Hay colores que aparecen en un armario y colores que terminan convirtiéndose en una especie de firma. En el caso de Patricia Pardo, el amarillo empieza a tener algo de lo segundo. La presentadora ha recurrido a este tono en diferentes ocasiones y, en las últimas semanas, ha vuelto a demostrar que se siente especialmente cómoda con él: después del conjunto amarillo mantequilla que llevó para presentar junto a Christian Gálvez el encuentro con el Papa León XIV en el Santiago Bernabéu, recuperó el color con un top de rayas amarillas y blancas de Zara.
La elección del primer look, además, no fue casual. Alejandro de Miguel, responsable del diseño, explicó que durante el proceso creativo buscaban un color que transmitiera “luz, serenidad y optimismo” y que el amarillo mantequilla encajaba también con el guiño a los colores del Vaticano. “Patricia conectó con la idea desde el primer momento”, aseguró el diseñador.
Es un dato interesante porque permite entender por qué el amarillo funciona especialmente bien en una mujer que trabaja delante de una cámara. No es un color discreto, pero tampoco tiene necesariamente que resultar estridente. Dependiendo de la tonalidad, puede iluminar el rostro, captar la atención y construir una imagen próxima, energética y optimista.
Y precisamente ahí empieza la explicación de los expertos.
El color que primero nos recuerda al sol
La especialista en color Leatrice Eiseman, directora ejecutiva del Pantone Color Institute, lleva décadas estudiando las asociaciones que provocan los colores. En sus investigaciones, explica el archivo de referencia, las palabras que aparecen de forma recurrente cuando las personas ven amarillo son “sol”, “calidez”, “alegría”, “felicidad” y “juego”.
No es difícil entender por qué. El amarillo comparte con el sol una cualidad fundamental: es imposible ignorarlo. Es uno de los colores que más rápidamente atraen nuestra atención y, precisamente por eso, se utiliza también en señales de advertencia, publicidad y elementos destinados a destacar.
En televisión, donde el rostro y la silueta del presentador compiten constantemente con gráficos, rótulos, invitados y otros estímulos visuales, esa capacidad adquiere una dimensión especialmente interesante. El amarillo no hace invisible a quien lo lleva. Todo lo contrario.
Patricia Pardo y el efecto “luz”
En el caso de Patricia, además, hay una coincidencia especialmente reveladora entre la teoría y lo que ha explicado su propio diseñador. De Miguel hablaba de luz, serenidad y optimismo; y el último look amarillo de la presentadora fue descrito precisamente por los expertos de ¡HOLA! como una elección que aportaba luminosidad al rostro.
Esto permite interpretar su repetición del color desde la imagen, aunque no afirmar que exista una causa psicológica detrás de cada una de sus elecciones. La psicología del color no funciona como una fórmula matemática: no significa que una persona que viste de amarillo sea necesariamente optimista, creativa o extrovertida.
Lo que sí sabemos es que el amarillo activa determinadas asociaciones culturales y perceptivas.
Y en Patricia esas asociaciones encajan especialmente bien con el lenguaje visual de la televisión: es luminoso, tiene presencia, transmite vitalidad y permite construir una imagen más cercana que colores tradicionalmente asociados con la autoridad, como el azul marino o el negro.
Pero el amarillo también tiene un lado incómodo
Aquí aparece la parte más interesante de la historia. Porque el amarillo no significa únicamente felicidad.
Su intensidad puede resultar estimulante y, en exceso, incluso agresiva. El material de referencia recoge precisamente esa doble lectura: puede ser cálido y alegre, pero también generar fatiga visual o resultar excesivo cuando se utiliza sin medida.
Leatrice Eiseman rechaza, además, una de las ideas más repetidas sobre el color: que el amarillo sea por naturaleza un tono que provoque irritación. Según explica, esa creencia procede de Carleton Wagner, un profesor especializado en color que, según Eiseman, sencillamente tenía una aversión personal hacia él. “Eso no es absolutamente cierto”, sostiene la especialista.
La precisión es importante: la psicología del color no permite establecer que vestir de amarillo haga feliz a una persona, pero sí estudiar las asociaciones que ese color despierta y cómo pueden variar según el contexto.
De la traición de Judas al poder de los emperadores
El amarillo tampoco ha significado siempre lo mismo. Su historia está llena de contradicciones.
En Occidente arrastra asociaciones incómodas con la traición, la cobardía, los celos o el engaño. La iconografía cristiana convirtió en habitual la representación de Judas con prendas amarillas y, durante siglos, el color llegó a relacionarse con la diferencia religiosa y la exclusión.
En otras culturas ocurrió exactamente lo contrario.
En la China imperial, el amarillo estuvo relacionado con el emperador, la autoridad y la conexión divina. En India también ha adquirido significados espirituales vinculados al conocimiento, la prosperidad y la iluminación.
Esa contradicción explica en parte por qué resulta tan interesante en moda: es un color que nunca es completamente neutro. Puede hablar de alegría, pero también de poder; de juventud, pero también de sofisticación; de visibilidad, pero también de riesgo.
El amarillo también habla de inteligencia
Hay otra asociación menos evidente y especialmente apropiada para una presentadora: la dimensión intelectual.
La documentación sobre psicología del color relaciona el amarillo con estimulación mental, memoria, análisis, creatividad, claridad y capacidad de decisión. No conviene convertir estas asociaciones en certezas científicas, pero sí forman parte de la manera en la que se ha estudiado y descrito la respuesta psicológica al color.
Por eso resulta interesante que un color tan ligado popularmente a la alegría pueda tener también una lectura intelectual.
En Patricia Pardo, que aparece diariamente vinculada a la información y la actualidad, el amarillo puede funcionar así en dos niveles: hace más luminosa la imagen, pero no tiene por qué restarle profesionalidad.
El amarillo mantequilla cambia completamente el mensaje
No es lo mismo un amarillo fluorescente que un amarillo mantequilla.
Esta diferencia resulta fundamental. Los tonos muy saturados tienen una presencia mucho más agresiva y reclaman prácticamente toda la atención, mientras que los amarillos pálidos, cremosos o mantequilla conservan la luminosidad sin resultar tan estridentes.
Por eso la elección de Patricia para un acto institucional resulta especialmente inteligente. El diseño de Alejandro de Miguel no era un amarillo ácido ni eléctrico, sino un tono mantequilla integrado en un conjunto fluido de pantalón palazzo y cuerpo en forma de capa, confeccionado en crepé de seda. El propio diseñador explicó que se estudiaron distintas alternativas de color y silueta antes de decidirse por esa propuesta.
Susanna Griso y Ana Rosa también recurren a él
Patricia Pardo no es la única presentadora que ha encontrado en este color un aliado.
Susanna Griso apareció en marzo de 2026 con un jersey amarillo durante un encuentro informal junto a Ana Rosa Quintana, en una imagen que reunía a varias de las grandes mujeres de la televisión española.
Previamente, en 2023, Ana Rosa Quintana lució una blusa amarilla en televisión y respondió con naturalidad a una broma de su sobrino sobre el tono: “Me encanta el amarillo”.
No hace falta buscar una explicación común para las tres. Lo interesante es precisamente que mujeres con estilos televisivos diferentes recurran a un color que tiene una enorme capacidad para destacar en pantalla.
Un color pensado para ser visto
Quizá ahí esté la verdadera razón de su éxito entre presentadoras.
El amarillo tiene una característica física que lo diferencia incluso de otros colores: el profesor de Neurociencia Steven Buck ha explicado que, cuando cambia su luminosidad, puede transformarse perceptivamente en marrón, algo que no sucede de la misma manera con el rojo, el azul o el verde. Buck plantea que esta particularidad pudo tener algún papel en la evolución de nuestro sistema visual, aunque reconoce que no existe una explicación definitiva.
Es decir, el amarillo tiene algo especialmente llamativo en nuestra propia percepción.
Y eso, trasladado a la televisión, tiene sentido.
No es que Patricia “sea” amarilla
Hay que hacer una última distinción. Sería demasiado sencillo concluir que Patricia Pardo viste de amarillo porque es una persona optimista, energética o creativa. La psicología del color no permite diagnosticar la personalidad a partir de un vestido.
De hecho, la psicóloga Gila Lindsley introduce una cautela especialmente interesante. Al hablar de la relación entre amarillo, luz y bienestar, recuerda que nuestro organismo responde a determinados espectros de la luz y que atribuir directamente sus efectos al amarillo puede llevar a conclusiones equivocadas. Su conclusión, recogida en la documentación, es reveladora: “Es por coincidencia que el amarillo es alegre”.
Por eso, más que preguntarnos si Patricia Pardo viste de amarillo porque el color refleja su personalidad, quizá sea más interesante preguntarnos qué consigue el amarillo cuando Patricia Pardo lo lleva.
Y la respuesta parece bastante clara: ilumina, atrae la mirada, suaviza cuando se escoge en tonos mantequilla y permite construir una imagen optimista sin renunciar a la elegancia.
Quizá por eso, después de aquel memorable conjunto de Alejandro de Miguel, Patricia haya vuelto a buscarlo en un sencillo top de Zara.
El amarillo, en su caso, parece haber dejado de ser únicamente un color de temporada para convertirse en una herramienta de imagen.













