lienzos y recuerdos del artista, el lugar sigue siendo un oasis para la familia; su lugar de desconexión de la ciudad y la conexión con la naturaleza.
Alkiza tiene solo dos monumentos destacados: la iglesia de San Martín, con un gran portal, arcada y torre cuadrada, y Alizalate o Lete, una casa de campo de origen medieval, declarada patrimonio histórico, pero es un pueblo muy vivo. La primera muestra de ello la dan Asun y Jose Inazio, los hospitalarios anfitriones que dan la bienvenida a los visitantes de esta vivienda donde dan a conocer la vida y costumbres de los caseríos vascos. Otra más, la confirmación de Bárbara Goenaga, “el pueblo más bonito del mundo, más tranquilo y lleno de personas de pensamiento abierto”.
En el pueblo hay también un museo, pero no es un museo al uso, Ur mara (urmara.com) es en realidad un espacio al aire libre que aúna naturaleza, arte y etnografía. En él se pueden ver, entre otras, las grandes obras escultóricas del artista Koldobika Jauregi, natural del pueblo, y conocido por su trabajo en escultura monumental. Obras que combinan materiales como hierro, acero, piedra y madera con formas orgánicas y ligadas a la naturaleza, porque sus obras están conectadas con el paisaje vasco.
Caminando por el bosque, mientras se escucha el murmullo del río, se van descubriendo una antigua calera, una cantera de antaño o el espacio dedicado al célebre escritor, filósofo y naturalista estadounidense Henry David Thoureau. En el mismo museo también se organizan exposiciones, talleres, conciertos…, siempre en armonía con el lugar.
Hay otros dos proyectos que también dan vida a Alkizia. La bodega Inazio Urruzola está situada en el caserío Garaikoetxea, donde Xabier y Garazi —herederos de la sabiduría de muchas generaciones anteriores— ofrecen visitas guiadas para conocer el proceso de elaboración del txakoli (inaziurruzola.eus). Ellos viven en el propio caserío, cerca de los viñedos que cuidan con tanto mimo. El otro negocio es el restaurante Ostatua, que Markos y Clo han convertido en un referente gastronómico en la zona gracias a su amor y pasión por la cocina. Los productos de caserío y de temporada priman en su carta, donde se pueden encontrar tanto platos tradicionales como recetas innovadoras.
Además de vecinos comprometidos y patrimonio cultural, la otra riqueza del pueblo de Bárbara Goenaga es la naturaleza. Alkiza es una de las puertas de entrada al macizo de Hernio-Gazume, una pequeña sierra calcárea declarada Zona Especial de Conservación con dos cumbres principales: el monte Hernio, conocido como “el mirador de Guipúzcoa y coronada por un gran número de cruces; y, frente a ella, el Gazume, más solitaria, menos frecuentada por senderistas y más por el ganado.
El lugar para conocer los valores naturales y las especies de plantas y animales que habitan en esta área es el Centro de Interpretación Fagus. En él también se ofrece información sobre los distintos recorridos señalizados. Existen tres rutas de montaña de distinta dificultad y longitud —entre 4 y 7 kilómetros—, además de un itinerario que descubre el paisaje rural de Alkiza.
No es el caserío familiar de Bárbara Goenaga, donde desconecta junto a su pareja, Borja Sémper, y sus hijos Aran, Telmo y Eliot, pero el que alberga Lete Nekazaletxea (letealkiza.com) también tiene historia, que se remonta al siglo XVIII. Un alojamiento rural ideal para descansar en sus habitaciones o en sus cuatro modernos apartamentos y pasar unos días disfrutando del lugar que tanto ama la actriz. “Qué suerte tenemos!











