En lo alto de un acantilado, entre el mar Cantábrico y el cielo, Zumaia guarda uno de esos lugares que parecen diseñados para el asombro: la ermita de San Telmo. Pequeña, blanca y sobria se asoma al vacío con una de las panorámicas más impactantes del litoral vasco, pues lo que se contempla desde ella es el famoso 'hojaldre' geológico del flysch, una sucesión de estratos de roca que se pliegan como si la Tierra hubiera sido cortada en capas de pastel y se extiende por todo este tramo del litoral guipuzcoano hasta Deva.
Pero este rincón, convertido en uno de los miradores más fotografiados del norte de España, es más que un lugar para disfrutar del paisaje, también está cargado de historia y de simbolismo marinero, y tiene además un innegable aire cinematográfico, ya que aquí se rodaron escenas de Ocho apellidos vascos; desde entonces se multiplicó su popularidad.
La ermita se sitúa sobre el acantilado de Itzurun, dominando la playa del mismo nombre, un arenal de fina arena dorada, rico en yodo, que también atrae por su fuerte oleaje a los aficionados al surf. Desde este punto, se observa uno de los mejores ejemplos del fenómeno geológico del flysch: capas alternas de roca dura y blanda que, erosionadas por el mar durante millones de años, forman un patrón ondulado que recuerda a un milhojas gigante.
En este paisaje que forma parte del Geoparque de la Costa Vasca, un territorio reconocido por la Unesco por su patrimonio geológico excepcional, cada capa es una página del pasado de la Tierra. Sobre la roca se pueden leer extinciones masivas, cambios climáticos y episodios volcánicos como si fueran líneas de un libro abierto frente al océano.
BALCÓN ESPIRITUAL SOBRE EL CANTÁBRICO
San Telmo es el patrón de los marineros y a él está dedicado este sencillo edificio de planta rectangular, encalado en blanco y con una torre campanario discreta. Su interior es austero, en línea con la tradición de las ermitas costeras vascas, pero su valor no está en el ornamento, sino en su ubicación.
Durante siglos, los pescadores de Zumaia acudían a este lugar para pedir protección antes de salir al mar. La devoción a San Telmo estaba profundamente ligada a la vida marítima, y la ermita funcionaba como punto de oración y referencia visual desde el mar. Hoy, aunque ya no cumple esa función espiritual de forma cotidiana, sigue siendo un lugar de recogimiento. Muchos de los que llegan hasta aquí se detienen unos minutos en silencio, quizá por el efecto hipnótico del paisaje o por la sensación de estar en un lugar donde la tierra literalmente se abre hacia el océano.
UN PASEO FÁCIL CON RECOMPENSA ESPECTACULAR
El punto de partida habitual para llegar a la ermita es el centro urbano de Zumaia. Desde este, hay que dirigirse hacia la playa de Itzurun, siguiendo las indicaciones hacia el Geoparque. El acceso se puede hacer en unos 15-20 minutos a pie desde el casco histórico. Otra opción es llegar en coche hasta las zonas habilitadas de aparcamiento cercanas a la playa, aunque en temporada alta conviene ir temprano porque el espacio es limitado.
Desde la playa, un sendero bien marcado asciende suavemente hasta la capilla. El camino no es exigente, pero sí conviene llevar calzado cómodo, ya que el terreno puede ser irregular y, en días húmedos, resbaladizo. A medida que se sube, el paisaje se abre de forma progresiva hasta culminar en uno de los miradores más espectaculares del País Vasco.
Para seguir descubriendo los acantilados más próximos a Zumaia se puede seguir, mejor en marea baja, la ruta geológica que asciende a Talaimendi y recorre toda la costa hasta la punta de Algorri. Son 4 kilómetros (una hora de camino) observando la extensa rasa mareal que el mar deja al descubierto.
En Algorri, entre el conjunto de estratos, se encuentra una capa de 65 millones de años de edad que contiene partículas pertenecientes a un meteorito que impactó con la Tierra. Para conocer más sobre este medio y su interesante geología se puede acudir a las visitas guiadas que regularmente organiza la oficina de turismo de Zumaia. Más larga (15 kilómetros), y también muy popular, es la excursión que discurre entre Zumaia y Deba.
LA DISCRETA ZUMAIA
A poca distancia de Itzurun está la playa de Santiago, lugar de descanso de peregrinos que siguen el camino jacobeo que pasa por aquí, con una estampa más tranquila, junto a las marismas del río Urola. Muy próximo está Z Espacio Cultural, creado por Ignacio Zuloaga sobre las ruinas de una ermita y una hospedería y un edificio anexo que utilizó como estudio-taller. En él se ven obras de Goya, Rodin, Picasso, Miró o Tàpies, además de muchas otras obras del pintor eibarrés, que dejó también su huella en este paisaje (espaciozuloaga.com).
El casco antiguo de Zumaia está custodiado por la solemne mole de la iglesia de San Pedro, levantada en el siglo XIII con aires de fortaleza y un interior gótico de los más sorprendentes de España. En su laberinto de calles estrechas y empinadas aparecen palacios como los de Zumaia y Ubillos, junto a caserones históricos como los de Olazábal o Goikotorre, que recuerdan la importancia que tuvo esta villa en otros tiempos.
Más abajo se abre el puerto, pequeño y recogido, todavía ligado a la vida marinera y al pulso cotidiano de la ría del Urola. Entre barcos de pesca y paseos tranquilos junto al agua, el paisaje urbano conecta con otra de las formas más sabrosas de conocer la villa: la Ruta del Pulpo, una propuesta que ofrece la oficina de turismo y permite adentrarse en las ancestrales técnicas de pesca y en la tradición culinaria asociada al pulpo del flysch, un molusco convertido en emblema de este fascinante entorno natural, al que la localidad dedica incluso una fiesta en el mes de septiembre.












