Aunque, de forma casual, Juan Ramón Lucas nació en Madrid, el periodista se siente asturiano hasta la médula. Para el comunicador, Asturias es memoria familiar, infancia y raíces. Su padre es de Colombres y su madre es natural de Mieres del Camino y, con apenas siete meses, se trasladaron de Madrid a Ribadedeva y el paisaje asturiano ya no ha salido de su vida.
El propio Ayuntamiento de Mieres lo incluye entre sus personajes relevantes (de aquí son también el cantante Víctor Manuel y el chef José Andrés) y recuerda el vínculo emocional del periodista con esta tierra. En sus calles, ha contado, "empecé a entender lo que significaba la libertad”.
Mieres también está en sus libros: Melina es un homenaje a su madre y a su tierra natal.
La relación de Lucas con Mieres adquirió una nueva dimensión con Melina, su tercera novela, publicada en 2023. La protagonista nace en Mieres en 1934, en plena Revolución de Asturias, y su vida sirve al escritor para recorrer algunas de las páginas más difíciles de la historia española del siglo XX: la guerra, la represión, la emigración y la lucha de las mujeres por conquistar su independencia. La historia está parcialmente inspirada en la vida y los recuerdos de su propia madre, Lucrecia Fernández.
La minería es, inevitablemente, otro de los grandes personajes de este relato. “Asturias no sería sin la Asturias minera”, afirmó Lucas, reivindicando la huella que el carbón, el movimiento obrero y las cuencas han dejado en el carácter de la región. Él mismo ha contado que durante su infancia pasó temporadas en Mieres con sus abuelos y en Ujo, donde tuvo además familiares vinculados a la mina.
Un paseo por el corazón de Mieres del Camino
Situada en el corazón de la Montaña Central asturiana, Mieres del Camino ocupa una posición privilegiada en el valle del Caudal, al sur de Oviedo, rodeada de montañas. La capital del Principado queda a unos 20 kilómetros por carretera, y Gijón, aproximadamente a 30. El lugar donde se encuentra la capital del concejo de Mieres favoreció tanto las comunicaciones hacia la Meseta como el desarrollo de la minería y del ferrocarril.
Y no es casualidad que la villa se apellide 'del Camino': Mieres es una de las etapas del Camino de El Salvador, la ruta jacobea que conduce desde León hasta Oviedo; desde la localidad hasta la capital asturiana son 18,4 kilómetros. En la Edad Media, las peregrinaciones a Santiago de Compostela y a San Salvador de Oviedo eran las más importantes y en esa época nació la conocida frase de: "Quien va a Santiago y no va al Salvador, sirve al criado y deja al Señor".
Para descubrir Mieres del Camino, podemos empezar visitando algunos de sus monumentos, como la Casa Duró, una casona del siglo XVII considerada el edificio civil más antiguo de la ciudad y declarada Bien de Interés Cultural. Desde allí, el paseo continúa por la plaza del Carmen, La Pasera y el entorno dedicado al poeta mierense Teodoro Cuesta, antes de alcanzar la Casa Consistorial, construida en 1862.
La calle Manuel Llaneza conduce hacia uno de los lugares imprescindibles de la villa: la plaza de San Juan, más conocida como plaza del Requejo o Requexu. Es el sitio donde se cuece la vida de la villa y donde hay que hacer una parada en las sidrerías que rodean la plaza para tomar un culín de sidra. La famosa figura del escanciador preside este espacio, siempre animado, que nos recuerda esta tradición tan asturiana.
Y es precisamente aquí donde Mieres se vuelve canción:
Si queréis saber de min
Toi na plaza de Requexu.
Soi de Mieres, soi de Mieres
Soi de Mieres del Camín
Si pasar pases per Mieres
Tengo invitate a un culín.
La historia de las minas de carbón se recuerda en Bustiello
En la plaza de la Paz de Vega Arribas encontrarás la escultura homenaje al minero, realizada en bronce y de unos 4 metros de altura, que representa el torso desnudo de un hombre, con una rampa de mina en su interior donde permanecía una llama en homenaje a todos los mineros del mundo que han perdido sus vidas en las entrañas de la tierra.
A pocos kilómetros del centro aparece Bustiello, uno de los conjuntos de patrimonio industrial más singulares de Asturias. Construido entre 1890 y 1925 por iniciativa de la Sociedad Hullera Española, vinculada al marqués de Comillas, el poblado fue concebido siguiendo los principios del llamado paternalismo industrial: viviendas, escuela, iglesia, sanatorio, casino y otros servicios formaban una comunidad diseñada alrededor de la actividad minera.
Hoy, declarado Bien de Interés Cultural, es uno de los mejores lugares para comprender cómo era la vida de las familias vinculadas al carbón. La visita guiada al centro de interpretación (ubicado en un antiguo chalet, la casa de Don Isidro) permite descubrir los antiguos chalets, la iglesia y otros edificios que todavía conservan aquella particular organización social.
De los pozos a los paisajes verdes
El viaje por la memoria minera continúa en el valle de Turón. Allí se encuentra el Pozo Santa Bárbara, la primera gran explotación hullera de la cuenca del Caudal y uno de los mayores pozos mineros asturianos. Construido entre 1913 y 1920, conserva sus castilletes y buena parte de las instalaciones originales.
Fue el primer pozo minero en ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en España y hoy funciona como un innovador centro cultural y de intervenciones artísticas. Durante los meses de verano, se organizan visitas guiadas desde la oficina de Turismo del Ayuntamiento de Mieres.
La visita al Pozu Espinos es muy interesante. Cuenta con un Aula de Interpretación en la antigua lampistería y es el preámbulo o colofón de la visita guiada (que se reserva en el Centro de Interpretación del Poblado Minero de Bustiello) junto con el acceso al singular mirador excavado en la escombrera.
El Paisaje Protegido de las Cuencas Mineras, que puede seguirse caminando por la Senda Verde del valle de Turón, nos va descubriendo los restos de otros pozos y castilletes y las pequeñas localidades del valle que recuerdan a cada paso el pasado carbonero de Mieres.
Pero basta cambiar de valle para descubrir otra Asturias. En Cuna y Cenera aparecen aldeas, caminos y paisajes rurales que contrastan con las estructuras de la minería. Allí se encuentran también La Panerona, Museo Costumbrista Benjamín Pumarada y otros espacios dedicados a conservar la memoria etnográfica de este territorio. En Ujo, la iglesia románica, y en Lloreo, el Aula del Ferrocarril Minero.
Sidra, pote, 'xuaninos' de Mieres: los sabores asturianos
Después de tanto caminar, toca sentarse a la mesa. En Mieres, la gastronomía tiene el carácter de las cuencas: fabada, pote asturiano, carnes, callos, cachopos, el queso de Urbiés (una rareza en peligro de extinción que solo elaboran tres queseras), siempre con la sidra como compañera. Y si hay un lugar para disfrutar de esa tradición, es, de nuevo, el Requexu, donde las sidrerías forman parte inseparable del paisaje urbano.
Para comer bien en la zona, destacan sidrerías y restaurantes clásicos como El Cenador del Azul, en pleno centro, o La Consistorial, con excelentes pescados y cocina tradicional. Para probar un buen pote de Turón, Casa Nando, en Urbiés, que ha ganado en más de una ocasión el concurso de las Jornadas Gastronómicas. Y Casa Chuchu, en Turón, es la apuesta renovada y exitosa de un chigre con alma minera, en manos de la tercera generación, que sorprende con su cocina tradicional actualizada (las croquetas, fabulosas) y una bodega muy cuidada.
Y el final dulce en este recorrido podría ser un arroz con leche, cremoso, pero en Mieres acaban de estrenar un dulce que quiere convertirse en emblema de la villa: los xuaninos, con sabor a sidra, que nacieron para endulzar la fiesta de San Juan y se encuentran en las pastelerías de la zona.














