A media hora en coche de Vitoria, en el sureste de Álava, se encuentra Izki, el tercer parque natural más grande del País Vasco. Y el más desconocido. Aunque motivos tiene para todo lo contrario. Uno de ellos es que alberga el mayor bosque de roble melojo de Europa. Izki es un lugar desconocido para los hombres, pero no para las aves. El pico mediano (Dendrocopos medius), un raro pájaro carpintero que solo habita en bosques vírgenes y antiguos, mantiene en este extenso marojal una de sus poblaciones ibéricas más importantes. Más arriba, anidan multitud de buitres leonados y águilas reales. El azor, el abejero europeo, la culebrera europea, el alimoche y el halcón peregrino son otras especies habituales. Esta riqueza alada hace de Izki un enclave idóneo para el birdwatching.
Izki, el espacio natural que no conocías
Por la noche, el espectáculo continúa en el cielo, que es el menos contaminado lumínicamente del País Vasco y el más estrellado. El clima benigno del sureste de Álava y las montañas que rodean el parque aseguran una limpieza y una oscuridad absolutas. Por eso se creó en 2017 el observatorio astronómico de Behatokizki, en Korres, que, además de escudriñar el firmamento con ojos científicos, ofrece actividades para todos los públicos.
En Korres, el único pueblo situado en el interior del espacio natural, se halla la Casa del Parque, el centro de interpretación donde se divulgan las riquezas de este rincón virginal y se informa de las 15 sendas que hay señalizadas. La número 1, de 3,5 kilómetros, es ideal para hacer en familia y une los núcleos de Korres y Bujanda. La senda El Cartero, más exigente (5,6 kilómetros), permite contemplar el parque a vista de pájaro, desde las alturas, yendo de Apellániz a Arluzea. Otros caminos acercan a árboles singulares: tilos monumentales, tejos viejos como el mundo y castaños. Para disfrutar de estos gigantes vegetales, lo mejor es combinar dos sendas, la de El Agin y la de Antoñana, haciendo un recorrido circular de unos seis kilómetros.
Antoñana, una de las villas más bonitas del País Vasco
Antes o después de pasear por Izki, se ha de visitar Antoñana, que está muy cerca del parque y es una de las poblaciones más bonitas del País Vasco. Fundada por el rey Sancho el Sabio de Navarra en 1182 sobre un antiguo fuerte, esta villa amurallada conserva intacta su estructura medieval.
Antoñana también conserva vivo el recuerdo del Vasco Navarro, el ferrocarril de vía estrecha que operó entre 1927 y 1967 uniendo Estella, Vitoria y Bergara, y que hoy es una de las vías verdes más bellas y largas (96 kilómetros) de España. En la vieja estación informan sobre los recorridos que pueden hacerse a pie o en bicicleta.
Hora de comer: gastronomía de montaña
Otro pueblo por el que hay que pasar, sí o sí, porque concentra buena parte de los servicios y comercios de la comarca, es Santa Cruz de Campezo. Si es la hora de comer, iremos sin pensarlo al restaurante Edorta Lamo Después de revolucionar el mundo del pintxo en San Sebastián, Edorta Lamo ha regresado a su tierra para revolucionar la gastronomía de la Montaña Alavesa. Ahora es el abanderado de la llamada cocina furtiva: cocina de subsistencia desde un punto de vista actual, de campo y caza, de kilómetro cero. En Arrea! se come el paisaje: truchas, cangrejos, corzos, hortalizas... Es como darle un bocado al Parque Natural de Izki. Una estrella Michelin y una Verde avalan su labor. Tres propuestas para saborear (menú gastronómico, de mercado y pikoteo) en otros tantos espacios: comedor, kuadra y bar.
También en la ruta, en la localidad de San Vicente de Arana, está Obenkun (restauranteobenkun.com), un restaurante de cocina tradicional, con el cordero asado, cochinillo y merluza al horno de leña como especialidades. Para tomar o para llevar, hay un magnífico queso de Idiazabal, elaborado en la casa durante cuatro generaciones.
La 'Capadocia' vasca
Para redondear el viaje, solo nos falta asomarnos a alguna de las muchas cuevas excavadas en los alrededores del parque. Entre Arluzea y Markinez, visibles desde la carretera, hay numerosas ermitas y viviendas troglodíticas de origen incierto y remoto; grutas que monjes visigodos procedentes del sur peninsular ocuparon en el siglo VIII, huyendo del avance de la ocupación árabe. La ruta se debe alargar hasta Lagrán, pasando por Faido, con su ermita de Nuestra Señora de la Peña, y por Laño; es decir, cortando una esquina del condado de Treviño. A este rincón de Álava, que los eremitas dejaron como un queso de Gruyère, se lo conoce como la Capadocia vasca.
TIPS IMPRESCINDIBLES EN ESTA RUTA
- En la Casa del Parque, en Korres, existe un servicio gratuito de préstamo de prismáticos para observar las numerosas aves de Izki.
- Para disfrutar de uno de los cielos más limpios y estrellados de España, hay que consultar las páginas behatokizki.org y laotramitad.org, en las que se informa de las actividades públicas que organiza el observatorio astronómico Behatokizki.
- La riquísima miel de Antoñana está reconocida con el distintivo de calidad Eusko Label. En mayo protagoniza la Feria de Primavera.
- Edorta Lamo, chef y propietario de Arrea!, nos recomienda visitar el bar La Cepa, también en Santa Cruz de Campezo, y probar su pintxo de tortilla.
- Hay que curiosear dentro de algunas de las muchas cuevas de la Capadocia vasca, empezando por la de Santa Leocadia, en Markinez.
PARA DORMIR EN LA ZONA
La mejor opción para alojarse en las vecindades del parque natural es Los Roturos (hotellosroturos.es), un sencillo y acogedor hotel de Maeztu de ocho habitaciones. Desayuno con productos de calidad y restaurante de comida casera. Katya, Javier y el personal irradian buena energía.
En el tranquilo pueblo de Vírgala Mayor está La Casa de Nuestro Abuelo (lacasadenuestroabuelo.com), vivienda tradicional reformada en 2019 con moderno buen gusto, conservando algunos pocos recuerdos (baldosas hidráulicas, vigas de madera, reloj de péndulo...) del abuelo que en ella vivió. Dispone de piscina. Se puede reservar una habitación (hay cinco), dos apartamentos o la casa entera. Cuatro apartamentos a 13 kilómetros del parque natural conforman La Pikurutza (lapikurutza.com), en Bernedo. Hay uno romántico, otro chic, otro accesible y otro luminoso. Huelen a madera y están decorados con mimo. Ana, la propietaria, proporciona información sobre lo que ver en los alrededores.










